El movimiento Me Too, surgido en Estados Unidos a raíz de las impactantes denuncias contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein, cambió para siempre los paradigmas de la industria cinematográfica, tanto en su país de origen como en el mundo. Una de las transformaciones más notorias ha sido la implementación de la figura del coordinador de intimidad en los sets de rodaje.
“Es una persona con experiencia en el trato con los actores, que los entrena y acompaña durante las escenas que pueden resultar incómodas de realizar, como las de violencia, sexo o incluso besos”, explica Tati Rojas, quien tiene más de 25 años de experiencia en el medio audiovisual.
Rojas, conocida principalmente por su trabajo como directora de casting, decidió formarse como coordinadora de intimidad bajo la capacitación de la inglesa Abigail Kessel, discípula de Ita O’Brien, quien trabajó en la serie sex education. Su rol ha sido crucial en producciones como Cóppola, el representante, Cromañón, Menem y la coproducción hispano-argentina objetos.
Cómo se manejan las escenas sensibles
“Muchas veces el guion lleva a rodar momentos que comienzan con besos y luego avanzan. Entonces, se charla con los actores y actrices involucrados, se reduce al mínimo el personal presente en el set y se busca no repetir la escena para evitar prolongar ese instante”, detalla Rojas. Según ella, los actores más jóvenes suelen estar más relajados con estos protocolos, ya que crecieron en una sociedad donde el respeto por el cuerpo del otro está implícito. En cambio, las mayores dificultades suelen aparecer con artistas de generaciones anteriores, quienes a menudo tuvieron que lidiar con situaciones incómodas en su trayectoria profesional.
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Aunque pueda parecer sorprendente, Rojas asegura que un beso apasionado puede ser más íntimo que una escena de sexo simulada. “Es que hay contacto con la saliva del otro. Las caricias también son reales, mientras que en las escenas de sexo todo está simulado: se usan protectores genitales y barreras para evitar el roce de los cuerpos. Además, se ensayan mucho los movimientos y, a la hora de rodar, se activa un estricto protocolo de set cerrado, prohibiendo fotos o videos que puedan filtrarse”, explica.
El impacto en la industria argentina
En Argentina, el rol del coordinador de intimidad aún no está del todo instalado. Algunos directores pueden sentirlo como una intromisión en su trabajo, pero con el tiempo suelen reconocer los beneficios. “Se dan cuenta de que aligera el proceso y lo facilita, ya que se evitan repeticiones innecesarias, lo que en cine significa un menor gasto de dinero”, asegura Rojas.
Un ejemplo clave fue su trabajo en Cóppola, el representante, donde tuvo una fuerte intervención en escenas como las del jacuzzi con Juan Minujín y la actriz chilena Mayte Rodríguez. “Era un espacio muy reducido y estaba yo coacheando. Sin embargo, quedó todo impecable”, afirma.
El trabajo de un coordinador de intimidad no termina con el rodaje. “Recién concluye en la postproducción, cuando se verifica que todo quedó registrado tal como fue pautado por los actores”, puntualiza.