Sordomudo y adicto a la pasta base, el Benjamín no escuchó el estallido del vidrio del auto de Julia Pou de Lacalle ni los gritos de la ex senadora a la que le arrebató una cartera y a la que le quebró dos dedos en el forcejeo. Cuando pocas horas después fue detenido y encarcelado por séptima vez en sus 32 años de vida, tampoco se enteró de que, con esa rapiña ocurrida el pasado lunes 9, había cerrado un extraño círculo de coincidencias en el que también participaron su propia madre y el hijo de Julia Pou, el diputado Luis Lacalle Pou.

La historia es así: cansada de las andanzas violentas de su hijo, la madre del Benjamín se sumó a la agrupación Madres de la Plaza que, cada tanto, se reúnen para intercambiar experiencias y buscar soluciones a las adicciones de sus familiares a la pasta base. Un día de agosto del 2010 el diputado Lacalle Pou se acercó al grupo para conocer sus inquietudes y para consultarlo sobre un proyecto de internación compulsiva de los adictos a la pasta base que luego fue presentado en el Parlamento con la firma de legisladores de todos los partidos.

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Allí, Lacalle Pou se encontró con la madre del Benjamín quien le contó sobre las dificultades crecientes para contener la violencia que “la lata” le inyectaba a su hijo.

El parlamentario se interesó por el caso e, incluso, se comunicó más de una vez con la mujer para ver cómo seguían las cosas. Y las cosas siguieron muy mal. Tanto que, inesperadamente, a Lacalle Pou la violencia del Benjamín le picó al lado cuando su madre, la exsenadora, fue rapiñada en el semáforo de la esquina de Río Negro y la rambla sur.

Después de que el agresor fue identificado por la Policía, Lacalle Pou se acordó de aquella “madre de la Plaza” que le había pedido ayuda. Y cuando la madre del Benjamín supo que la mujer agredida había sido Julia Pou le fue a pedir disculpas. La esperó en la puerta del juzgado de la calle Bartolomé Mitre –adonde la exsenadora había ido a reconocer a su asaltante– y le extendió una mano que tiritaba por el frío.

“Yo soy la madre de Benjamín y quiero dar la cara por lo que le hizo mi hijo. Yo lo quiero internar pero él entra y sale. Pregúntele a su hijo que él sabe. Le pido disculpas”, dijo la mujer.

El diputado Lacalle Pou observó que estos cruces del destino empiezan a tejerse mucho antes de salir en las páginas de los diarios. “La gente se acuerda y se revela contra estos muchachos cuando salen en policiales. Pero el drama viene de atrás. Empieza en la casa, en el barrio... Es gente que está pidiendo a gritos que la rescaten”, dijo.

Los especialistas sostienen que la violencia con la que se cometen algunas rapiñas está directamente vinculada a la adicción a la pasta base de cocaína. Los efectos de la euforia que produce el consumo de una “lágrima” de esta droga dura no más de tres minutos. El “bajón” posterior es insoportable y, como le pasa al Benjamín, muchas veces las voces interiores reclaman, a como dé lugar, una nueva dosis.

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