Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, se ha convertido en uno de los pensadores más influyentes de la derecha tecnológica. Conocido por sus apuestas en política y tecnología, Thiel ha mantenido una postura crítica sobre el rumbo actual del progreso. En una reciente conversación con Ross Douthat, el inversor reflexionó sobre el estancamiento tecnológico, la necesidad de asumir riesgos mayores y la búsqueda de la inmortalidad a través de la inteligencia artificial (IA).
A lo largo de su carrera, el magnate tecnológico alemán ha defendido la idea de que la humanidad ha entrado en una fase de estancamiento, especialmente en comparación con los avances vertiginosos de los siglos anteriores. En 2009, en su célebre ensayo El fin del futuro, Thiel argumentaba que el ritmo de progreso se había desacelerado, y esta visión persiste en su pensamiento actual.
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"Nunca fue una tesis absoluta. La afirmación no era que estuviéramos absolutamente atascados; era de alguna manera una afirmación sobre cómo la velocidad se había ralentizado", dijo en el podcast Interesting Times, ante la consulta del periodista de The New York Times de si en 2025 mantiene su diagnóstico.
"Entre 1750 y 1970, más de 200 años, fueron períodos de cambio acelerado. Nos movíamos implacablemente más rápido: los barcos eran más rápidos, los ferrocarriles eran más rápidos, los coches eran más rápidos, los aviones eran más rápidos. Culmina en las misiones Concorde y Apollo. Pero entonces, en todo tipo de dimensiones, las cosas se ralentizaron", aseguró Thiel, aunque dijo que siempre hizo una excepcion para el mundo de los bits.
Según el inversor, aunque la tecnología digital ha transformado el mundo, la innovación tangible en sectores como la física, la biotecnología y la energía nuclear ha disminuido considerablemente.
El auge de la computación, el internet y, más recientemente, las criptomonedas y la IA, no han sido suficientes para revertir una sensación generalizada de estancamiento. Thiel plantea una cuestión fundamental: ¿estamos realmente progresando o simplemente engañándonos a través de innovaciones tecnológicas que, si bien significativas, no resuelven los problemas estructurales de la sociedad?
Para el empresario, de 57 años, la desaceleración del progreso tiene raíces profundas. No se trata solo de una cuestión de velocidad, sino de cómo la sociedad ha dejado de aceptar riesgos. Las instituciones se han vuelto reacias a la innovación y, como resultado, muchas de las grandes promesas tecnológicas parecen haberse quedado en el camino.
La IA y los peligros del progreso descontrolado
Sin embargo, Thiel ve en la inteligencia artificial (IA) una posible solución, aunque no sin riesgos. Mientras muchos en Silicon Valley consideran que la IA puede transformar radicalmente la sociedad, Thiel mantiene una postura escéptica. Él cree que la IA es "lo único que tenemos", pero no está convencido de que vaya a ser suficiente para superar el estancamiento que afecta a otros campos del conocimiento. La IA, según él, podría generar un progreso limitado, similar al impacto que tuvo Internet en la economía, pero no parece capaz de transformar la sociedad al nivel que muchos esperan.
"Me gustaría tener un progreso más multidimensional. Me gustaría que viéramos a Marte. Me gustaría que tuviéramos curas para la demencia. Si todo lo que tenemos es IA, lo tomaré", aseguró.
El alemán también reflexionó sobre los peligros que conlleva un progreso descontrolado en la inteligencia artificial. Aunque la IA podría resolver problemas complejos, como el envejecimiento, también plantea serias preguntas sobre el control de la tecnología. Thiel plantea un futuro distópico donde la IA podría ser utilizada para imponer un régimen totalitario, no a través de la creación de máquinas monstruosas, sino a través del control de la información y el uso del miedo existencial.
El riesgo, según Thiel, es que los avances tecnológicos sean aprovechados por gobiernos para imponer un control global, bajo la premisa de la "paz y seguridad", lo que podría dar paso a un mundo gobernado por una tecnocracia autoritaria. Este temor se conecta con su visión del Anticristo: no como un personaje oscuro de la ciencia ficción, sino como una figura que utiliza el miedo al progreso tecnológico para consolidar su poder.
A pesar de estas preocupaciones, Thiel no renuncia a la posibilidad de que la humanidad pueda superar este estancamiento. Para él, la clave radica en asumir más riesgos y desregulaciones en campos como la energía nuclear y la biotecnología, sectores donde, según él, los avances aún podrían tener un impacto transformador.
El apoyo a Trump y la preocupación de Elon Musk
El fundador de Paypal fue uno de los pocos ejecutivos de Silicon Valley en apoyar a Trump en las elecciones de 2016, con las que obtuvo su primer manadato. En la entrevista, explicó que su apoyo no estaba tanto basado en una expectativa de éxito inmediato, sino en la necesidad de una disrupción política.
Según Thiel, Trump representaba una "disrupción" que podía sacar a Estados Unidos del estancamiento. Aunque no tenía grandes expectativas sobre lo que Trump lograría, pensaba que al menos el país podría tener una conversación honesta sobre la situación del país, lo cual no había ocurrido con los republicanos anteriores, como George W. Bush.
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Cuando se le preguntó si el primer mandato de Trump produjo algún cambio positivo en términos de estancamiento y progreso, contestó: "Creo que llevó más tiempo y fue más lento de lo que me hubiera gustado, pero llegamos a un punto en el que mucha gente piensa que algo estaba mal. Y esa no era la conversación que tenía entre 2012 y 2014".
Thiel también se refirió al apoyo de Elon Musk a Trump y en la preocupación del sudafricano sobre el déficit presupuestario, uno de los motivos por los que se enemistó con el presidente.
"Elon Musk expresó algunas ansiedades apocalípticas sobre cómo los déficits presupuestarios iban a matarnos a todos, pero llegó al gobierno y la gente a su alrededor llegó al gobierno diciendo básicamente: 'tenemos una asociación con la administración Trump y estamos persiguiendo la grandeza tecnológica'. Creo que eran optimistas", apuntó.
La inmortalidad: un sueño no realizado
Uno de los temas más fascinantes que Thiel aborda en la conversación es su postura sobre la inmortalidad. El empresario refleja una visión crítica del transhumanismo moderno, una ideología que busca prolongar la vida humana a través de la ciencia y la tecnología. A lo largo de la charla, Thiel menciona la idea de la "inmortalidad" como una meta que ha perdido fuerza, especialmente en comparación con las visiones más ambiciosas de la modernidad temprana.
Thiel, quien en su juventud mostró interés por la criónica, reflexionó sobre cómo la ciencia en su época no logró cumplir las expectativas de curar enfermedades y prolongar la vida de manera radical. De hecho, lamentó que, si bien la inmortalidad fue un ideal de la modernidad, hoy en día, incluso los avances en biotecnología, como la lucha contra la demencia y el Alzheimer, parecen estar "atascados".
A lo largo de la conversación, Thiel defendió que el principal desafío del futuro es la falta de disrupción en la sociedad moderna. Consideró que el sistema actual, con sus instituciones estabilizadas, está siendo incapaz de generar el dinamismo necesario para afrontar los grandes problemas del mundo. Sin embargo, a pesar de los riesgos inherentes a la IA y otros avances tecnológicos, Thiel insistió en que cualquier camino hacia el progreso debe pasar por un cuestionamiento profundo de las normas actuales.