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Hoy se conmemora el Día de la Futbolista Argentina por la gesta de Elba Selva y la Selección Argentina de 1971 que venció 4 a 1 a Inglaterra en México. Pero esa historia esconde una más grande: el suceso increíble del primer Mundial de fútbol femenino que se disputó ante multitudes récord y que la historia decidió borrar durante medio siglo. El documental Copa 71, disponible en Netflix y producido por las tenistas Venus y Serena Williams, recupera ahora esas imágenes perdidas y los testimonios de las protagonistas de un torneo que reunió a 112.500 espectadores en la final y que constituye el récord histórico de asistencia a un evento deportivo femenino.

El torneo se disputó en México entre agosto y septiembre de 1971, apenas un año después del Mundial masculino que ganó Brasil con Pelé. Seis selecciones participaron del campeonato: Argentina, México, Dinamarca, Inglaterra, Francia e Italia. Aunque la FIFA nunca reconoció oficialmente este Mundial —considera que el primero fue el de China 1991—, el evento fue avalado por la Federación de Fútbol Femenino Europeo Independiente (FIEFF) y tuvo una repercusión masiva que las imágenes confirman: estadios colmados, multitudes apasionadas y un nivel futbolístico que desmiente los prejuicios de la época.

Los directores Rachel Ramsay y James Erskine tardaron 18 meses en recopilar material audiovisual disperso en archivos de Italia, Francia y México. El documental, que se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto, no solo rescata las jugadas y los goles, sino también los testimonios de las mujeres que protagonizaron esta historia silenciada.

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El negocio detrás del espectáculo

La Copa 71 no surgió por casualidad ni por una vocación feminista de los organizadores. Empresarios mexicanos, liderados por la corporación Televisa, identificaron una oportunidad comercial tras el éxito del Mundial masculino de 1970. El objetivo era claro: aprovechar la infraestructura de los estadios recién utilizados y mantener el impulso televisivo del año anterior.

"Combinaba las dos grandes pasiones masculinas: el fútbol y la mujer", explicaron a la prensa de la época, en una frase que desnuda el machismo de aquellos años pero también la visión de negocio detrás del proyecto. Martini Rossi, la multinacional de bebidas italiana, patrocinó el evento y cubrió viajes, alojamiento y equipamiento de las selecciones participantes.

La apuesta funcionó comercialmente: las entradas se agotaron, los precios fueron similares a los del Mundial masculino y la cobertura mediática fue masiva. Sin embargo, la FIFA intentó boicotear el torneo, amenazando con sanciones a la Federación Mexicana de Fútbol si permitía el uso de sus estadios. Televisa resolvió el conflicto utilizando sus propias instalaciones: el Azteca y el estadio Jalisco de Guadalajara.

El éxito de público desmintió uno de los argumentos más repetidos contra el fútbol femenino: que no genera interés ni ingresos. El partido inaugural entre México y Argentina reunió a 100.000 espectadores en el Azteca, mientras que el encuentro México-Inglaterra atrajo a 80.000 personas. La final, con 112.500 asistentes, estableció una marca que permanece vigente más de cinco décadas después.

Las pioneras argentinas sin respaldo oficial

El equipo argentino llegó a México sin camisetas ni botines y sin respaldo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). La organización local tuvo que resolver esa falencia de última hora, proporcionando el equipamiento necesario. Las jugadoras viajaron por cuenta propia y muchas tuvieron que pedir licencia en sus trabajos para representar al país en un torneo que las autoridades futbolísticas locales preferían ignorar.

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Elba Selva tenía 29 años cuando se convirtió en la estrella del equipo. Era madre de un niño de dos años, trabajaba en una fábrica de medias en General Rodríguez y se desempeñaba como número 10 y capitana del conjunto nacional. En el partido contra Inglaterra, ante 90.000 espectadores, marcó cuatro goles en una victoria 4 a 1 que quedó como uno de los momentos más brillantes del torneo.

Betty García, la número 9 de aquel equipo, es la única que conserva la camiseta que usó en el Mundial. El resto de las futbolistas regresó a la Argentina sin reconocimiento oficial y con la sensación de haber protagonizado algo extraordinario que nadie valoraba. Fue recién en 2021 cuando diversas legislaturas argentinas y el Congreso de la Nación establecieron el 21 de agosto como Día de la Futbolista Argentina, en conmemoración de la fecha de la victoria ante Inglaterra.

La iniciativa partió de Lucila Sandoval, ex arquera del torneo, quien se dedicó a buscar a sus compañeras de equipo durante años para crear un espacio que visibilizara su hazaña. "Pelearon tanto las argentinas por defender lo logrado", describe el documental sobre la lucha de estas mujeres por obtener reconocimiento.

Los testimonios de una generación silenciada

"¿Vos decís que yo hice historia?", le pregunta a sus interlocutores detrás de cámara Elba Selva, de 79 años, en una de las escenas más emotivas del documental. La incredulidad en su voz refleja el impacto de cinco décadas de olvido. "Fue lo más lindo que viví en mi vida", agrega la ex jugadora, quien conserva aún hoy la habilidad con la pelota que la convirtió en goleadora del torneo.

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Las jugadoras de diferentes países coinciden en describir aquellos días mexicanos como una experiencia liberadora. "En esos días sentí libertad por primera vez", relata la mexicana Silvia Zaragoza. "Se sentía como si tuviéramos alas", define la francesa Nicole Mangas. "No jugábamos al fútbol porque queríamos ser como hombres, jugábamos porque nos gustaba el fútbol", explica la danesa Birte Kjems.

El torneo las enfrentó a un mundo que las rechazaba por jugar al fútbol. En Inglaterra, la Football Association (FA) había mantenido la prohibición del fútbol femenino durante 50 años hasta 1971. En Brasil, la actividad fue criminalizada entre 1941 y 1979. En Francia, un periodista describía el fútbol femenino como "una curiosidad, erótica y cómica a la vez", mientras que medios estadounidenses titularon: "El fútbol se vuelve sexy al sur de la frontera".

Sin embargo, en México experimentaron algo diferente. Aunque eran amateurs, fueron tratadas como verdaderas deportistas profesionales: se alojaron en hoteles, entrenaron en canchas de primer nivel, firmaron autógrafos y fueron seguidas por multitudes de fanáticos. "Todas tenemos sueños locos pero no todos se hacen realidad", reflexiona la danesa Ann Stengard, resumiendo la excepcionalidad de aquellos días.

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El legado de las precursoras

Estas futbolistas hicieron exactamente lo mismo que cualquier selección masculina: viajaron, se concentraron, entrenaron y compitieron al máximo nivel. La diferencia fue que cuando regresaron a casa, el mundo las ignoró. Sus países las sancionaron o las olvidaron, y la FIFA se negó a reconocer el torneo durante décadas.

"Imaginen si jugaran ante 100.000 personas y les dijeran 'No, esto no les pasó'", plantea la directora Rachel Ramsay. El documental desmiente varios mitos: "La idea de que el fútbol femenino no progresó porque las mujeres no lo querían, que no era comercial, que las mujeres no querían jugar y que no eran buenas".

Hoy Elba Selva vive en General Rodríguez, donde practica ping-pong y baila folklore. Cuando sus compañeros de actividades se enteraron de su pasado futbolístico, le preguntaron por qué nunca se los había contado. "No sé, ustedes nunca me lo preguntaron", respondió. Ahora que sabe que hizo historia, también puede recomendarles que vean Copa 71 para conocer sus goles, que finalmente aparecieron después de 50 años de olvido.

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