12 de agosto 2024 - 21:01hs

Del otro lado del teléfono, Luis Novaresio suena fresco, como si recién hubiese amanecido. Casi no se nota el largo día que dejó atrás: además de sus compromisos como conductor de TV, acaba de terminar de grabar el audiolibro de Todo por amor pero no todo, mientras ya mientras sueña con llevarla al cine. Y es que, si es por cumplir sueños, Novaresio tiene un antecedente promisorio: acaba de cumplir su sueño de ser escritor con una primera novela que rápidamente se ha transformado en un éxito de ventas, con una tercera edición en curso que lo ubica como uno de los fenómenos editoriales del año. Con la calidez que lo caracteriza, en diálogo con El Observador cuenta cómo fue que surgió, más de 20 atrás, esta historia en la que una crisis de pareja, un curso de filosofía y las amistades que allí surgen son objeto contante de reflexión sobre el amor, el sexo, la fidelidad y sus límites.

-¿Por qué tu primer libro es una ficción?

¿Por qué no? La verdad es que yo siempre quise escribir ficción: yo tenía absoluta convicción de que tenía ganas de contar historias, y no cualquier historia, tenía ganas de contar historias de amor y que tuvieran que ver con la filosofía. Esto llevó un larguísimo proceso porque… La idea de esta novela tal cual apareció surgió cuando vine a Buenos Aires: yo vivía en Rosario, previo al 2003 -esto lo puedo decir porque todavía no había asumido Néstor, y José Pablo Feinman no había sido todavía declarado como prácticamente el filósofo del kirchnerismo-. Yo me venía todos los jueves al Club Armenia, que está en Armenia casi Córdoba, a hacer un curso de filosofía que iba de Descartes hasta hoy. Probablemente sea el único anclaje con la realidad que tiene la novela, después el reto es ficción. Pero a mí me divirtió venir a hacer este curso porque descubrí que ahí podía haber como una historia. Yo decía: acá pueden encontrarse amigos y pueden debatir de filosofía y encontrar historias de amor. Entonces nada: ¿por qué ficción? Porque yo tenía muchas ganas de escribir. Por suerte las editoriales fueron muy generosas y me ofrecieron escribir en ensayo, o análisis, y yo dije: no tengo la menor gana de hacer eso. Cualquier cosa menos actualidad, tengo demasiada actualidad. Así que bueno, por eso nace la ficción.

-Fogwill decía que cualquiera puede ser escritor porque todo el mundo tiene una historia para contar, pero lo que hay que tener es la valentía para contarla: hay que animarse a contarla. ¿Qué fue lo que más te costó animarte a contar en Todo por amor, pero no todo?

Primero lo que me costó era someterme a la consideración de los otros. En general, para saber este tipo de escribir, razonablemente bien, más o menos… Siempre cuento la anécdota de que Mauro Viale -yo lo quería mucho a Mauro, me cruzaba mucho en América y charlábamos mucho, muy culto, probablemente el tipo que más sabía de Cortázar de los que yo conocí-. Y una vez le dije: tengo ganas de escribir, me miró y me dijo: “si ya escribió Cortázar para qué vas a escribir? Y eso que parece una frase hecha, es un tema, porque vos decís: che, hay tan buenos autores… Y después el hecho de yo ser periodista, con una cierta notoriedad, me parecía que iba a haber mucho de... ‘este porque porque labura en la tele quiere publicar una novela’. Pero me animó mucho conocerla a Magdalena [Ruíz Guiñazú], primero como entrevistador y después como cualquiera, tan generosa que era, y cuando publicó su primera novela yo le hice esta misma pregunta: ¿no tenés miedo? Sí, me dice, obvio, me van a matar. Pero yo tengo muchas ganas, es más fuerte el deseo que el palo que me pueda dar alguno que no me interesa, y un poco me animó eso.

Todo por amor pero no todo

-Sos un periodista serio, respetado, y nos sorprendés un poco a todos con una novela en cuya trama hay sexo, drogas, experiencias límite... ¿Cómo te animaste a eso?

Yo tenía ganas de, como te dije, escribir historias de amor y de poner un poco en cuestión este mandato del amor como “la media naranja” o como el uno para el otro, para toda la vida… Con Braulio [Bauad, su marido] nos reímos mucho con esa historia de los que suponen que la pareja habilita la permanente primera persona del plural. Nos encanta el chocolate. No nos gusta ir a la montaña. Esa cosa es simbiótica, los psicoanalistas dicen pareja simbiótica. Y yo tenía ganas de discutir eso. Si había alguien que tenía una pareja simbiótica era por decisión, no por mandato. Entonces, bueno, me pareció que en las historia de amor apasionado hay sexo. En un recorte de la sociedad el tema de consumo de drogas recreacional está, y me pareció que no estaba demasiado escrito eso, salvo Jaime Bayly, que se atrevió mucho a escribir de manera muy urbana, no estaba muy escrito. Me pareció que estaba bueno abordarlo. Sí, obvio que me pareció que era un riesgo que tomaba. Pero si escribía una novela, el riesgo ya estaba todo dicho, así que la temática era como una cosa secundaria.

-Alguien dijo, no recuerdo quién, sobre Sarmiento que lo que hacía de Sarmiento un escritor es su amabilidad con lo diferente. Por eso Sarmiento es un escritor y no un político. En la novela hay una amabilidad con lo diferente… ¿Cuál fue la diferencia que más te costó llevar a la novela?

Es interesante esto que decís, y ya te contesto esto, pero yo me propuse algunas cosas. Primero me propuse que no hubiese ninguna cuestión política que estuviera discutida en la novela. Pero ahí alguien me decía ‘bueno, la despenalización de la droga para uso personal es un tema de la política’. Bueno, ponele… Te concedo eso. También decidí que en el mundo de mi novela no hubiese homofobia porque me parece que hay tanto reverdecer de la homofobia que no quería, en este ejercicio de imaginación mía, apareciera. Y ¿que me costó? Me costó no juzgar a los personajes. Lo que más me costó es no juzgar a los personajes. Yo me siento incómodo con algunos de los personajes, por montones de temas, por sus actitudes, con el caso de Eva, con su toma de decisión dramática, en el caso de Ana, también en el caso de Hugo. Yo me sentí incómodo con muchas cosas de los personajes, pero decidí no juzgarlos, escribirlos. Cuando empecé a escribir, la editorial me propuso trabajar con Silvia Itkin, que es una gran editora y una gran periodista. Me decían ‘es como tu personal trainer’. Todos los miércoles yo tenía que entregar material y lo que hizo Itkin, que a mí me ayudó un montón, fue decirme ‘no la escribas cronológicamente, escribí todo un personaje, escribí todo Ana, escribí todo Uno, escribí todo Eva y después vemos cómo se cruzan’. Entonces yo medio como que me subí a los personajes… Yo estaba incómodo con Ana, no me gustaba lo que hacía Ana, no comparto lo que estaba haciendo Ana y me parece que después de leerlo no resulta que el autor está enojado con Ana. Con qué diferencia me sentí más incómodo no me doy cuenta, lo que sí me sentí muy incómodo y traté de no hacerlo es no juzgar a los personajes.

Hay algo de experiencias muy extremas en la novela y en los personajes, que uno inevitablemente piensa, ¿qué hizo Luis de todo esto? ¿qué experimentó? ¿Se puede escribir sobre algo que uno no experimentó, que le contaron?

Bueno, definitivamente sí. Pongamos dos ejemplos extremos de dos autores de distinta enorme categoría. Flaubert es el escritor de Magdalena Bovary, y que sepamos, era un varón. Saltemos a un tipo mucho más elemental, que soy yo mismo, y yo cuento sensaciones del cuerpo de una mujer, qué le pasa cuando le tocan la vagina, y yo confieso no haber tenido nunca vagina. Claro, sí, claro que se puede escribir, indagando, preguntando, conociendo... A mí me dio mucha curiosidad: algunos de los personajes experimentan con drogas. Bueno, nada, fui con la gente del Proyecto Paz, que es un grupo de reducción de daños de acá de Buenos Aires que es genial, y que son geniales, y con la gente de ARDA, que es la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina. Bueno, me senté y les pregunté, para tratar incluso de pifiar, de tener un error técno., sí claro que se puede escribir sobre lo que lo experimentaste.

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-Te preguntaba un poco por sabía que habías estado investigando. Hay una especie de creencia, entre quienes no escriben, que uno se sienta y las oraciones fluyen, cuando en realidad hay mucho trabajo detrás...

Ah no, no pasa eso, hay que decir que no pasa eso, no, claro.

-¿Cómo fue, porque vos tenés la práctica de escribir, pero tenés la práctica de escribir sobre actualidad, cómo fue sentarte a escribir literatura? Si tenés que hablarle a alguien que tiene ganas y está pensando una novelita que la viene masticando o un cuento o lo que sea...

Para mí hay tres recomendaciones, jamás consejos, tres recomendaciones: escribir, escribir, escribir. No hay otro modo. Es un oficio que hay que ejercerlo: esta cosa del 90% de sudor y 10% de inspiración me parece que es cierto. Hay que escribir, escribir y mostrar. Hay que mostrar. Yo siempre digo, está bueno ir a talleres de escritura, no importa cuál sea -Liliana Heker sería ideal-, pero a todos, a cualquiera, porque esto te vincula con un alguien que viene y te obliga a mostrar, e incluso a no aceptar lo que tenés. Escribir y escribir... Primero yo tenía calro qué le pasaba a cada personaje desde que me senté. Pinté una pared de negro en mi viejo departamento, como si fuera un pizarrón, y escribí a los cinco personajes principales. Yo tenía que re claro lo que le iba a pasar desde el principio hasta el final. Y después escribir... Labure mucho, mucho, mucho... Me gustó mucho hacerlo con las contrariedades del caso, pero me gustó mucho.

-La novela tiene algo de cinematográfico. Es una de esas novelas que mientas uno la lee, se las imagina y lo primero que piensa es esto merece una adaptación al cine.

Ojalá. Mi fantasía más secreta, totalmente ridícula e infundada, cuando yo escribía con Itkin, yo decía ojalá esto devenga una serie... ¿Viste la serie que hizo Lali Espósito, El fin del amor, que escribió Tamara Tenenbaum, que me gusta mucho lo que hace. Yo decía, puede ser por acá. Y es más: secretamente se le ha dado hasta ahora a dos actores, que yo me imaginé. Cuando yo escribí a Berta Orlás, la profesora de filosofía, me imaginaba a Mirta Busnelli, el physique du rol. Y se lo mandé a Mirta. Y cuando escribí a Uno, me lo imaginaba a Luciano Cáceres. Y se lo mandé. Y a las tres horas que se lo mandé, me dijo, voy por la tercera parte, estoy fascinado. Y hoy, no ayer ni mañana, hoy, me dijo, la terminé. Ahora me quiero sentar a hablar con vos porque quiero que me cuente cosas. Fue muy elogioso, con lo que me dijo. Sí, tiene... yo le di una mirada audiovisual. Y aparte algo que me gustó, es que me parece que cuando yo decía, bueno, ¿tengo una voz como autor?, hay algo que me gusta de los diálogos, que los diálogos son interesantes entre los personajes.

-Sí, claro, en una novela como la tuya, en la que quiere tocar temas filosóficos, muchas veces se transforman en un plomo, cosa que no te pasa a vos. Digo: se tocan temas profundos pero no son un plomo, ¿eso te llevó mucho trabajo?

Mucho trabajo, porque yo quería que fuera entretenida. Yo tuve algunas cosas claras, como te decía. Por ejemplo, quería que fueran capítulos cortos. A mí me inspiró mucho en lo atractivo de la lectura Patria de Fernando Aramburu: es una novela muy voluminosa pero de capítulos muy breves y me parecía que le daba una tensión a cada capítulo que lo hacía muy atractivo. O sea, no te amilanaba que fuera tan extensa, entonces yo dije quiero que sean capítulos cortos. Y después que jamás tuvo pretensión de rigor académico-filosófico: sobrevuela algunos temas por ahí, sí, entre algunos autores, pero me parecía que primero no tenía condiciones de profundizar, y segundo que detenerme demasiado en los autores, en lo profundo, me parecía que iba a ser tediosa a la novela. Entonces encontré un mecanismo con esta procesora, que pone algunas líneas de algunos pensadores, e inmediatamente lo vincula con lo que le están pasando a los personajes.

-Sé que estás trabajando en el audiolibro, por lo tanto, la estás volviendo a leer.

Acabo de terminar hoy, hoy a las 7 de la tarde terminé de grabarlo.

-¿Qué te pasa ahora que la volviste a leer y que la volviste a leer en voz alta?

Es tremendo, primero yo no sabía el desgaste que es grabar un audiolibro. Segundo encontré errores... ¡cómo puder haber puesto esto acá! O Había errores incluso de la redacción, que se pasaron, de eso soy implacable... El operador, divino, que me grababa me decía, '¿te podés relajar un poco?'. Y después me sorprendió. Hoy tuve que leer todos los desenlaces de los personajes, el reencuentro de Uno y C, el desenlace del matrimonio de Ana, la reaparición de Eva y yo dije... ¡wow! ¡Qué carga emocional que tienen estos tipos! Me gustó algo que después de leerla creí que hay un común tibio pero persistente homenaje a la amistad. Está bueno, esos amigos, está bueno lo que han creado desde que se conocen.

-Desde que salió el libro se agotó, ya va por la tercera edición, ¿no?

Una barbaridad. Y esta semana me mandaron algo que me pareció... Lo tengo ahí guardado, me decía Itkin 'enmarcalo', porque hay como un ranking de ventas de las librerías grandes y la primera ficción que más se vende es la de En agosto nos vemos, la de García Márquez, y la segunda es la nuestra. ¡A la miércoles! En tiempos de crisis, las ventas son pobres. Cuando publicaba Majul Los dueños de la Argentina, se vendía un millón de ejemplares. Ahora sos best-sellers con 10.000 ejemplares, ¿no? Pero nos está yendo bien, por suerte.

-Y de todo este público que te ha leído, ¿cuál fue la devolución más sorprendente? ¿La que te puso más contento? ¿La que te llamó más la atención por ahí, no tan felizmente?

La más gratamente sorprendente es la de... mamás, de dos mamás, de pibes gays, que me dijeron 'empecé a leer y me preocupé' -porque los primeros capítulos son heavy-, y una de ellas me dijo en realidad yo pensé que lo leía para comprender más a mi hijo, y terminó interpelándome más a mí en el vínculo con mi esposo, y me pareció genial esa historia. Y es muy sorprendente porque yo tengo un público fememinio, de mujeres grandes.... Y no es cómodo el comienzo de la novela. Y muchas me decían, bueno, me costó al principio, pero qué bueno, me emocioné al final. Y así desagradable no he tenido nada, a lo sumo un comentario de un colega periodista gráfico que escribió una cosa así como que era una, una novela chick-lit, yo no sabía esa categoría, como para las chicas que leen Más Platón, menos Prozac. Yo dije, bueno, que sé yo... Pero no he tenido ningún disgusto por ahora.

-¿Cómo sigue tu carrera como escritor? ¿Tenés ya pensado algún otro libro?

Cuando salió editado el libro físicamente, que lo teníamos en la mano, fui a la editorial para firamar algunos ejemplares para mandarle a algunos, Fernanda Mainelli, que es mi editora, que es rosarina como te decía, lo miraba.... Costó mucho encontrar la tapa, a mí no me gustaban ninguna de las tapas que me proponían, y es una creación de un amigo mío que es director de arte, Martín Zavala Monzón, y entonces dudábamos con la tapa, y a mí me gustó, yo la defendí un montón. Entonces me dice Fernanda: qué lindo, finalmente quedó lindo, y acariciaba el libro y me dice, 'pero bueno a mí me gustaría saber qué le pasa a Orlas, y por ahí Ana vuelve con Néstor, una segunda parte...' ¡Te calmás, Fernanda, con este tema! Pero secretamente yo tuve que reconocer que había empezado a escribir como una segunda parte de este mismo grupo, de este curso de filosofía.

-Nosotros nos conocemos hace ya... no saquemos cuenta pero...

No, no hagamos cuentas, no...

-Pero digo... Estás muy diferente, estás... ¿Te ves bien escritor, padre, periodista, hombre de familia? ¿Te imaginaste así? ¿Pensaste alguna vez que te iba a encontrar así la vida a esta edad?

No, no, no... Ni en los más disparatados sueños me imaginé. Por ahí me dicen, bueno, '¿te imaginabas casarte? No por dos motivos: primero porque cuando yo era joven no había opción de matrimonio, ni había visos de que esto pudiera pasar. Entonces no lo imaginé. Tampoco me imaginé casándome porque yo era... Daniel Hadad se ríe porque me dice 'vos escribiste en infobae que el matrimonio era un contrato de sujeción', pero la vida me encontró... No, no me imaginé este presente, creo que fue muy generosa la vida conmigo, yo le puse garra, eh. Y también tibio, un pequeño homenaje al psicoanálisis con un psicoanalista que lo atiende a Uno, que lo insita a perseguir el deseo. Y yo soy un hijo del psicoanálisis, soy una analizante desde muchos años, y siento que ese camino me ayudó también a encontrarme donde estoy ahora.

-Ya cumpliste la fantasía del escritor. ¿Hay alguna otra que puedas contarnos que tengas pendiente?

Mi fantasía sería vivir de la escritura, ser un escritor que cada tanto incursiona en el periodismo, no un periodista que cada tanto incursiona la literatura, esa sería mi fantasía. Otra fantasía, ya no, ¡no me da el cuerpo! Actor porno ya no me da... Pero yo estoy disfrutando mucho este momento que estoy viviendo. Estoy disfrutando de tener un esposo con el que estamos construyendo día a día una forma de relacionarnos, como te decía, el ser padrastro de una niña de 6 años, eso me da muchísima felicidad y que está entrando en este momento acá donde estoy yo... Y bueno, en este momento siento como algo que no esperaba, como que he sido muy dichoso.

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