El Gobierno hizo autocrítica después de la derrota en el Senado por la ley de tierras y concluyó que se trató de "la cuenta" que aún pagan por haber mantenido tanto tiempo en el cargo al ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El costo se mide en el capital político que se gastó con los aliados para blindarlo.
"Estamos pagando la cuenta de sostener durante tanto tiempo a Manuel Adorni, tanto dentro de LLA como con los aliados. Pedimos muchos favores en las negociaciones y llega un punto en el que no se puede tirar más de la cuerda. El problema es ese", le dijo a El Observador un funcionario con acceso al despacho presidencial.
Manuel Adorni sigue siendo un dolor de cabeza para el Gobierno
La obligación, por pedido de Javier Milei y Karina Milei, de hacer lo imposible para evitar que se complicara la situación de Adorni en el Congreso y dentro del oficialismo generó una cuenta que ahora pagan los libertarios. Durante semanas, la prioridad excluyente de la Casa Rosada fue impedir que prosperara la interpelación al entonces ministro coordinador, investigado por enriquecimiento ilícito.
Ese esfuerzo tuvo un precio que no se registró en su momento. Cada gestión ante un bloque aliado, cada llamado a un gobernador, cada concesión para frenar una votación incómoda salió de la misma reserva de crédito político que el Gobierno necesita hoy para avanzar con su agenda legislativa. La reserva, admiten ahora en el oficialismo, quedó vacía justo cuando más falta hacía.
El Gobierno admite que la derrota en el Senado es la factura por sostener a Manuel Adorni.
Sin margen para pedirle nada más a los gobernadores
Entre las consecuencias que ven puertas adentro aparece, en primer lugar, la falta de capacidad para negociar leyes complicadas con los gobernadores. Es exactamente el diagnóstico que quedó expuesto esta semana, cuando el oficialismo debió retirar el capítulo de "extranjerización de tierras" del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada ante el rechazo de sus propios socios.
La secuencia se volvió circular: el blindaje a Adorni consumió el margen de pedido, la aprobación de los pliegos de los jueces consumió lo que quedaba y, cuando llegó el turno de una iniciativa que el Presidente impulsaba personalmente, ya no había con qué comprar los votos. Los aliados, simplemente, dijeron que no, y esta vez ninguna gestión de último momento alcanzó para revertirlo.
El Gobierno admite que la derrota en el Senado es la factura por sostener a Manuel Adorni.
La parálisis de gestión y el "cocktail explosivo"
La segunda consecuencia que enumeran es la imposibilidad de romper la parálisis de gestión que arrastra el Ejecutivo desde el punto más alto del escándalo. El recambio en la Jefatura de Gabinete buscaba precisamente eso, pero el arranque de Diego Santilli quedó absorbido por una agenda que sigue condicionada por lo que dejó su antecesor: expedientes demorados, negociaciones que hay que reconstruir desde cero y aliados que llegan a cada reunión con la lista de favores ya cobrados.
"Si le sumamos que está todo el Gobierno pensando solamente en suspender las PASO, se da un cocktail explosivo", analizó un integrante del Gabinete. La frase describe la superposición de dos problemas que se potencian entre sí: una administración que se quedó sin crédito para negociar y un oficialismo que subordinó por completo el día a día a un único objetivo electoral, con la gestión de las carteras esperando definiciones que no llegan.
El Gobierno admite que la derrota en el Senado es la factura por sostener a Manuel Adorni.
Las encuestas vuelven a marcar el rechazo en alza hacia Javier Milei
Ese funcionario habló preocupado por los últimos sondeos, que volvieron a mostrar una suba en el rechazo a la gestión presidencial y también a la imagen de Javier Milei. Son los mismos números que llegan cada semana al primer piso de la Casa Rosada y que ya venían ubicando al oficialismo en los márgenes de septiembre de 2025, cuando LLA perdió las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires.
El cuadro que se arma es el que más inquieta al oficialismo: una derrota parlamentaria, aliados que dejaron de responder, una gestión que no arranca y encuestas que empeoran, todo atribuido a una decisión política que los hermanos Milei tomaron y sostuvieron contra la opinión de buena parte de su propio espacio. La factura por el caso Adorni llegó tarde, pero llegó completa.