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Julián Gadano, ex subsecretario de Energía Nuclear y actual director del programa de energía nuclear de innovación de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, analizó en detalle en La mañana de El Observador 107.9 el estado del programa nuclear iraní tras los bombardeos israelíes y estadounidenses a sus instalaciones de enriquecimiento de uranio.

En una entrevista con Luis Gasulla y Agustina Girón, el especialista explicó por qué "a Irán le resultaba muy difícil justificar que no tuviera un plan militar" vinculado con la fabricación de armas nucleares, y cómo los ataques quirúrgicos lograron alejar al régimen persa de sus objetivos bélicos.

Embed - EL PLAN DE ENRIQUECIMIENTO DE URANIO DE IRÁN - Julián Gadano

Gadano detalló que Irán contaba con 500 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, una cantidad que el país había logrado procesar en dos plantas de enriquecimiento que operaban hasta los bombardeos recientes. "Más del 20% no tiene ningún uso civil, no tiene ningún uso pacífico, digamos médico, generar energía eléctrica, etcétera", explicó el ex funcionario.

El proceso técnico hacia el armamento nuclear

Para comprender la gravedad de la situación, Gadano explicó en términos técnicos qué significa enriquecer uranio: "Aumentar en el material la proporción del isótopo 235", es decir, de la forma fisionable del uranio que permite su uso militar.

"El mineral viene con dos composiciones isotópicas, 238 y 235. Naturalmente viene con muy poca proporción de 235, menos del 1%", detalló el especialista. El proceso de enriquecimiento consiste precisamente en aumentar esa proporción hasta niveles que permitan diferentes usos.

El experto fue contundente al señalar que Irán estaba "a un mes como máximo" de alcanzar el 90% de enriquecimiento necesario para uso militar. "500 kg al 90% implica ocho bombas nucleares", calculó, aunque aclaró que esto "depende del tamaño" del armamento.

Sin embargo, Gadano explicó que obtener el material fisionable es solo el primer paso: "Es una condición necesaria pero no es suficiente. El combustible hay que weaponizarlo, como se dice en inglés, hay que ponerlo en condiciones, convertirlo en un material con el formato, las calidades, las condiciones de entrar en una bomba nuclear".

Este proceso técnico, que incluye armar la cabeza nuclear y montarla sobre el misil, requiere "como mínimo un año y medio", según el especialista. Por eso, calculó que "Irán estaba más o menos a un año y medio de tener bombas nucleares activas".

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Capacidades militares complementarias

El análisis de Gadano no se limitó solo al aspecto nuclear. El ex subsecretario destacó que Irán ya contaba con otros elementos necesarios para un programa de armamento: "Tiene misiles, tiene científicos, tiene otras capacidades".

Esta combinación de factores hacía que "no era un delirio suponer que en un plazo que podía ir de un año y medio a dos" el país pudiera estar en condiciones de poseer armas nucleares operativas, una evaluación que llevó a la decisión de bombardear las instalaciones.

"Lo que hizo primero Israel y después Estados Unidos es bombardearle las tres instalaciones que le permitían seguir enriqueciendo uranio y le anularon esa capacidad", explicó Gadano sobre la respuesta militar occidental.

Ante las preocupaciones sobre posibles filtraciones radiológicas tras los bombardeos, Gadano fue categórico: "No hay que preocuparnos". El especialista explicó la diferencia crucial entre distintos tipos de material nuclear.

"Lo que se ha bombardeado son instalaciones de enriquecimiento de uranio. ¿Cuál es el material que está ahí adentro? Es el uranio antes de ser irradiado", detalló. Este material, a diferencia del uranio que ya pasó por una central nuclear, no presenta los mismos riesgos radiológicos.

"El uranio radiológicamente peligroso es ese uranio que ya fue irradiado, que está inestable, que está activo, sí, por ejemplo el que pasó por una central nuclear. Eso hay que cuidarlo mucho porque emite radiación, está inestable buscando una estabilidad", explicó.

En cambio, el uranio en las plantas bombardeadas "es por supuesto químicamente inestable y si uno lo bombardea emite emanaciones tóxicas desde el punto de vista químico, pero es como si bombardearan una refinería de petróleo". El riesgo existe pero es "muy local, extremadamente local".

Gadano también señaló que "la mayor parte del material Irán ya lo había sacado para evitar que se lo dañen", lo que minimizó aún más las consecuencias del ataque.

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Precisión quirúrgica en los bombardeos

El especialista destacó la naturaleza selectiva de los ataques: "Israel y Estados Unidos han sido muy quirúrgicos en sus bombardeos, han bombardeado exclusivamente objetivos militares".

Explicó que Irán tiene "una central nuclear como las nuestras, Atucha o Embalse, para generar energía eléctrica, pero no es un objetivo militar". Atacar esa instalación habría tenido consecuencias catastróficas: "Ahí sí el daño sería enorme y a nadie le interesa eso, porque una nube radioactiva es algo que puede producir daños no solamente en el país donde está".

El hecho de que algunas instalaciones estuvieran subterráneas también contribuyó a minimizar riesgos, aunque aclaró que "la planta de conversión a hexafluoruro no estaba subterránea".

Ante la declaración de Donald Trump en sus redes sociales sobre que "Irán nunca reconstruirá sus instalaciones nucleares", Gadano mostró cautela histórica. "Eso me hace acordar el título de una vieja película de James Bond que decía Never say never again", bromeó el especialista.

"Nunca no se sabe, yo no diría nunca", reflexionó, explicando que "Irán podría esperar que haya otro conflicto y que nadie se ocupe de ellos y dentro de 10 años volver a enriquecer".

Sin embargo, el experto señaló un camino hacia la normalización: si Irán acepta cumplir con los compromisos internacionales que ya firmó. "Irán es firmante del tratado de no proliferación" y de los protocolos de salvaguardias, "con lo cual Irán está incumpliendo" actualmente.

La solución pasaría por permitir que el Organismo Internacional de Energía Atómica pueda "vigilar las instalaciones nucleares de Irán, vigilar que no se use para otros fines que no sean pacíficos". Estos protocolos de salvaguardias están firmados por "prácticamente todos los países del mundo".

El balance final de Gadano fue claro: "Irán estaba a dos años de una bomba, ahora está a 10", un alejamiento significativo de la capacidad nuclear militar que el país había desarrollado hasta los bombardeos recientes

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