La capacidad de daño es parte de la política, pero cuando se convierte en tu única herramienta, la vocación de poder se transforma tan solo en un recuerdo. Mauricio Macri lo sabe y actúa en consecuencia. Con una pésima imagen pública y con una estructura cuasi vacía a la que le queda poco más que el nombre y un puñado de legisladores, el expresidente se apresta a desplegar sus artes de cara al próximo test electoral.
Hay que decir lo obvio. Macri conserva el peso suficiente para condicionar los movimientos del PRO y dañar a La Libertad Avanza, pero carece del arrastre electoral necesario para liderar un proyecto competitivo.
Durante casi dos décadas, bajo su sombra crecieron figuras que parecían destinadas a la sucesión: Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich y Diego Santilli, entre otros. Todos gestionaron, ocuparon cargos clave y varios llegaron a tener volumen electoral propio. Pero la herencia nunca llegó. Macri se ocupó en cada uno de los casos de dinamitar los caminos para el ascenso final. La pregunta que surge es también obvia: ¿Jorge Macri correrá la misma suerte? ¿Lo que hay detrás del accionar sistemático de Mauricio es una incapacidad para transferir el mando o una decisión racional para que no haya sucesión?
El pecado imperdonable de la autonomía
El camino del PRO fue vertiginoso. En pocos años pasó de ser una fuerza municipal a gobernar la Argentina. Contó con un poder político pocas veces visto porque, además de tener a su referente máximo en la Casa Rosada, logró coronarse al mismo tiempo en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad. Está claro que la acumulación de poder no fue problema; la complejidad estuvo en la administración y en la aceptación del paso del tiempo.
Quizá el caso de Horacio Rodríguez Larreta sea el ejemplo más nítido para dar cuenta del perfil de Macri como dirigente político. Quien fuera su jefe de Gabinete en la Ciudad y lo reemplazara gobernando el bastión porteño durante ocho años era considerado, por propios y extraños, el sucesor natural. Sin embargo, cuando le llegó el turno a Larreta de competir en una elección ejecutiva nacional en 2023, Macri le bajó el pulgar. La decisión no solo sepultó las aspiraciones del entonces jefe de Gobierno porteño, sino que empezó a cavar la tumba del PRO.
El esquema diseñado por Macri para 2023 fue el principio del fin. Primero, la convocatoria a elecciones concurrentes en la Ciudad, cuya consecuencia más palpable fue mejorar las posibilidades de Martín Lousteau en la Ciudad y perjudicar a quien fuera el candidato del PRO en las nacionales. El desenlace generó un daño que parece irreparable. El partido quedó dividido, el liderazgo de Macri diezmado y la sucesión sin candidato.
El caso Vidal
María Eugenia Vidal fue víctima de un proceso similar. Tras consagrarse en 2015 al vencer al peronismo en la provincia de Buenos Aires después de casi tres décadas de administraciones justicialistas, se erigió por mérito propio en una figura con proyección nacional. Sin embargo, su decisión de respaldar a Larreta le valió el ingreso a la lista negra de Macri. En ese marco, el expresidente disparó públicamente y sentenció que Vidal se había "desdibujado".
Patricia Bullrich, con otra historia y otro bagaje, podría ser una cara más del mismo dado. Es cierto, Macri se inclinó por ella en la interna de 2023 para derrotar a Larreta, pero Bullrich terminó tercera en las generales con el 24% de los votos, detrás de Sergio Massa y Javier Milei. La derrota precipitó un acuerdo decisivo: el respaldo a Milei en el balotaje. Aquel apoyo, que tuvo como justificación bloquear un posible triunfo del kirchnerismo, tuvo una consecuencia estructural devastadora que el PRO sigue pagando hoy. La realidad está a la vista y no requiere mayor análisis.
Bullrich terminó afiliándose a La Libertad Avanza en mayo de 2025. El PRO reaccionó con un comunicado durísimo acusándola de dejar atrás buena parte de su "reputación". Pero la suerte ya estaba echada. Luis Caputo y Federico Sturzenegger, de la escudería del PRO, también habían pegado el salto.
Está claro a esta altura que el PRO se transformó en un semillero para la política nacional. Casi tan claro como la impotencia de Macri para contener y delegar. Hoy la vidriera política muestra a Larreta como opositor en la Ciudad, a Vidal recluida en el sector privado, a Bullrich fuera del partido y a Diego Santilli en la mesa de decisiones del gobierno libertario.
El costo de las decisiones de Macri
El retroceso del PRO en la discusión política no es una percepción. Los datos son inapelables. La merma electoral es una realidad y el alto rechazo social del fundador del PRO, un techo casi imposible de romper.
Las encuestas hablan. No importa la consultora. En promedio, Macri acumula una imagen negativa que supera el 60% y un diferencial negativo de más de 40 puntos. Por caso, solo para citar un ejemplo, la Universidad de San Andrés registró en su último informe una imagen positiva del 29% frente a 65% de negativa.
El deterioro de la percepción de Macri no es inocuo. Lo que muestran las encuestas es solo la secuela de lo que sucedió en las urnas hace poco más de un año. En 2025, en la Ciudad de Buenos Aires, el distrito cuna del PRO y que gobierna ininterrumpidamente desde 2007, las elecciones legislativas arrojaron un resultado demoledor. La Libertad Avanza obtuvo el 30,72% de los votos, Unión por la Patria quedó segunda con el 27,88% y el PRO se hundió al tercer lugar con apenas un 16,24%.
Por primera vez en casi veinte años, el macrismo dejó de ser la fuerza dominante en su propia casa. La Ciudad, que fue la demostración de su éxito, pasó a ser la demostración evidente del daño causado por la estrategia diseñada por Mauricio Macri.
Cosas de familia
La lógica que impone Macri y la crisis en la que está sumido el PRO también parece llevarse puestos los lazos familiares. Se suponía que, tras las rupturas con Larreta, Vidal y Bullrich, el fundador cerraría filas con su primo y actual jefe de Gobierno, Jorge Macri. Pero eso no sucede.
Jorge Macri ya manifestó que buscará su reelección en 2027 y no descartó la posibilidad de un acuerdo electoral con La Libertad Avanza. Sin embargo, Mauricio Macri evita convertirlo de forma inequívoca en su candidato, mientras mantiene abierta la incógnita sobre su propio rol para 2027. Mauricio siendo Mauricio.
Ante la interna del PRO, La Libertad Avanza: los libertarios huelen sangre en la Ciudad. Por eso Pilar Ramírez, presidenta de La Libertad Avanza en la Ciudad y referente cercana a Karina Milei, se anima a desafiar públicamente al jefe de Gobierno porteño. Las chicanas van desde posteos en redes sociales a declaraciones en los medios tradicionales. Lo cierto es que el escenario político, en buena parte delimitado por las distintas estrategias que llevó adelante el propio Macri, deja espacio para que una dirigente ignota de un partido novel le marque la cancha al PRO en su propio bastión.
El fin
El exministro de Cultura de Cambiemos, Pablo Avelluto, fue lapidario: "El PRO se extinguió como partido". Responsabilizó directamente a Macri por la implosión de la fuerza y recordó que decidió distanciarse cuando el expresidente y Bullrich sellaron el pacto del balotaje con Milei en 2023.
Avelluto, también biógrafo del expresidente, fue por más y, luego de definir al PRO como una "cáscara vacía", sentenció: "Macri es el rey de un reino que no gobierna".
Jaime Durán Barba, otro de los artífices de Cambiemos, resumió el lugar que ocupa Macri en el universo político por estas horas: "Macri ya no ostenta un poder constructivo, sino un mero poder de daño".
Así las cosas, al final del día, queda claro que el mayor adversario de Mauricio Macri no es Javier Milei, ni el peronismo, ni su alta imagen negativa, ni los cuestionamientos por su gestión a nivel nacional. Su gran enemigo es su falta de generosidad política para dar paso a un heredero.