15 de abril 2026 - 12:35hs

El panel de minería de AmCham dejó algo más interesante que una sucesión de anuncios corporativos. Lo que mostró, en realidad, fue una radiografía bastante precisa del momento que atraviesa la industria en Argentina: tres minerales, tres velocidades y una misma condición para que el sector pueda escalar.

La foto quedo repartida entre tres empresas y tres estapas distintas de desarrollo. Glencore habló desde el cobre, el segmento que todavía no volvió a producir a gran escala pero que concentra algunas de las mayores expectativas de inversión y exportación para los próximos años. Río Tinto expuso el caso del litio, una actividad que dejó atrás la etapa puramente aspiracional y empieza a consolidarse como una realidad productiva y financiera. Newmont, por su parte, aportó la perspectiva del oro, una minería madura, con operaciones en marcha, donde la discusión ya no pasa por arrancar sino por sostener, reordenar y extender vida útil.

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Ese fue el verdadero trasfondo del panel: no todas las ramas de la minería argentina están en el mismo punto, pero todas dependen de una misma variable. La conversación volvió una y otra vez sobre previsibilidad macroeconómica, estabilidad de largo plazo, seguridad jurídica y marcos regulatorios capaces de sostener inversiones que, por definición, se miden en décadas y no en ciclos políticos cortos.

El cobre y la promesa de escala

En el caso del cobre, la señal fue nítida. Tras años sin producción primaria relevante a gran escala, el metal vuelve a presentarse como la próxima frontera exportadora del sector. Glencore describió una estrategia secuencial para reactivar el cobre argentino a partir de MARA y Pachón, con dos RIGI ya presentados por un total de U$S 13.500 millones, y con la idea de encadenar fases de producción para volver a colocar cobre argentino en el mercado lo antes posible.

La ambición es de largo aliento: “Estamos acelerando a fondo, vemos una gran oportunidad”, explicaron desde la compañía, que plantea un desarrollo con horizonte de 70 años.

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Pero la definición más relevante de Pérez de Solay no fue sobre el tamaño de los proyectos sino sobre las condiciones necesarias para que avancen. En su mano a mano posterior insistió en que el RIGI aporta una capa importante de seguridad legal, pero advirtió que por sí solo no resuelve el problema de fondo: “Ninguna de estas cosas es condición suficiente. Son todas necesarias, pero ninguna es suficiente por sí misma. El conjunto de todas es lo que hace que esto funcione”.

La observación resume bastante bien el estado de ánimo empresario: hay expectativa, hay movimiento y hay una ventana de oportunidad, pero todavía se sigue mirando con atención la aprobación efectiva de los regímenes, la judicialización vinculada a la ley de glaciares y, sobre todo, la capacidad del país para sostener en el tiempo el orden macro que hoy empieza a mostrar.

Litio: una expansión que busca consolidarse

En litio, en cambio, el tono fue distinto. Ya no se trató de describir una promesa sino una expansión en curso. Río Tinto puso sobre la mesa un portafolio desplegado en tres provincias del norte -Salta, Jujuy y Catamarca- con Rincon como proyecto insignia, inversiones por U$S 1.500 millones y capacidades relevantes también en Olaroz y Fénix.

La novedad más significativa no fue solo operativa, sino financiera: la empresa destacó la llegada de financiamiento internacional de multilaterales y bancos, algo que leyó como una señal concreta de que Argentina vuelve a ser observada como destino posible para capital de largo plazo. “Nunca hemos visto un interés de multilaterales tan grande como estamos teniendo en Argentina hoy”, señaló el ejecutivo de la compañía.

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Esa etapa más avanzada del litio también permitió mostrar con mayor claridad el impacto territorial. En la exposición, Río Tinto vinculó el desarrollo del mineral con empleo, arraigo y actividad económica en las comunidades donde opera. La frase sobre trabajadores que antes migraban a las ciudades y hoy pueden emplearse en sus lugares de origen buscó justamente transmitir eso: que, cuando la minería pasa de proyecto a operación, el efecto deja de ser solo macroeconómico y empieza a sentirse en el tejido local.

Oro: sostener y planificar en largo plazo

La tercera voz, la del oro, cumplió otra función. Newmont no habló desde la expectativa de una nueva frontera, sino desde la experiencia de haber atravesado distintos ciclos argentinos con una operación madura en Santa Cruz. En ese sentido, su intervención sirvió para recordar que incluso los proyectos consolidados dependen de un entorno que permita planificar más allá de la coyuntura.

La empresa explicó que ya trabaja con horizonte de cinco años y vinculó esa decisión con una economía “de alguna manera más previsible”, una definición sobria pero significativa en boca de una compañía que lleva más de una década produciendo en el país.

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Reglas claras para pasar de potencial a escala

Vista en conjunto, la charla dejó una señal clara para el sector: la minería argentina avanza a distintas velocidades, pero converge en una misma demanda. Mientras el litio se consolida, el cobre busca escalar y el oro aporta la experiencia de una actividad madura, las tres miradas desembocan en el mismo punto: sin previsibilidad, estabilidad y reglas claras, no hay salto sostenible.

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