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Se viven momentos de tensión en la cima del poder. El caso Spagnuolo, como ningún otro hasta el momento, golpeó bajo la línea de flotación en uno de los puntos que Javier Milei sigue teniendo como diferencial positivo: la imagen de honestidad versus una dirigencia política vista como corrupta.

Para colmo, las revelaciones sobre supuestos pagos de coimas en la compra de medicamentos para la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) se conocieron en un momento donde el Gobierno viene siendo acorralado por los problemas. La mortal crisis del fentanilo contaminado dejó en evidencia una gestión defectuosa, en el Congreso la oposición le sigue manejando la agenda a los libertarios y hasta incluso le llegó a voltear un veto al Presidente, y la economía da señales de una volatilidad previa a las elecciones que pone nervioso a más de uno y se visualiza en las tasas altas. Demasiados líos juntos para un gobierno acostumbrado a imponer su ritmo.

El caso Spagnuolo

En términos pugilísticos, la piña entró. En Casa Rosada evalúan cómo salir adelante después de que el conflicto escalara al punto de que la Justicia definió en un sorpresivo (por no ser tan habitual) pero valeroso (porque es lo que debería pasar siempre) tiempo récord allanar oficinas del Estado, la droguería Suizo Argentina y los domicilios particulares de los imputados. Se incautó documentación, dinero en efectivo (266 mil dólares y 7 millones de pesos en poder de uno de los Kovalivker, la familia dueña de la droguería) y el teléfono celular del propio Diego Spagnuolo, extitular de la Andis.

En el Gobierno ahora miran con expectativa dos cuestiones: los pasos a seguir de la Justicia y qué va a decir Spagnuolo. Y este segundo punto es el que se sigue con mayor expectativa, porque ahora empiezan a proliferar rumores y especulaciones sobre el exfuncionario. Que siempre fue "un tipo raro" o incluso "un fabulador", hasta no faltó el que empezó a tildarlo como un "mitómano".

¿Acepta como reales los audios? ¿Ratifica cada uno de sus dichos? Y, para generar más incertidumbre, ¿tiene alguna prueba de las supuestas coimas? Para Spagnuolo el avance de la investigación esconde un problema agregado: si la información es real significa que no lo denunció siendo funcionario público, lo que también significa un delito (incumplimiento y hasta encubrimiento).

Entre los libertarios empieza a sonar un concepto: "Que caiga quien caiga", "van a rodar algunos", "no robarás", son algunos de los argumentos que tibiamente empezaron a circular entre los libertarios paladar negro.

Pero ese punto también abre interrogantes. Primero: ¿están reconociendo que las supuestas coimas son ciertas? Segundo, ¿hasta dónde llega la cadena de responsabilidad? Más de uno en La Libertad Avanza tiene ganas de que Lule Menem caiga en desgracia porque cree que junto a su primo Martín están pensando en un proyecto propio. El problema es que es un alfil de Karina Milei. ¿Caería solo?

Fentanilo, la falta de gestión

El caso Spagnuolo aparece justo cuando el Ministerio de Salud ya venía en el centro de la escena por la crisis del fentanilo contaminado, que ya generó un centenar de fallecidos.

Allí lo que quedó de manifiesto es una gestión defectuosa, en un gobierno muchas veces más enfocado en la motosierra más que en resolver problemas del día a día. Y más allá de las responsabilidades que gestiones anteriores tienen en el caso por las faltas en el control (en el mejor de los casos) y los sospechosos vínculos políticos del kirchnerismo con el laboratorio, el Gobierno no pudo mostrar un manejo de la crisis eficiente.

Para colmo, la comunicación también dejó mucho que desear, con idas y vueltas contradictorias entre funcionarios, con acusaciones al kirchnerismo mezcladas con el llanto del ministro Mario Lugones por las muertes que no se pudieron evitar.

En el Congreso sigue la goleada

A las sospechas de corrupción y a las deficiencias en la gestión se le suma una oposición que no para de meterle goles al oficialismo en el Congreso. La política, con un ojo en el escenario electoral, no logra recomponer vínculos con gobernadores y/o legisladores con los que había entendimientos.

Después de una sesión donde la oposición ganó 12 votaciones a cero, esta semana Diputados logró voltearle un veto a Milei. Insistió con la ley de emergencia en discapacidad, que después de que el Senado vote en el mismo sentido (se descuenta que están los dos tercios), quedará promulgada.

Además, Diputados avanzó con el proyecto de redistribución de los ATN que impulsaron los gobernadores y logró modificaciones en la comisión investigadora del caso Libra para destrabarla y que empiece a funcionar.

Al día siguiente, el Senado le clavó un siete a cero. Derogó cinco decretos delegados que había impulsado Federico Sturzenegger (también lo había hecho Diputados la semana anterior) y convirtió en ley dos proyectos que van camino a nuevos vetos de Milei: el de financiamiento universitario y el de emergencia pediátrica (Garrahan).

La única buena noticia para el Gobierno es que por apenas seis votos logró confirmar el veto en la ley que impulsaba aumentos a los jubilados. De ganar la oposición hubiese significado un golpe fuerte para la gobernabilidad, ya que apuntaba directamente al equilibrio fiscal.

Economía, con volatilidad

Es que justamente, el capítulo económico es otro de los problemas que acorralan al Gobierno. El desarme de las Lefi generó un ruido en los mercados que se ve reflejado en el aumento de las tasas de interés. En el caso de las tasas de caución con una volatilidad intradiaria que solo genera más nerviosismo.

Tanto Milei como el equipo económico aseguran que todo se debe al "riesgo kuka" y al factor electoral. El temor de ciertos sectores a que el kirchnerismo tenga chances de volver al poder o que el Gobierno pierda las elecciones es una presión constante a la presión cambiaria.

Elecciones e inflación, la poción salvadora

La disposición del equipo económico a jugar con tasas altas (muy por encima de la inflación) hasta las elecciones, tiene una sola explicación: mantener a tiro al dólar y por ende a la inflación.

Una escalada en los precios, y justo en pleno proceso electoral, puede ser un combo letal para las aspiraciones libertarias. Por eso, Milei y Luis Caputo están dispuestos a aguantar durante la tormenta de volatilidad y a esperar que se calme con un buen resultado electoral.

Es que en el final del camino de traspiés en el oficialismo tienen en claro que un contundente triunfo en las urnas le permitiría a Milei dejar atrás gran parte de los escollos. Lo económico creen que es lo primero que se calmaría, por el cambio en las expectativas. El Congreso recién tiene recambio el 10 de diciembre pero es de esperar que ante un buen resultado electoral muchos gobernadores cambien la estrategia y se vuelvan a acercar al Gobierno. Los problemas de gestión y corrupción son más difíciles de tapar, pero ante un clima electoral de triunfo los tiempos judiciales suelen ser más laxos.

Inflación y elecciones, en ese sentido, es la poción mágica que Milei no ve la hora de tomar. Pero con otro problema: faltan dos meses todavía. Para algunos una eternidad.

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