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La productividad de la economía argentina creció un 4,2% en 2025 y registró así el mejor desempeño desde 1996. Fue el segundo año consecutivo de mejora, algo que no ocurría desde 2015/16, luego de una caída casi sistemática que duró casi una década. Pero esa buena noticia viene acompañada de una señal de alerta: la calidad del empleo retrocedió en 2025 al nivel más bajo en más de 35 años. El dato surge de la última actualización de una serie que el economista Iván Baumann Fonay lleva adelante desde 2018 y que es la única estimación de productividad total de los factores (PTF) y PIB potencial de Argentina que se publica de manera abierta y con actualizaciones regulares.

Baumann Fonay publicó la actualización a 2025 en su Substack Macro Argentina, pocas horas después de que el INDEC diera a conocer los microdatos del cuarto trimestre de la Encuesta Permanente de Hogares, el último insumo que le faltaba para cerrar los números del año. La nota retoma y actualiza un trabajo técnico que el propio Baumann Fonay realizó en 2018, junto al economista Luciano Cohan, cuando ambos integraban el equipo de la Subsecretaría de Programación Macroeconómica del Ministerio de Hacienda.

Qué mide la productividad total de los factores y por qué importa

La PTF es, en términos simples, la parte del crecimiento económico que no se explica ni por tener más trabajadores ni por acumular más maquinaria o infraestructura. Es, podría decirse, la medida de cuánto mejor hace las cosas una economía con los recursos que ya tiene: incorporar tecnología, mejorar la organización del trabajo, ganar en eficiencia. Los economistas la llaman, con cierta ironía, el residuo de Solow, en honor al Nobel Robert Solow, quien demostró en los años 50 que una parte significativa del crecimiento de largo plazo no puede atribuirse a la acumulación de factores productivos, sino a algo más difuso y más valioso: la capacidad de una economía de generar más con lo mismo.

La distinción importa porque marca la diferencia entre un crecimiento extensivo —el que se basa en sumar más trabajadores o más capital— y uno intensivo, que es el único capaz de sostener aumentos del nivel de vida en el largo plazo. Una economía puede crecer varios años seguidos incorporando mano de obra o construyendo infraestructura, pero si su productividad no mejora, ese crecimiento tiene un techo. Es, además, una variable que determina la capacidad potencial de la economía: cuánto puede producir de manera sostenible sin generar tensiones inflacionarias ni desequilibrios. En el trabajo original de 2018, Baumann Fonay y Cohan calcularon que Argentina podría crecer en torno al 3,3% anual de forma sostenida, siempre que se mantuvieran ciertas condiciones de inversión y mejora tecnológica. Esa tasa volvió a ser referencia para entender los datos de 2025.

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Buenas noticias con asterisco: la PTF subió, pero el empleo se deterioró

El dato más saliente de la actualización es el salto de la PTF: 4,2% en 2025, con lo que acumula una recuperación de 7,7% desde el piso de 2023. Es la primera vez desde 2015/16 que la productividad mejora dos años consecutivos, y el crecimiento anual es el más alto desde 1996. Para entender la magnitud del cambio de tendencia, conviene recordar que entre 2007 y 2023 la PTF cayó de manera casi ininterrumpida, erosionando la base sobre la cual puede edificarse un crecimiento genuino y duradero.

La descomposición del crecimiento muestra, sin embargo, que ese salto de productividad no ocurrió en un contexto de expansión generalizada. En 2025, la inversión creció un 9,6%, pero ese número es engañoso: alcanzó apenas para cubrir la depreciación del stock de capital existente. Más revelador aún es que hubo caída de la inversión en tres de los cuatro trimestres del año, según los datos del INDEC. El capital, entonces, casi no aportó al crecimiento. Y algo similar ocurrió con el factor trabajo: si bien aumentaron los puestos de trabajo y las horas trabajadas, el ajuste por calidad del empleo resultó negativo, lo que hace que la contribución neta del trabajo al crecimiento de 2025 haya sido, en la contabilidad del modelo, negativa.

Ese deterioro de la calidad del empleo es quizás el dato más preocupante del informe. El índice de calidad laboral cayó un 2,0% en 2025, la mayor baja registrada en más de treinta y cinco años de serie. El antecedente negativo más cercano en magnitud fue 2022. El propio Baumann Fonay lo advierte con claridad en su nota: "La expansión del trabajo se concentró más en empleo informal y monotributo que en empleo asalariado registrado. El resultado es una economía que puede mostrar más ocupación sin una mejora equivalente en la calidad del factor trabajo". En otras palabras: hay más gente trabajando, pero en condiciones más precarias y con menor productividad individual.

Un tercer dato completa el panorama: el PIB observado todavía se encuentra 1,0% por debajo de su nivel potencial. Esto indica que hay margen para expandir la producción con los recursos disponibles —capital y trabajo— sin generar tensiones. La brecha negativa responde principalmente a la baja utilización del stock de capital y a una tasa de desempleo ligeramente mayor a la de 2024.

Una serie construida a mano durante dos décadas de estadísticas destruidas

Para entender el valor de este trabajo, hay que conocer el contexto en el que nació. El trabajo original de 2018 surgió cuando Argentina salía del período 2007-2015, durante el cual se manipularon o discontinuaron sistemáticamente muchas de las estadísticas públicas necesarias para este tipo de estimaciones: las cuentas nacionales, la tasa de desempleo, la cuenta generación del ingreso. Una de las series más críticas, el stock de capital, fue discontinuada en 2007 y nunca se retomó bajo la nueva base de cuentas nacionales. Esa ausencia obligó al equipo de la Subsecretaría de Programación Macroeconómica a construir estimaciones propias combinando fuentes alternativas y aplicando métodos como el Método de Inventario Permanente, que acumula flujos de inversión para reconstruir el stock. Desde entonces, Baumann Fonay siguió actualizando esas series por su cuenta, en general una vez al mes.

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El resultado es una serie que cubre el período 1990-2025 y que, según el propio autor, es la única de este tipo disponible de forma abierta en Argentina. Los datos se pueden consultar en la plataforma Alphacast. La metodología sigue el enfoque estándar de la función de producción Cobb-Douglas, ajustando los factores productivos por calidad —en el caso del trabajo, usando salarios relativos por nivel educativo— y por utilización, en el caso del capital, a través de la tasa de uso de la capacidad instalada industrial.

El INDEC vuelve a medir la productividad después de dos décadas

Hace pocas semanas, el INDEC anunció que incorporó a su plan de trabajo la estimación oficial de la productividad de la economía argentina, con asistencia técnica del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. El proyecto contempla la reconstrucción del stock de capital fijo a precios corrientes y constantes para el período 2016-2024, con apertura por sectores institucionales y tipos de activos. También prevé darle continuidad a la publicación Stock de capital. Años 1990-2003 del propio INDEC, que data de 2004 y nunca tuvo continuación.

Por ahora, los datos de 2025 ofrecen una imagen ambivalente: dos años consecutivos de mejora en la productividad son una señal que no debe subestimarse, sobre todo después de casi una década de deterioro. Pero esa recuperación convive con un mercado laboral que genera empleo de menor calidad, una inversión que apenas cubre la depreciación del capital existente y una brecha de producto que todavía no se cerró. La advertencia del propio Baumann Fonay es precisa: dos años de mejora no alcanzan para revertir el deterioro acumulado desde el pico de 2007. La pregunta que queda abierta es si la tendencia puede sostenerse sin una transformación más profunda de la estructura productiva.

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