El niño Germán Arrúa fue el primer escolar que, en una fría tarde de mayo de 2007 en la casi desconocida Villa Cardal, recibió una Ceibalita de manos del entonces presidente Tabaré Vázquez. Ya pisando la adolescencia, y despojado de la túnica y la moña para vestir su uniforme de liceo, Arrúa fue ayer el improvisado maestro de ceremonia durante el acto en el cual se celebraron los primeros cinco años de la puesta en marcha del Plan Ceibal, una experiencia que ha logrado que el nombre de ese perdido pueblito de Florida haya trascendido fronteras gracias a la multiplicación de las pequeñas computadoras verdiblancas.
Vázquez se miró en su mejor espejo
El ex presidente fue el centro de atención en el aniversario del Plan Ceibal