Durante la campaña electoral de 2024 el Frente Amplio impulsó de manera permanente su férrea voluntad de revertir la reforma de la seguridad social que durante el gobierno anterior desde la Coalición Republicana se impulsó y aprobó por vía legislativa. Se dijeron muchas cosas y se prometieron muchas más.
Una parte importante del Frente Amplio junto a PIT-CNT, Juntaron firmas para convocar a un Plebiscito que, en buen romance, pretendía echar abajo algunos de los pilares de la reforma aprobada en 2023.
También juntaron votos con promesas sobre los cambios que llevarían a cabo si ganaban y los que dentro del Frente Amplio sabían muy bien que estas promesas eran disparatadas, se cuidaron mucho de expresarse públicamente en un sentido diferente, prometiendo un Diálogo Social sin anunciar contenidos concretos, pero con el objetivo expreso de modificar la reforma previsional aprobada.
No alcanzó con el resultado del Plebiscito de octubre de 2024 que rechazó la propuesta. Después de ganadas las elecciones en la Segunda Vuelta, ratificaron su decisión de que revertirían algunos de los cambios alcanzados en la reforma de la seguridad social cuyo objetivo era dar sostenibilidad a un sistema previsional que, durante los tres gobiernos anteriores del Frente Amplio se dejó correr, incluso votando algunas normas que aceleraron la crisis del sistema.
Convocaron al anunciado Diálogo Social que, en los hechos se redujo a un acuerdo entre el Frente Amplio y el PIT-CNT, que consagró nuevamente las principales ideas rechazadas en el Plebiscito.
Las dos modificaciones principales que se propusieron, fueron notoriamente contrarias a la sensatez y la precaución por evitar la crisis rotunda de nuestro sistema previsional. Por un lado, la readmisión de una causal de retiro a los 60 años y por otro lado la afectación del régimen mixto buscando traspasar la administración de los fondos al Estado.
El traspaso de la administración de los fondos del ahorro individual al Estado implicaba, de hecho, debilitar sustantivamente el sistema mixto de seguridad social con un riesgo cierto de que se afectara la certeza sobre la continuidad del sistema y el acceso directo a los fondos propios de cada ahorrista.
Además, constituía una señal muy preocupante para los mercados financieros que, podrían ver en esta decisión, el comienzo de un proceso de “reestatización” del sistema y por lo tanto una afectación de la credibilidad de nuestra plaza financiera como destino de inversión de capitales.
En estos días y ante la inminencia de que ocurrieran estos cambios, todos registramos los movimientos muy preocupantes que se produjeron en la plaza financiera.
El segundo aspecto supone un enorme desconocimiento de las tendencias mundiales en materia previsional, mientras que en todas partes se discuten los aumentos de la edad de retiro, en nuestro país el Gobierno promueve la vuelta a una edad que, ni siquiera en América Latina está vigente.
Los países que tienen nuestras características demográficas tienen todos edades de retiro de 65 años para arriba. Y en muchos casos ya se habla de llegar a fijar la edad de retiro a los 70 años, habida cuenta de la extensión de la expectativa de vida de las nuevas generaciones junto a la caída de la tasa de natalidad que determinan la inviabilidad definitiva de sostener un sistema con edades de retiro menores.
Sin embargo, en nuestro país el Frente Amplio llegó al gobierno diciéndole a la gente que este “truco mágico” era posible.
Seguramente no deben haber sido pocos los ciudadanos desprevenidos que “compraron el verso” del actual oficialismo. Es fácil creer que es posible lo “bueno, bonito y barato”.
Sin embargo, a la hora de la verdad, estas soluciones son imposibles y, a tal punto es así, que en estas horas estamos viviendo la desazón del movimiento sindical y las discusiones internas cada vez más ríspidas dentro del partido de gobierno, cuando se anunció que las modificaciones en el régimen mixto de las AFAPs no tocarían lo esencial del sistema; incluso más, parecen decantarse por impulsar una ampliación de la autorización de inversión en otros instrumentos financieros, lo que nos parece definitivamente muy positivo.
No sólo el sistema de las AFAPs se mantiene firme, sino que quizás se expandan sus potestades de inversión.
Conviene decir, además, que la decisión de incorporar una causal de retiro adicional a los 60 años, afortunadamente, también parece que será relativizada, en la medida que podría establecerse una tasa de reemplazo particularmente baja y además con la prohibición de no poder jubilarse a los 60 años y mantener una actividad laboral, como sí ocurre a partir de la Ley de 2023.
O sea, “si querés, jubílate a los 60 pero no te va a ir bien”, ni vas a obtener una jubilación atractiva. Todo lo contrario de lo que pregonaron muchos en el partido de gobierno y callaron los que sabían que esa consigna era inviable.
Entonces la “barra pone el grito en el cielo” y con razón, porque esto no fue lo que les dijeron durante la campaña electoral, ni tampoco lo que dijeron haber acordado en el Diálogo Social.
Nos alegra por el país porque es un problema menos, si es que esto termina así. Pero no se puede ocultar que ha sido una pésima forma de “hacer política”.
Para ganar vale todo, incluso decirle a la gente lo que quiere escuchar o, peor aún, guardar silencio dejando que sus compañeros digan cosas que sabían bien que no se cumplirían.
Esto se llama acá y en cualquier parte del mundo, “demagogia y clientelismo político”.
Seguramente ahora, el paso siguiente es convencer a los que dentro del Frente Amplio creían en estas ilusiones, que no son viables, porque hay que mantener la unidad del partido de gobierno.
Pero todos sabemos que, al final, los que creían que todo era posible le metieron el verso a la ciudadanía, mientras que los que sabían que no lo era, callaron para ganar. La ciudadanía, por su parte, deberá sacar conclusiones. Ojalá sirva de lección para el futuro.