Canadá será el rival de la Selección Argentina en la Copa América y ya se habla de una actuación histórica del equipo norteamericano. Debutantes en la competencia regional y con apenas dos discretos pasos por la Copa Mundial de la FIFA, el prestigio del fútbol canadiense solía justificarse mucho más por el desempeño de su selección femenina, que cuenta con un oro olímpico en la disciplina (en Tokio 2020) y dos bronces (Londres 2012 y Río 2016).
Sin embargo, en los últimos años, el progreso del fútbol masculino en este país que tiene dos "deportes nacionales" establecidos por ley del Estado (el hockey sobre hielo en el invierno, el lacrosse en el verano) es evidente y hay razones que lo explican. Razones que también se relacionan con el crecimiento y la popularización del fútbol en Estados Unidos, su vecino del sur: la inmigración y la creciente diversidad de la población canadiense, la implantación de una liga local más competitiva (la Canadian Premier League, en 2019) y la presencia de tres equipos canadienses en la Major League Soccer americana, que cuenta con el CF Montréal, el Toronto FC y los Vancouver Whitecaps entre sus filas.
Este desarrollo del fútbol canadiense resulta aún más notable si se recuerda la primera participación de su selección en un Mundial de fútbol: el inolvidable (al menos para los argentinos) México '86. Si bien el paso de Canadá por aquella competición no fue precisamente un éxito (últimos en la tabla de la competición, sin goles a favor y con sendas derrotas ante Francia, Hungría y la Unión Soviética), la manera en que aquel equipo logró su clasificación y, por qué no, la conformación misma de aquella selección resultó toda una aventura.
Una clasificación histórica
En la década de 1980, el fútbol en Canadá estaba lejos de ser el deporte más popular. El hockey sobre hielo dominaba la escena deportiva, y el fútbol era visto principalmente como una actividad recreativa. En aquel contexto, la tarea de armar una selección nacional competitiva era monumental. La Canadian Soccer Association (CSA) enfrentaba el desafío de reclutar y preparar un equipo que pudiera competir en las eliminatorias de la Concacaf, la confederación que abarca América del Norte, Central y el Caribe.
La primera ronda de clasificación fue contra Guatemala. En el partido de ida, Canadá empató 1-1 en la ciudad de Guatemala, y luego ganó 2-1 en el partido de vuelta en Toronto, avanzando a la siguiente ronda. Esta victoria fue un indicio de que el equipo tenía el potencial para sorprender. En la segunda ronda, Canadá enfrentó a Haití. Después de empatar 0-0 en Puerto Príncipe, Canadá ganó el partido de vuelta 2-0 en Edmonton, con goles de Dale Mitchell y George Pakos, asegurando su lugar en el torneo final de clasificación de la Concacaf, conocido como la "Hexagonal".
La ronda final de clasificación fue un torneo de seis equipos que incluía a Honduras, Costa Rica, El Salvador, México y Estados Unidos, además de Canadá. Los partidos se jugaron en una variedad de ciudades en toda la región, y el equipo canadiense debió recorrer miles de kilómetros.
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El primer partido de la Hexagonal fue contra Honduras en Toronto, donde Canadá ganó 1-0 con un gol de George Pakos. Este resultado positivo fue seguido por una serie de empates y victorias cruciales que mantuvieron a Canadá en la contienda. Uno de los momentos más destacados fue la victoria por 2-1 contra El Salvador en Vancouver, con goles de Igor Vrablic y Paul James. Esta victoria colocó a Canadá en una posición favorable para asegurar la clasificación.
Finalmente, el partido decisivo fue contra Honduras el 14 de septiembre de 1985, en St. John’s, Newfoundland. Canadá necesitaba al menos un empate para asegurar su lugar en el Mundial. Con un gol de Pakos y otro de Mitchell, Canadá ganó 2-1, logrando la histórica clasificación.
Más que una selección, "un rejuntado"
Pero lo más curioso de aquel equipo eran sus integrantes, tanto por la nacionalidad de algunos de ellos como por su condición de amateurs o, en varios casos, practicantes de otra variedad del fútbol, casi otro deporte: el indoor soccer. Pero vayamos por partes.
No eran pocos los jugadores nacidos en otras tierras que jugaron para Canadá el Mundial '86: tres escoceses, un italiano, un inglés, un yugoslavo, un galés, un checoslovaco, un triniteño y hasta un alemán formaban parte de esa legión extranjera que llevó el entrenador inglés Tony Waiters, DT vitalicio de Canadá que murió en 2020 a los 83 años.
Pero en esa peculiaridad de players no nacidos en el extremo norte de América había que sumarle más eslabones. El capitán del equipo, Bruce Wilson, un gigante barbado y pelado, llevaba dos años sin jugar en forma profesional cuando disputó la Copa del Mundo. En el otro extremo aparece Igor Vrablic, oriundo de Bratislava, que arruinó su promisoria carrera, a los 22 años, por haber arreglado partidos junto con otros tres futbolistas canadienses que fueron a jugar la Copa Merlion a Singapur.
Sin embargo, lo más curioso es que en aquel plantel hubo once futbolistas que fueron convocados al Mundial cuando jugaban en el fútbol indoor de Estados Unidos. Sí, participaban en la Major Indoor Soccer League, que ni siquiera estaba afiliada a la FIFA y que terminó desapareciendo cuando dejo de ser negocio. Sin embargo, por aquellos años, desaparecida la NASL y todavía sin señales de la MLS, era el fútbol que se jugaba profesionalmente en Estados Unidos.
Era el fútbol que en un tiempo se conocía como fútbol rápido, sobre pasto sintético -la tradicional alfombra- y que sirvió como inspiración, entre otras deformaciones del deporte rey, para el famoso Showbol que alguna vez supo practicar Diego Maradona en diferentes exhibiciones.
Pues bien, aquel deporte que no era fútbol pero que se parecía al fútbol era el que practicaban el arquero Tino Lettieri -hoy un reconocido empresario gastronómico del mundo de la pizza-, Bob Lenarduzzi -hoy presidente de los Vancouver Whitecaps de la MLS-, Dale Mitchell, Carl Valentine, Gerry Gray, Mike Sweeney, Pasquale De Luca, James Lowery, Greg Ion -jugaba en Los Angeles Lazers, del mismo dueño que los Lakers- David Norman y Branko Segota -segundo mayor goleador y tercer mejor asistidor de la historia de la MISL-. Sí, 11 de los 22 que fueron a México jugaban otro deporte. Algo impensado en los tiempos actuales de superprofesionalismo.
Como se puede apreciar, mucha agua debajo del puente del fútbol canadiense ha corrido desde entonces. Resta por ver si esta nueva selección, tan distinta de aquella de 1986, consigue dar el golpe en su segundo enfrentamiento con Argentina en esta Copa América para escribir una página histórica, pero por motivos muy diferentes.