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Peter Thiel llegó a Buenos Aires con su familia hace algunos días, alquiló una casa en Barrio Parque y se instaló en la ciudad con la tranquilidad de quien no tiene apuro. Pero el cofundador de PayPal y Palantir Technologies, uno de los inversores más influyentes y controvertidos del mundo tecnológico, tampoco dejó de hacer negocios ni política.

Este jueves se reunirá con el presidente Javier Milei, en un encuentro que retoma un vínculo iniciado en 2024 y que tiene tanto de afinidad ideológica como de interés estratégico. Además de ese encuentro, según informó Infobae, Thiel almorzó días antes con el asesor presidencial Santiago Caputo, asistió al último súper clásico entre River y Boca y analiza comprar propiedades tanto en la ciudad de Buenos Aires como en la Patagonia.

El viaje tiene un propósito declarado de descanso familiar. Thiel viajó junto a su esposo, Matt Danzeisen, ex vicepresidente de BlackRock, y sus hijos, escoltados en todo momento por un equipo de guardaespaldas y asistentes. El empresario argentino Martín Varsavsky, amigo de Thiel e inversor en su fondo Founders Fund, explicó que el magnate también mira al país como un posible refugio ante una eventual crisis global. "Su interés por la Argentina es parecido al mío: un país curioso, diferente, contradictorio pero ahora muy bien encaminado, y además un refugio para la tercera guerra mundial nuclear, que esperemos que no sea necesario pero que es siempre una posibilidad", señaló Varsavsky. Founders Fund, uno de los fondos de capital de riesgo más exitosos del mundo, también tiene las antenas desplegadas en busca de emprendedores locales con potencial. "Peter invierte en gente, en fundadores, por eso es un inversor diferente", agregó.

Un perfil que no encaja en ningún molde

Thiel nació en Alemania en 1967 y creció en California. A los 31 años cofundó PayPal junto a Elon Musk, la plataforma de pagos digitales que transformó las transacciones en internet y que fue adquirida por eBay en 2002. Dos años después hizo la apuesta que lo inmortalizó en la historia del capital de riesgo: invirtió 500.000 dólares en Facebook, la red social que entonces era un proyecto universitario de Mark Zuckerberg, y obtuvo retornos que multiplicaron esa cifra por miles. Hoy su patrimonio personal ronda los 30.000 millones de dólares.

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En 2003 cofundó Palantir Technologies, una empresa de análisis de datos masivos que nació con apoyo de la CIA y que hoy vale más de 300.000 millones de dólares en el mercado. Sus sistemas son utilizados por agencias de inteligencia, fuerzas armadas y organismos estatales de todo el mundo. Sólo en 2025, Palantir firmó con el Ejército de los Estados Unidos un contrato de 10.000 millones de dólares para centralizar el manejo de software y datos durante la próxima década. Al margen de los contratos militares, la empresa también provee herramientas al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para el análisis de datos en operativos migratorios, lo que la convirtió en blanco de críticas de organizaciones de derechos humanos. El nombre de la compañía proviene de las "piedras videntes" de El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, de quien Thiel es declarado fanático.

Thiel es además el principal responsable de Founders Fund, con inversiones en SpaceX, Stripe y LinkedIn, entre otras compañías de altísimo valor. Esa trayectoria lo ubica en el centro de lo que se conoce como la "mafia de PayPal", el grupo informal de emprendedores que surgieron de esa plataforma y que luego fundaron algunas de las empresas más influyentes del planeta.

Ideas que incomodan a la izquierda y a la derecha

Thiel se define como libertario, aunque su pensamiento desborda esa etiqueta por varios costados. Fue uno de los pocos ejecutivos de Silicon Valley que apoyó públicamente a Donald Trump en 2016, cuando esa postura le costó relaciones y contratos. Ese año habló en la Convención Nacional Republicana, un gesto que muchos de sus colegas consideraron, en sus propias palabras, "uno de los más peligrosos" que habían visto. El tiempo le dio la razón, al menos en términos de influencia: hoy gran parte del mundo tech orbita en torno al trumpismo, y figuras como Elon Musk, Marc Andreessen y David Sacks siguieron un camino que Thiel abrió casi solo. Fue además el impulsor de la carrera política de JD Vance, actual vicepresidente de los Estados Unidos, a quien conoció en Yale en 2011 y al que acompañó con 15 millones de dólares en su campaña al Senado en 2022.

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Su relación con la Argentina no es nueva. En 2024 se reunió dos veces con Milei en la Casa Rosada, y en octubre de ese año, ante el Economic Club of Miami, definió al país como "una versión extrema de lo que está pasando lentamente en muchos de los países desarrollados". Su tesis es tan provocadora como simple: lo que le ocurrió a la Argentina durante cien años de decadencia peronista podría ocurrirle a Estados Unidos y Europa, si no se detiene a tiempo el avance del gasto público, la burocracia y el estatismo. En ese marco, el experimento de Milei le resulta fascinante. "Sería muy bueno que a la Argentina le vaya bien y que acá no tengamos que pasar por los 100 años de declive argentino antes de tener a nuestro propio Milei", dijo aquella noche en Miami.

El pensador que mezcla tecnología, política y teología

No todo en el universo Thiel es inversión y estrategia. El magnate tiene una faceta intelectual que resulta difícil de clasificar y que en los últimos meses generó tanto interés como perplejidad, y que en algunos sectores directamente alimenta teorías conspirativas y lecturas que lo presentan como una figura siniestra. Entre septiembre y octubre pasados dio en San Francisco una serie de cuatro conferencias pagas —las entradas se agotaron en horas a 200 dólares cada una— en las que desarrolló sus ideas sobre el Anticristo. Thiel, que se describe como "cristiano ortodoxo en minúscula", argumentó que en el siglo XXI el Anticristo no sería un científico enloquecido sino un líder que usaría el miedo a las catástrofes —la guerra nuclear, el cambio climático, la inteligencia artificial— para justificar un gobierno mundial y detener el progreso tecnológico. Con esa lógica, calificó a la activista climática Greta Thunberg y al filósofo Eliezer Yudkowsky como "legionarios del Anticristo". Las conferencias se realizaron con estricta prohibición de grabaciones, aunque trascendieron gracias a asistentes que tomaron notas y a fuentes que facilitaron registros al diario británico The Guardian.

Ese mismo pensamiento está en la base del manifiesto que Palantir publicó hace pocos días: 22 puntos en los que la empresa defiende la construcción de armas de inteligencia artificial, el papel de Silicon Valley en la defensa de Occidente y la necesidad de revertir el "debilitamiento" de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Las ideas de Thiel, que él mismo presenta como una crítica al globalismo y a la tecnocracia, suelen ser interpretadas de maneras muy distintas según quién las lea: para unos son un diagnóstico lúcido sobre los riesgos del poder concentrado; para otros, una justificación sofisticada de posiciones autoritarias. Pocas figuras del mundo tech generan consensos tan escasos.

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