Las encuestas volvieron a fallar. Hubo sorpresa. La realidad electoral argentina está ahí y es tan compleja como el peronismo. El país que cumple 40 años de democracia ininterrumpida no parece darle lugar, por ahora, a aventureros ni amateurs. La política profesional se impuso.
Ganó Sergio Masa a nivel país, la tercera fue Patricia Bullrich y entre los dos sumaron poco más de 60% de los votos. A eso hay que sumarle lo conseguido por Schiaretti y Bregman. La cuenta no es complicada, la política tradicional todavía tiene el respaldo del 70% del electorado, algo para nada despreciable en el medio de una crisis económica profunda y sostenida. Falta saber qué pasará en el balotaje. El pronóstico vuelve a ser incierto.
Correr de atrás
La recta final entre las PASO y las generales no fue fácil para el candidato del oficialismo. Las PASO dejaron secuelas. El aturdimiento producto de la bomba política que cayó, en forma de resultado electoral, sobre el sistema democrático argentino tardó en disiparse. En ese marco, Massa en particular y el peronismo en general, decidieron dar la pelea. La discusión no fue sólo por los votos, sino por romper con esa sensación pospaso que depositaba a Javier MIlei en la Casa Rosada después del 10 de diciembre.
Ante ese escenario, El candidato oficialista y ministro de Economía trabajó para construir un balotaje. Pero no sólo una segunda vuelta, sino un mano a mano que muestre al peronismo competitivo. El camino no fue sencillo y empezó con un daño autoinflingido, una devaluación del 22 %.
El ministro candidato, a partir del lunes posterior a las PASO, comenzó un camino vertiginoso. Romper, hasta donde se puede, para reconstruir todo: el bolsillo, la esperanza y las posibilidades reales de una victoria electoral. Una estrategia de alto riesgo en condiciones normales, una jugada demasiado al filo para una Argentina impredecible. ¿Cuántos cisnes negros puede haber en una campaña electoral? La respuesta es sencilla si se trata de Argentina: tantos como días falten para votar. Pero Massa apostó y ganó.
La estrategia fue clara, el propio Sergio Massa la expuso después de haber realizado la devaluación. "Ahora vendrán las medidas para recomponer el poder adquisitivo de la gente", explicó. Y así fue. Los anuncios que se hicieron rápido, tardaron en impactar en la calle. En el medio hubo saqueos o robos en banda, y sobre el final de la campaña una corrida cambiaria. Pese a eso Massa fue el candidato más votado.
El voto y su contexto
La recuperación no llega. La crisis XXL que surfea la Argentina desde tiempos de Mauricio Macri parió a Milei. Al fenómeno libertario lo explica el fracaso interno, pero se lee en clave internacional. Dos gobiernos consecutivos, de signo político contrario, no pudieron cumplir con su contrato electoral, esa es la explicación interna. La alternativa al fracaso de lo tradicional ya no es la izquierda, esa es la clave internacional. Una ola que rompió primero en la escollera de Macri y ahora lo hace en Milei.
Ante la incertidumbre de eso que se presenta como lo nuevo, el oficialismo intentó aportar alguna certeza y lo atacó ofreciendo soluciones tradicionales. El menú incluyó bonos, paritarias altas, créditos, y cuotas, en la medida de lo posible. Una apelación a la memoria emotiva de la época de sueldos altos y consumo desmedido.
Pero no sólo de la gestión se nutrió el triunfo del candidato oficialista. La política hizo lo suyo. El recuento detallado voto por voto dará las explicaciones del caso.
Lo que viene
Massa y el peronismo tiene 30 días de campaña por delante. Una vela prendida a la economía y jugar a la política para evitar los cisnes negros. El trabajo aparece como titánico frente a la coyuntura. El escenario aún está abierto. No hay derrota ni triunfo asegurado. El juego de seducción de los votantes ajenos comenzó. El peronismo/Massa/Unión por la Patria, ofrece soluciones tradicionales para problemas de siempre. Allí se paran, con la recuperación post 2001 como trofeo, a ofrecer cordura frente a la invitación a saltar al vacío. Ante este escenario sólo surge una pregunta ¿Alcanzará?