19 de mayo 2024
11 de abril 2024 - 14:07hs

El país está convulsionado porque hay un gobierno que está removiendo una estructura institucional, política y económica que duró 20 años.

Lo que estamos viendo día a día es eso: cómo se mueven marcos legales, conductas económicas de sectores privados, reglas de juego monetarias y fiscales, y por eso es lógico que la calle reaccione a estos cambios estructurales y arraigados.

De hecho, el plan político tiene una pata importante en la seguridad que, como dijo Patricia Bullrich, se basa en la ley y el orden —como la serie—, y lo que hemos visto el miércoles en la avenida 9 de Julio es un desorden que busca colarse en esa foto de control que hoy tiene el Gobierno.

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Podemos decir a esta altura que el Gobierno ha logrado frente a la sociedad dos fotos: una de control de la inflación, que está bajando; y una foto más sólida de control de la calle. Esas dos fotos forman parte de una nueva cultura política, sindical y de reglas de protesta, pero  también son fotos provisorias porque pueden debilitarse o fracasar en el tiempo.

Normalmente ocurre en países desarrollados que las protestas se ordenan con un orden no represivo, como había inculcado la izquierda y el kirchnerismo, que daban por hecho que en Argentina no se sabía reprimir para lograr el orden, sino sólo reprimir para matar, para asesinar.  Lo que está intentando este gobierno, con Patricia Bullrich, es generar ley y orden, que es lo que quiere la gente. Por eso lo hace con el protocolo.

Respecto de la Ley Ómnibus y el capitulo fiscal, hay que atender que cuando se tomó la decisión política de reinstaurar el impuesto a las Ganancias, se decidió junto con ella asumir costos. Y hay un sector de la política que afirma que estamos muy lejos de la posibilidad de bajar impuestos en la Argentina. En este sentido, el ajuste del gasto público de calidad que nos podría hacer desembocar en una baja de la presión impositiva todavía está lejos.

En esta línea se propone el blanqueo, que por más que es inseparable del proyecto monetario y filosófico que pretende el presidente y lo que espera del mercado, para que los agentes económicos vuelvan a volcar la moneda que está fuera del sistema, también se requiere tiempo para llegar a tasa cero.

Sabemos que el presidente es un macroeconomista y que se detiene poco en la microeconomía. Pero sabemos también que el mercado, para autorregularse, tiene que ser limpio, abierto y competitivo. Después de 20 años de populismo regulatorio, ¿qué mercado tiene hoy estas características? Me animaría a decir que sólo el agropecuario, que tiene una cantidad de actores múltiples y distribuidos geográficamente.

En algún momento tenemos que monitorear con precisión de relojería los caminos que se adoptan para salir de esta situación. El beneficio del horror recibido por esta gestión está contemplado, pero tangamos cuidado.

Seguridad a futuro

La gestión de Javier Milei tiene una ventaja mayor porque no se tomó tiempo y, en muy poco plazo, hizo lo que Mauricio Macri no llegó a hacer en cuatro años. Y en ese sentido, la velocidad que le imprime la gestión de Javier Milei a las transformaciones nos obliga a analizar los instrumentos que se están utilizando.

Por eso es muy importante que este gobierno vaya construyendo, a la par que va tomando decisiones, seguridad jurídica. Que vaya generando argumentos para hacer pensar a los actores locales y externos que éstas son reglas de juego que vinieron para quedarse. Que son reglas de consenso.

Milei es la nueva etapa de una sociedad que decidió conectarse con el mundo, atraer las inversiones para tener más infraestructura, más competencia y generar un círculo virtuoso. Necesitamos que esto sea perdurable.  

 

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