El último acto que encabezó CFK en el Oeste del conurbano sirvió, entre otras cosas, para intentar desmentir un acuerdo entre el kirchnerismo duro y Javier Milei, pero también dejó expuesto el mapa acotado que rodea hoy a la exvicepresidenta.
Hace dos semanas quién fuera la líder indiscutida del peronismo se rodeó del aparato político del exintendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, y de una Cámpora cada vez más chica. Las primeras filas del acto no dejaron lugar a la interpretación. También estaba el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que tan sólo asistió para no precipitar una ruptura que por ahora parece inevitable. Lo cortés no quita lo valiente.
Los armadores del peronismo que ya piensan en los comicios de medio término y las presidenciales del 2027 ven a Máximo Kirchner y La Cámpora trabajar para una derrota a nivel nacional. El objetivo, dicen, es mantener una silla en la mesa del poder, sólo eso. Bastante poco para la historia del peronismo.
En ese marco explican el ataque planificado que llevaron adelante Mayra Mendoza, intendenta de Quilmes, y Julián Alvarez, intendente de Lanús, contra el Gobernador bonaerense y su ministro de Desarrollo, Andrés “Cuervo” Larroque.
El hijo de la expresidenta, Máximo Kirchner, también tuvo su acto. Fue el último viernes en La Plata. Despejó dudas, si es que las había. Dejó en claro que el cristinismo no está dispuesto a ceder nada. Juntó a los propios, le habló a su tropa, apuntó contra Daniel Scioli y los gobernadores peronistas y evitó la autocrítica. El objetivo parece inocultable. Evitar el crecimiento de Kicillof. Por eso la batalla será bonaerense, más allá que las esquirlas puedan caer en algunas provincias.
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Kirchner encabezó el acto que reunirá a los ateneos Néstor Kirchner de toda la Provincia.
En ese marco, los sectores del peronismo que no reportan al Instituto Patria dan por sentado no sólo que el Kirchnerismo, a través de La Cámpora, logró un acuerdo con Clarín, sino que sostienen que hay una suerte de pacto con el actual oficialismo que no sólo incluye jueces y cajas sino que termina en una entrega electoral a nivel nacional. Algunos imaginan un esquema similar al de 2015, entregar la elección nacional y refugiarse en la provincia. Una estrategia que ya salió mal, pero en la cabeza de algunos dirigentes merece una segunda oportunidad.
El camino del peronismo al 2025
Más allá de la pirotecnia publica, desde el entono del Gobernador bonaerense siguen con atención los movimientos de CFK y Máximo Kirchner. Entienden que la persecución iniciada por redes no se quedará ahí y que probablemente tenga continuidad con denuncias mediáticas. Dentro de ese esquema aseguran que esa será parte de la estrategia para frenar la posibilidad de que Axel Kicillof llegué con la potencia suficiente para armar las listas de las legislativas del año próximo y encaminarse a dar la disputa por la presidencia de la Nación. Sin lapicera en 2025, no habrá 2027.
Uno de los actores que sigue el proceso de cerca sostiene los intendentes que posan en las apariciones esporádicas de la expresidenta, más allá de su cercanía o no, son apretados para estar ahí. No es la primera vez que desde los sectores, cada vez más numerosos, que se alejan del kirchnerismo se habla de la “Gestapo de La Cámpora”, en alusión a la similitud con la estructura que había montado María Eugenia Vidal para espiar dirigentes sindicales.
La tensión crecerá y la radicalización del conflicto se verá con el correr del tiempo. De eso ya no hay dudas. Como se desarrollarán los eventos es la único que queda por dilucidar.
La lógica de maltratar al propio sigue siendo parte del ADN del kirchnerismo que se forjó a la sombra de la pollera de la expresidenta. Después del maltrato y el ninguneo llega la expulsión o la ruptura, y después, de forma inexorable, el mote de traidor. Achicar el espacio para mantener el control. La lógica de la construcción de una minoría intensa que gana internas para perder generales parece primar en el Instituto Patria.
Si el gobernador bonaerense se atreve a desafiar a CFK, los cánticos que alguna vez fueron para Sergio Massa serán para él. Aquellos que sirvieron de marco para la presentación en sociedad de Máximo Kirchner en 2015 y que retumbaron en el estadio de Argentinos Juniors. Esos que aseguraban que todos los traidores se iban con Massa. Pero quizá esta vez, ante la posible disminución del potencial electoral de Cristina, Kicillof se quede con todo el peronismo. No son pocos los dirigentes que están a la espera de cerrar el ciclo que tuvo como conductora a la expresidenta.
El camino a recorrer todavía es largo. Las posibilidades de acuerdos que eviten la ruptura hoy parecen escasas, pero la política es el arte de lo posible para hacer lo necesario. “No se puede acordar con Máximo y Cristina porque ellos no están dispuestos a negociar”, asegura en off uno de los hombres fuertes de la provincia de Buenos Aires y termina por delinear el marco de acción que cree tener el gobernador.
En tanto, desde el Instituto Patria, aseguran que cuentan con una ventaja, tienen candidatos. Ya sea la propia Cristina, Máximo o Mayra Mendoza. En cambio, la construcción del frente que podría acompañar a Kicillof aún está en proceso y no hay nombres que descollen y cualquier movimiento brusco puede tensionar el armado insipiente.
Para matizar la espera hasta que la disputa se haga imposible de disimular, los militantes que acompañaron a Máximo Kirchner en La Plata estrenaron canción. No sorprendieron. Si bien evitaron la palabra traidor, el apuntado fue Axel Kicillof.
“Cristina es la conducción, Vamos a ver si lo entienden / Somos soldados de Perón, Y la Patria no se vende / Yo siempre te voy a seguir, No me importa lo que digan / Y si querés otra canción, Vení te presto la mía", cantaron los militantes en La Plata.
Quizá el Gobernador no deba preocuparse por los cánticos. La historia reciente muestra que esos mismos jóvenes que se rompían la garganta para dejar en claro que Massa era un traidor, 10 años después terminaron militando la boleta que lo llevó como candidato a Presidente.