6 de mayo 2024 - 13:04hs

A fines de 2019 publicamos con Diego Latorre un libro de conversaciones con jugadores de los grandes equipos que cerraba con una charla con César Luis Menotti, referente ineludible de Diego. La charla fue en un bar del Patio Bullrich, donde el Flaco jugaba de local. De manera totalmente casual aparecieron Leo Rodríguez —otro exquisito— y el menottista más ilustre internacionalmente, Jorge Valdano. De pronto, me encontré sentado en una mesa con la elite del fútbol, toda gente que no solo sabía jugar sino que le gustaba charlar y pensar el juego. A modo de homenaje a Menotti, acá comparto el fragmento correspondiente a esa charla.

HABLA CÉSAR LUIS MENOTTI

Antes de ser el entrenador que cambió para siempre la historia de la selección argentina en 1978, Menotti fue también un jugador exquisito. Alto, flaco, en apariencia indolente, pero con una pegada precisa y potente, se destacaría en su querido Rosario Central y luego en Racing y Boca. Pero fue como director técnico que el “Flaco” dejaría una impronta tal que, a casi medio siglo de su histórico equipo de Huracán de 1973, todavía usamos “menottismo” como un adjetivo que denota una preocupación especial por la forma en que se deben alcanzar los resultados (a diferencia de “bilardismo”, referido a su némesis, Carlos Bilardo). Mientras conversábamos en un bar, pasaron de casualidad Leo Rodríguez, quien se incorporó por un momento a la charla, y Jorge Valdano, provocando la indisimulada alegría de Diego Latorre, quien sentía que de casualidad se encontraba con sus dos grandes referentes futbolísticos.

GN: Comencemos hablando de un jugador distinto, como Riquelme.

Hay magias incorporadas en la vida de los futbolistas que, si no se corrigen con tiempo, terminan siendo mala costumbre. Por ejemplo, Latorre tenía una magia: gambeteaba. Sin embargo, él logró en su crecimiento que la magia no pase a ser una mala costumbre. Si vos cada vez que agarrás la pelota querés gambetear, ya no sirve. También lo tenía Riquelme en sus comienzos, exageraba un poco esa magia que él tiene y después dejó de transformarla en una mala costumbre. Al contrario, hizo lo irrealizable. La mala costumbre que todo crack tiene no hace falta ejercerla siempre. No es necesario que la superioridad la tenga que ejercer siempre para brillar porque si no, pierde la magia. Cuando empiezan a jugar, encuentran sus lugares, como los concertistas de piano, los violinistas. Como se encuentran en una sinfónica los lugares para los solos si ténes un buen director. Ahora si vos ténes un DT pelotudo que te reta porque gambeteas mucho o te dice “gambetéatelo a todos”, no brillás.

DLT: ¿Y es posible que un DT se entregue a un jugador y diga “éste tiene un virtuosismo que no le puedo aportar nada”?

CLM No, nunca me pasó. Eso lo hablábamos con Cruyff con respecto a él mismo. Si vos sos entrenador en serio, preparate para generar en la conducción el lugar para que el crack brille, pero después tiene que volver al conjunto y al sonido del equipo. No se puede vivir sin la idea del equipo, la magia individual te la vamos a respetar y disfrutar pero tenés que poder volver al sonido de la orquesta. Por eso es muy importante el director técnico. Lo mismo pasa con el exceso de repeticiones en la enseñanza, yo no puedo estar repitiéndote durante dos horas que no gambetees. Como dice Baremboim si un músico cometió un error y tocó mal un acorde y vos los tenés tres horas practicando sólo esa parte, cuando sale a escena pierde el hilo de la obra a la espera de estar atento a no cometer el mismo error. Un entrenador tiene que ser muy cuidadoso. Un día estaba entrenando con Carlos Alberto, el lateral del Barcelona. Termina el partido, lo había retado y me dice “quiero hablar con usted” y yo le digo “no, yo con usted no hablo”. Y así dos o tres días. Al tercer día le pregunto: “cuando yo le digo que con usted no hablo, por qué usted no me pregunta qué hice yo para que el técnico no quiera hablar conmigo?... Ahora le voy a decir una cosa, ¿sabe por qué no hablo con usted? Porque de cada diez pelotas que agarra, siete se las da a los contrarios. Entonces no tengo argumentos para hablar con usted. Le dan la pelota, usted solo con la pelota, la tira para adelante. siempre dividida”. Entonces se las contaba cada vez que agarraba un pase y yo me daba cuenta que el exceso de repeticiones le hacía mal. Porque él agarraba la pelota y por miedo de hablar conmigo, se la daba a cualquiera, al que estaba ahí. Perdía libertad, jugaba con miedo. Después de esa charla me amplió el panorama para poder conversar.

DLT: Hrabina contaba algo parecido.

CLM: Sí, llegábamos a la concentración y me ponía charlar con la señora de Hrabina –a quien conocía de antes-- y le digo “qué bien vestido que esté, saco azul, pantalón al tono. Porque cuando juega al fútbol se pone remera celeste, saco colorado, pantalón naranja...”

DLT: Claro. Es como la contradicción de los italianos son campeones en la moda pero después no tienen ningún gusto por el fútbol. Siempre me ha impresionado esto de los jugadores y el poder del entrenador, el jugador hasta se acomoda ante un entrenador que no le exige mucho o que no tiene la exigencia de remarcarle que se la dé a un compañero o le exige desde el lugar del esfuerzo y no desde el juego. ¿Hay muchos entrenadores que se conforman con eso, no?

CLM: Lo que pasa es que lo más importante que tiene un entrenador es hacerle conocer al jugador su función. Yo digo que el 90% de los jugadores no conoce su función, no sabe qué es lo que tiene que hacer. Entonces vos tenés que construir como el sonido de una orquesta que es particular de cada entrenador. Si un día tocas como Troilo, al otro día como D’Arienzo, al otro día como Pugliese, al músico de tu orquesta --si es buen músico-- le rompés las pelotas. Cuando empiezan a hablar al pedo empiezan los problemas porque el fútbol no es así. El fútbol tiene cuatro acciones, nada mas. Son cuatro acciones en siete mil metros cuadrados. Defender, que no es lo mismo defender de cinco que jugar adentro del área donde yo lo toco y es penal. Después, otra acción es recuperar la pelota. Recuperar la pelota tiene acciones en sí mismas que pueden ser tiempo, espacio y engaño. Después viene la zona de gestación y luego la zona de definición. Generalmente uno lucha para que en esas zonas jueguen los que pueden jugar. Y el entrenador ahí opta para elegir como recuperar la pelota. ¿Hago como Gallardo que pone tres tipos a recuperarla? Yo me acuerdo cuando lo puse a Schuster, Victor y Perico Alonso. ¡A Schuster libre! Un alemán de cabeza cuadrada, iba a todos lados con la pelota y cuando volvía me decía: “Mister, yo no puedo jugar así. No puedo volver” y yo le decía: “¿Quién te dijo que vos tenés que volver de 8?. Vos volvé acá que a tu posición van a ir los otros jugadores”. No sabes lo que me costó que se sacara de la cabeza que él era 8. Cada vez que pasaba la pelota o la perdía, en lugar de pasar la línea de la pelota o venir a defender, salía corriendo y se iba a poner de 8

DLT: Yo tuve compañeros que no soportaban el error, como Riquelme o Redondo. Se quedaban mascullando. Eran muy perfeccionistas. En ellos dos lo vi muy marcado. En cambio, otros jugadores a los que el entrenador no les exige tanto se terminan conformando y no tienen esa gran autoexigencia de los grandes. Los cracks compiten consigo mismos. Se putean a sí mismos cuando pierden una pelota.

CLM: A mí me pasaba lo mismo, en Central recuperarme de perder una pelota o pasarla mal me llevaba diez minutos. En Boca con el Cholo Simeone casi nos agarramos a trompadas. Ahora hay exceso de entrenamiento y de máquinas y aparatos que no tienen que ver con la esencia del juego. Agentes que participan que no son parte del deporte. Faltan que los quieran meter a los jugadores en las capsulas que usaban los que fueron a la luna. Un entrenador tiene que leer. Nadie lee nada. Un entrenador tiene que leer cosas de la vida de tipos que han escrito cosas maravillosas. Yo siempre que me preguntan ¿Que es el fútbol? Cito a Borges: orden y aventura. Borges me contesto eso cuando le pregunte ¿Que es la filosofía maestro?. Orden y aventura, eso también es un equipo de fútbol. Se lo robé a él.

DLT: Justamente Guardiola decía que él necesitaba rodearse de gente que le abriera la cabeza. Se entrevistó con músicos, con artistas, con el ajedrecista Kasparov. Recogía ideas y testimonios de gente que no tenía nada que ver con el fútbol. En la mayoría de los entrenadores no hay ese tipo de inquietudes, parece que todo pasa por el 442, 4231 y esas cosas.

CLM: Además esos métodos no sientan ninguna base. No existe eso de la pelota larga, la pelota corta, la pelota filtrada. Todo mentira. Hay un juego, un juego que maneja espacio, tiempo y engaño. ¿Esta bien hacer 20 toques? Miro el partido y digo no, porque tuvieron siete posibilidades de dársela a Latorre y no se la dieron.

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César Luis Menotti junto Pep Guardiola en 2006

César Luis Menotti junto Pep Guardiola en 2006

DL: Hay entrenadores, incluso de las corrientes más ofensivas, como Guardiola, que necesitan y trabajan en los entrenamientos con ciertas automatizaciones, triángulos, todo eso…

CLM: ¿Por qué triángulos? Puede ser un rectángulo. ¿Y si ellos tienen uno en cada vértice qué hacés? No hay triángulo.

DL: ¿Y con eso de estudiar al rival?

CLM: Estudiar al rival. A ver, los que hemos jugado al fútbol sabemos que lo que hizo el tipo este domingo no tiene ni puta idea si lo va a repetir el siguiente. Ahora, tener una idea de cómo juega, sí.

DL: ¿Y cómo se potencia la capacidad del jugador para improvisar?

CLM: Para eso entrena. Para eso entrena. Si yo tengo algo para agrandarme es que una vez le sugerí a Diego –cuando era pibe-- que por qué no cortaba para adentro, así los defensores pasaban de largo más fácilmente. Y a Pelado Díaz le enseñamos a jugar al fútbol nosotros. El era volante. Yo lo tenía al Diego pero no lo podía rajar a Ramón. Diego ya tenía autoridad para ser el dueño del medio campo. A Ramón en River le estaban por dar el pase libre. Diego me decía: “Por amor de Dios, yo no puedo creer qué burro que es este pibe”. El pibe amagaba, el arquero no se movía y él pateaba igual. ¡Amagale otra vez! Ahora, las cosas que el Pelado aprendía, no se las olvidaba más. Aprendía todo. Para mí es un genio. Después, lo he visto meter cinco amagues, dejando al arquero sentado de culo. Lo mismo que Riquelme. Acá los pibes amagan y después patean, aunque el arquero no se haya movido. Yo creo que no hay ninguna posibilidad de hacer un gran equipo si no tenés la capacidad de mejorar a tus jugadores. Es imposible. Es como una orquesta. Por ejemplo, vos Diego, ¿cuántos defectos pensás que tenías cuando empezaste a jugar?

DL: Cuatro, cinco.

CLM: Bueno, si al año siguiente tenés esos cinco defectos o sos un pelotudo o no tenés entrenador. Generalmente es que no tenés entrenador.

DL: ¿Y le pasó al revés, César, que de afuera dijera ‘me gustaría entrenar a este que puede ser un crack’ y que después ese jugador no incorporara las enseñanzas?

CLM: Una sola vez con un wing izquierdo de Boca, buen pibe, zurdo habilidoso. Lo ponía a jugar en un reducido y era Maradona. Y todo lo que le había dicho, lo hacía. Lo ponía en la cancha y nada que ver. Un día le dije: “Hoy jugá como se te cante las bolas. Hacé lo que quieras. No escuches a nadie. Jugá al fútbol, jugá a la pelota. Jugá donde quieras, hacé lo que se te cante los huevos.” Y no le daba la cabeza. Gambeteaba a cinco y pateaba al arco desde la raya. Lo encontré con cinco virtudes impresionantes, cinco defectos y no le saqué ni uno solo. El único caso. Lo mismo que me dieron, devolví.

GN: ¿Cómo afecta a nuestro fútbol la superprofesionalización?

CLM: Cuando el fútbol entró al mundo de los negocios –lo cual es respetable, porque hemos vivido del fútbol—empieza a tener un valor insospechado. Y la decadencia nuestra es la siguiente: debemos ser el país que más jugadores desparramó por el mundo y el que más barato vende.

DL: Brasil no te vende un jugador por menos de 30 millones.

CLM: A Neymar lo vendieron en 130 millones y no había jugado en la selección. El jugador más caro que vendimos nosotros es Agüero, hace más de diez años.

DL: Después de Agüero surgieron buenos jugadores, pero ningún crack.

CLM: Pibes como Alario, buena técnica, River lo vende en 14 palos. SI lo deja un año más jugando en primera lo puede vender en 100 millones. Lo mismo ese que lo hicieron jugar de 8, de 9, de media punta, Drussi.

DL: Son clubes con economías muy débiles.

CLM: A mí me gustaría entrenar una semana al equipo suplente para enfrentar al de primera. Me gustaría ver si Boca, o cualquier otro club, le puede ganar a sus suplentes con un buen entrenador. Igual, River, que tiene tres o cuatro pibes que no se sabe si alguna vez van a jugar. Antes cuando un pibe jugaba, y jugaba muy bien, era muy difícil sacarlo. Por ejemplo, vos lo sacabas a Sívori –y ojo que en esa época no salían campeones—te puteaban como loco. Ahora no puedo entender lo que hacen.

DL: ¿Puede ser que perjudique lo que pasa alrededor del fútbol? Las redes sociales, los periodistas, cualquiera que te acusa de “pecho frío”…

CLM: La sociedad argentina ha sufrido una desculturización muy seria y muy profunda desde hace 40 años y el fútbol no puede estar ausente. Los valores de los clubes. Todo el mundo habla de River o de Boca y nadie sabe lo que pasa en Newells o Central. Me refiero como hecho cultural. Vos mirás las transmisiones y están todos los estadios vacíos. Si yo te muestro todas las fotos que tengo como jugador, la cancha de Central al 100 % todos los partidos. Con Argentinos Juniors, con Atlanta, no hablemos contra River o Boca.

DL: O contra Newells…

CLM: Con Newells no porque lo mandamos al descenso (risas). Ibamos a la cancha de Atlanta y estaba llena.

DL: Bueno ahora con la restricción de los visitantes…

CLM: Y te pasan por televisión a las 15 un partido, a las 17 otro y a las 20 otro. El fútbol en la Argentina fue un hecho cultural, que está ligado a la formación de un joven, en cualquier estrato social. Yo jugaba en la esquina de mi casa en San Isidro, que tenía un terreno de 2000 metros cuadrados, con el hijo de un ferroviario. Era un hecho cultural, el partido de barrio contra barrio. Hoy al futbolista lo asedian los medios. Y hay tantos… Vos imagínate que en los años en que yo jugaba a vos se te hubiera ocurrido ser locutor de radio. Escuchabas a Antonio Carrizo, escuchabas a Héctor Larrea, escuchabas a Cacho Fontana y decía “no, me voy a laburar, no voy a llegar nunca a ese nivel”. Igual la revista El Gráfico: escribía Ardizzone, escribía Panzeri, los pibes que venían abajo eran Carlos Ares, Panno. Ahora cualquier pibe que anda por la calle mira la tele y dice: “yo me voy a dedicar a esto”. Son espantosos.

DL: Y muchas veces representan al hincha, tienen una mirada partidaria.

CLM: Además no leen un libro ni que los maten. Y te hablan de si un entrenador tiene experiencia. Dejame de romper los huevos con la experiencia, ¿experiencia de qué?¿Y vos qué experiencia tenés? ¿Hiciste curso de periodista? ¿Estuviste conversando con Antonio Carrizo, fuiste entrevistado por Dante Panzeri, como yo? Tipos que dicen veinte veces “de cualquier manera”, ¡andá al colegio, no podés hablar así! El otro día escuchaba a uno que decía todo el tiempo “digo”. ¿Digo qué? Si estás hablando.. Los preparan para que digan boludeces. “Los pases cortados”, “entre líneas”… Tengo amigos que saben de fútbol y no entienden las cosas que le están diciendo.

DL: Bueno, sí, es difícil para nosotros explicar ciertas cosas…

CLM: Sí, claro, cuando tenés que explicar lo inexplicable tenés un problema, sin dudas. Mirá una vez agarré a un marcador de punta que tenía y le dije: “Vení, sentate. Sos muy buen jugador. Sabés que por afuera no quiero que vayas más, agarrá ángulo de área y entrá ahí. Ahora, te voy a explicar algo. Si vos llegás a la línea de fondo, yo te voy a poner uno en el segundo palo. Sería, más o menos “marisco”. El segundo nueve va a salir acá, al primer palo, ese es “bife de chorizo”. Te voy a poner el ocho, que te acompaña, por si no ves a nadie, lo tenés atrás, ese es “choripán”. Pero si vos llegás al fondo y tirás el centro a cualquier lado, eso se llama “sorete”. Estás comiendo soretes. Y si seguís comiendo soretes no vas a jugar más.

A mí me hablaban de un marcador de punta que juega en un equipo grande. Me dije, bueno, lo voy a ver. Me lo recomendaban amigos, periodistas, entrenadores, de todo. Sí, juega bien. Ahora, ¿es Marcelo, el del Real Madrid? O Jordi Alba? Juega bien. Juega tan bien como el lateral de Newells. Ese es el bien que juega. Son esos jugadores que juegan en primera. Porque lo primero que tenemos que entender, todos nosotros, es que no es jugar a la pelota, porque a eso juegan todos, desde una esquina hasta en un club de barrio. Todo jugador que llega a primera división sabe jugar al fútbol. A eso le pongo un sello. Hay buenos jugadores, hay muy buenos, hay excelentes y hay mágicos como Maradona, Messi, Di Stéfano. Ahora, ¿hay muy buenos jugadores en Argentina? Puede haber dos o tres. Pero, ¿excelentes?

GN: Ahora, vos siempre dijiste eso de que el jugador que llega a primera llegó porque jugaba bien al fútbol y el otro día, en una charla, le cité esa idea tuya y Diego me decía: “Habría que preguntarle ahora porque me parece que ya en las inferiores los están llevando para otro lugar”.

CLM: No tengas ninguna duda. El problema más grave que tiene la Argentina son los formadores. Un tipo que es buen jugador después tiene que formarse, perfeccionarse. Si entrenás y te enseño a lo mejor más adelante sos mejor. Acá es al revés: vos jugás bien pero a mi me importa un carajo, el domingo tenemos que ganar. Yo iba mucho con Fangio a la casa de Bordeu. Obviamente manejaba él. En esa ruta chiquita iba rápido. Yo iba callado. Me dice: “¿Qué pasa César que está callado?”. “Lo estoy mirando, a ver aprendo, si no aprendo con usted…”. Me empezó a enseñar y me dijo que el único animal que hay que esquivar es al chancho, porque te va a dar vuelta el auto. Si le aparece una vaca, encarelá, no te desvíes.

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Leo Rodríguez

Leo Rodríguez

(Aparece Leo Rodríguez y con Diego Latorre recuerdan la copa América en Chile de 1994, donde fueron compañeros de habitación)

CLM: Y ahora qué hacés, ¿de fútbol nada?

LR: Sí, sí Yo me retiré en 2002. Estuve muchos años jugando afuera. Después de la copa América me fui. Hice un año en Francia y después 3 años en Italia, donde perdí un poco el tiempo. Estaba en el Atalanta que en ese momento era un club muy chico, subía y bajaba.

CLM: ¿No estuviste con el uruguayo, el seis?

LR: Paolo Montero, cuatro años estuve con él, es el mejor compañero que tuve jamás. Siempre lo nombraba a usted.

CLM El técnico que tenía en Bergamo, después de Marcelo Lippi, lo ponía de 3, imagínate. Después se fue a la Juventus y ahí lo tuvo a Lippi de nuevo. Quince años jugó en la Juve.

LR: Paolo era un crack. Usted lo puso en primera en Peñarol, ¿no?

CLM: Claro.

LR: A ver si estamos de acuerdo. Paolo tenía de todo, era completo. Ahora, de golpe, te pegaba una patada en los dientes, te dejaba con diez.

CLM: EL padre, el padre.

LR: Yo lo he visto salir jugando del fondo contra el Milan y tirarle un caño a Gullit. Cambios de frente de 50 metros, pararla con el pecho

CLM: Una vez en un entrenamiento lo eché y le dije que no venga más. Le había pegado una patada tremenda a un pibito.

LR: De repente le saltaba la ficha y hacía esas cosas.

CLM: EL padre, [Montero Castillo, figura de Nacional de Montevideo en la década del 60 y 70] le metía la púa.

LR: El padre le metía fichas, en el vestuario le llenaba la cabeza con la cosa de la garra y de que los iban a cagar a patadas a todos. Y el pibe no necesitaba todo eso.

DL: Era una cosa extraña, como defensor amagaba al delantero, amagaba, amagaba, me llvaba para allá, para acá. ME acuerdo un Boca Peñarol que nos ganaron 2 a 0 en la Bombonera.

CLM: ME acuerdo, a los cinco minutos le tiró un caño a un 9 grandote…

DL: Guerra. Montero me amagaba a mí. Otro que hacía eso era Walter Samuel. Pero Montero, un crack.

LR: Defensores argentinos de selección no le llegaban ni a los talones. Hacía goles, te sacaba al equipo adelante en los momentos difíciles. Trecientas veces mejor que Godín.

CLM: Cabeceaba como Passarella. Montero fue uno de los grandes centrales que vi en mi vida.

LR: César, yo en mi carrera, incluyendo la selección argentina, tuve dos grandes compañeros, le voy a agregar un tercero. El primer año en el Atalanta lo tuve a Alemao. Redondo era bueno pero este jugaba a un toque.

CLM: Ah, a Alemao lo tuve en Atlético de Madrid antes de que se vaya al Napoli. Me llama por teléfono el cabezón Sívori que quería hablar con Alemao. Voy y le cuento al jugador: “Lo llamó Sívori”. “¿Quién es Sívori?”. “Bueno, deje, no lo llamó nadie”. Al otro día viene: “Oh, César, perdonemé, pensé que era un giornalista”. Ahí fue que lo compraron y se fue al Napoli.

LR: Jugaba en toda la cancha y en todos lados jugaba bien.

CLM: Yo lo puse de 2, de 6, de cualquier cosa.

LR: Después otro que tuve de compañero en Marsella y era un monstruo era Moser, un defensor de un metro 90.

CLM: AH, sí. Saltaba y la paraba allá arriba con el pecho.

DL: NO lo tenía a Moser.

LR: Campeón con el Benfica de todo, campeón con el Olympique de Marsella, de todo… Esos tres compañeros tuve: Redondo, Alemao y Moser.

(Se despide Leo Rodríguez)

DL: En esa copa América, en que fuimos compañeros, él (Leo Rodríguez) conectó muy bien con Caniggia y Batistuta, jugó como nunca en su vida y empezó su carrera internacional.

CLM: Esos son los momentos del fútbolista. Te toca en el momento justo el equipo que te salva la vida. Y ahí el técnico es fundamental.

DL: Fundamental. A mí, Basile me ponía de enganche. Yo en Boca jugaba de delantero, al lado de Batistuta. Me sentía lejos del área y tenía la obligación de gestar juego y no lo sentía.

CLM: Vos nunca fuiste enganche. Si vos me preguntás a mí de qué jugabas te digo de segunda punta libre. Lo que era Tévez en su mejor momento. Después lo ponían de volante. Son segunda punta que necesitan otra punta para meter algún pase, tirar una pared o usarlo para amagar. Hay muy pocos jugadores que tenían la impronta tuya, la habilidad y la velocidad. Hay engaños que son pausas retrasadas. Este tenía las pausas correctas. Era muy rápido, hacía así y se te escapaba.

DL: Yo siento que lo aprendí con los años, pero más del juego que de los entrenadores. Por ahí algún entrenador me aportó algo.

CLM: Vos tenés otra cabezas, en el fútbol hay cabezas y cabezas. Hay cabezas que necesitan al entrenador, otras que no.

DL: ¿Qué jugador de la actualidad te gusta?

CLM: El que me vuelve loco es el 2 de Barcelona, Piqué. Me vuelve loco, yo no sé cómo hace. Aparte mis amigos catalanes me cuentan la vida que lleva y no es que entrena como loco. El que lo cuida es Shakira, si fuera por él, se acuesta todos los días a las cinco de la mañana. Ahora, lo que corre, y no sé los años que tiene.

DL: Achica a 50 metros del arco y nunca pierde.

CLM: Hace poco le dio una pelota ahí cerquita a Busquets. Busquets se enojó. Piqué la vuelve agarrar a los cinco minutos y va y lo vuelve a buscar y le hace un gesto como mandándolo a cagar.

DL: Qué convicción tienen para jugar.

CLM: Y los dos que me gustan mucho son Mbappé y Dembelé. Pero me parece que no aprenden. ¡Dembelé tiene 19 años! Si le enseñaran algunas cosas… La velocidad que tiene, como corta, el arranque, es una cosa de locos. Qué crack podría ser este pibe. Pero claro, hay que jugar ahí ahora.

GN: ¿César, estás viendo al Manchester City?

CLM: Sí. Es el único equipo de fútbol del mundo. El único que juega al fútbol. Y después el Liverpool. Son los dos únicos equipos que tienen una idea muy clara de lo que buscan. Che, es que baja por la escalera mecánica, ¿no es Jorge Valdano?

(Llega Valdano y la alegría del encuentro disuelve la charla metódica y la lleva a un terreno de afecto personal)

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Gustavo Noriega, Jorge Valdano, César Luis Menotti y Diego Latorre

Gustavo Noriega, Jorge Valdano, César Luis Menotti y Diego Latorre

Originalmente publicado en Maxikiosco

Temas:

César Luis Menotti

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