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Nvidia consolidó una vez más su posición dominante en el mercado de procesadores para inteligencia artificial al reportar resultados trimestrales que superaron las expectativas de Wall Street, pero las sombras de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China se proyectan cada vez más sobre su futuro. La compañía registró ingresos de 46.740 millones de dólares en su segundo trimestre fiscal, por encima de los 46.060 millones estimados por los analistas, mientras sus ganancias ajustadas alcanzaron 1,05 dólares por acción.

Sin embargo, las acciones de la empresa más valiosa del mundo cayeron un 2,5% en las operaciones tras el cierre del mercado, a pesar de proyectar ingresos de 54.000 millones de dólares para el tercer trimestre, cifra que supera levemente las estimaciones de 53.140 millones. Esta reacción del mercado refleja las crecientes preocupaciones sobre la sostenibilidad del crecimiento exponencial de Nvidia en un entorno geopolítico cada vez más complejo.

La exclusión de China de las perspectivas comerciales de Nvidia representa más que un ajuste contable: simboliza una reconfiguración fundamental de la industria tecnológica global. La compañía confirmó que no incluyó envíos de chips H20 a China en sus proyecciones del tercer trimestre y que no registró ventas de estos procesadores a clientes chinos durante el período reportado.

Esta situación se profundizó tras el acuerdo sin precedentes entre Nvidia y el presidente Donald Trump, mediante el cual la empresa se comprometió a pagar al gobierno estadounidense el 15% de algunos de sus ingresos en China a cambio de una eventual revocación de las restricciones comerciales. No obstante, Pekín respondió advirtiendo a las empresas nacionales sobre las importaciones de tecnología estadounidense, lo que llevó a Nvidia a detener la producción de chips H20.

El impacto financiero inmediato se tradujo en una baja contable de 4.500 millones de dólares relacionada con el chip H20, aunque la compañía logró liberar un inventario valorado en 180 millones de dólares destinado a un cliente fuera de territorio chino. En mayo, Nvidia había estimado que las restricciones le restarían 8.000 millones de dólares en ventas trimestrales.

China y su independencia tecnológica

El surgimiento de DeepSeek, el modelo de inteligencia artificial desarrollado por el fondo de cobertura cuantitativo High-Flyer, representa un punto de inflexión en la narrativa de dependencia tecnológica china. Este desarrollo, especializado en trading algorítmico, logró crear una IA de calidad comparable a las soluciones de OpenAI o Google utilizando, según sus desarrolladores, únicamente 2.048 chips H800 de Nvidia.

La controversia surgió cuando analistas especializados cuestionaron estas cifras, sugiriendo que el entrenamiento real habría requerido hasta 50.000 unidades H100, procesadores más potentes que oficialmente están vetados en China por las sanciones estadounidenses. Esta discrepancia alimentó especulaciones sobre el uso de intermediarios para eludir las restricciones comerciales.

El anuncio más revelador llegó cuando los responsables de DeepSeek publicaron en la plataforma WeChat que "las GPU de próxima generación para IA de China se lanzarán pronto". Esta declaración desató un intenso debate sobre la identidad del proveedor chino capaz de competir directamente con Nvidia.

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Tres empresas chinas emergen como los candidatos más sólidos para liderar esta transición hacia la independencia tecnológica. Huawei Technologies presenta su chip Ascend 910D, específicamente diseñado para superar el rendimiento de la GPU H100 de Nvidia, mientras desarrolla el Ascend 920, una solución destinada a ocupar el espacio que dejará la GPU H20 en el mercado chino. Esta última propuesta entrará en producción masiva durante la segunda mitad de 2025 utilizando tecnología de integración de 6 nanómetros.

Cambricon Technologies, menos conocida internacionalmente pero con gran potencial de crecimiento, recibió aprobación de la Bolsa de Shanghái para recaudar 560 millones de dólares destinados al diseño de cuatro chips para entrenamiento e inferencia de IA. Además, la empresa desarrolla una alternativa propia al sistema CUDA de Nvidia, lo que representaría un golpe estratégico significativo.

Por su parte, Moore Threads ha desarrollado las tarjetas MTT S4000 y MTT S3000, que según la compañía rivalizan con las soluciones más avanzadas de Nvidia y AMD. Su propuesta MTT S80 alcanza una capacidad de cálculo de 14,4 TFLOPS en operaciones de coma flotante de precisión simple.

El negocio principal resiste

A pesar de las complicaciones geopolíticas, la división de centros de datos de Nvidia mantiene su trayectoria ascendente, generando 41.100 millones de dólares durante el trimestre, un incremento del 56% interanual. Esta división, que representa la mayor parte del negocio corporativo, se beneficia de la demanda sostenida de infraestructura de inteligencia artificial por parte de los grandes proveedores de servicios en la nube.

Las ventas del chip Blackwell, el producto insignia de Nvidia para aplicaciones de IA, registraron un crecimiento secuencial del 17%, mientras que aproximadamente la mitad de los ingresos por centros de datos provino de hyperscalers durante el segundo trimestre fiscal. Empresas como Meta Platforms y Microsoft continúan invirtiendo masivamente en sus ambiciones de IA, consolidando a Nvidia como la principal beneficiaria de esta carrera tecnológica.

El beneficio neto de la compañía creció un 59% hasta alcanzar 25.780 millones de dólares, evidenciando la fortaleza de su posición en el segmento de procesadores especializados. Sin embargo, con Nvidia representando ahora el 8% del índice S&P 500, cualquier fluctuación en su desempeño tiene repercusiones significativas en los mercados financieros globales.

La batalla que se libra trasciende la competencia comercial tradicional: se trata de una pugna por la soberanía tecnológica en el sector más estratégico de la economía digital. El desenlace definirá no solo el futuro de Nvidia, sino la configuración geopolítica de la industria tecnológica mundial.

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