En esta historia del arbitraje todos tenemos visiones distintas. Al margen de que el juez maneja criterios que los aficionados no tienen y que está más cerca de la jugada, el invento de la televisión los terminó sentenciando. Es que el árbitro debe decidir en una fracción de segundo y muchos opinan luego de ver la acción una y otra vez. Claro que cuando las acciones polémicas son tantas, y muchas de ellas evidentes, se debe concluir que el arbitraje no fue bueno.

Martín Vázquez volvió a dejar dudas. La primera acción fue la que derivó en el primer gol de Peñarol. Mano de Zalayeta. La acción queda a criterio del juez y a su favor está el hecho de que mide la intencionalidad.

Claro que por el tablero del Estadio se pasó la incidencia y se generó más bronca.

Peñarol también reclamó un penal por supuesta mano de Alexander Medina. En ambas acciones Vázquez midió intencionalidad.

Ahora bien, en el tema de las tarjetas el criterio que manejó dejó la sensación de no ser el adecuado. Antes de los 7 minutos debió amonestar a Novick, que tuvo que ser expulsado, y a Scotti.

Damonte debió ser expulsado. Luego del codazo a Darío Rodríguez, Gallardo lo sacó y dejó en evidencia a Vázquez.

Otro que debió ver la roja directa fue el tricolor Calzada. Menos mal que fue Darío el que recibió la falta, si era un jugador más frágil podía haberlo fracturado.

Y en la última acción del partido, Porta se fue rumbo al arco de Gelpi y cuando se aprestaba a definir Darío Rodríguez lo desestabilizó. Vázquez desestimó el penal.

Peñarol no ocultó su bronca por el arbitraje. Da Silva dijo que “fue determinante”. Nacional, bañado con la victoria, suavizó las críticas. Otro clásico que termina con polémica.