19 de julio 2024 - 8:59hs

El paracaidista Franco Sottile perdió la vida en un acto heroico que sus compañeros de la Fuerza Aérea recordarán por siempre. Ocurrió el viernes 12 de julio durante un entrenamiento de paracaidismo de rutina de la IV Brigada Área en Tandil.

Un error en la destreza, lo hizo enredar con un compañero. En tan solo unos segundos, pensó que si él no se lanzaba, los dos morirían. Con valentía, se animó a soltar la correa esperando que el paracaídas de emergencia lo ayudaría a amortizar su caída. Sin embargo, eso nunca ocurrió y cayó al vacío. Tenía solo 38 años y una vida con familia y amigos por delante.

Un apasionado por los aviones

Franco pasaba horas jugando a la pelota en el Club Atlético y Social San Lorenzo, nadando y haciendo travesuras con sus amigos, pero su verdadera pasión eran los aviones. Era un niño apasionado que dedicaba horas a jugar con sus juguetes y contemplar la realidad de los aviones reales. Así que no fue sorprendente que su fascinación por las aeronaves fuera su perdición. Su deseo era vivir cerca o desde los cielos, y finalmente eso sucedió, aunque no de la manera que él hubiera deseado.

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Al terminar la escuela primaria, Franco Sottile decidió inscribirse en una escuela secundaria con un programa militarizado, que le permitiría combinar su educación con la formación militar. Su horario escolar era intenso, desde las 6:30 de la mañana hasta el mediodía, y después de una pausa para comer, volvía a la escuela desde las 13:30 hasta las 18. Un transporte escolar lo llevaba y lo recogía en casa, acomodándose a su rutina diaria.

No había una tradición castrense en la familia de Franco, ya que su padre Carlos se dedicaba a la instalación de cañerías de gas y agua y no sentía una verdadera pasión por el servicio militar. "Me gustaba lo que escuchaba del servicio militar: el respeto, la educación, la vestimenta, el trato, la educación, el orden. Y me encanta ver los desfiles. Pero se ve que le gustaba muchísimo más que a mí", sostiene su padre. Sin embargo, su interés por la vida militar parecía ser más fuerte en Franco que en él.

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A los trece años, Franco Sottile viajó a la ciudad de Buenos Aires para probar suerte como delantero en las inferiores de San Lorenzo. Sin embargo, a los diecisiete, cambió de rumbo y se dedicó a las carreras de motocross, donde destacó como campeón y levantó varios trofeos. Era un deportista natural, apasionado y perfeccionista. Su familia creía que el peso de sus pasiones deportivas sería crucial para su futuro. Sin embargo, el fútbol y las motos no eran compatibles con su ambición de unirse a la fuerza aérea. Cualquier lesión o obstáculo hubiera sido un golpe mortal a su objetivo.

Lo que sucedió fue aún más sorprendente. Franco decidió abandonar todo e inscribirse en la Escuela de Aviación Militar, con la intención de unirse a la Guarnición Aérea Córdoba, a doscientos kilómetros de su ciudad natal. Superó la preselección y aprobó los exámenes físicos y psicológicos con éxito. Sin embargo, debía aprobar una materia pendiente en secundaria: geografía. En junio se presentó al examen, pero lo dio mal y automáticamente fue desafectado de la fuerza aérea. La oportunidad de su vida se le escapaba de entre los dedos.

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“Me acuerdo que lo fui a buscar a Córdoba. Hablamos con los superiores para que por favor lo esperaran hasta septiembre para rendir de nuevo, pero no lo dejaron. Es muy estricto. Yo pensé que ahí se iba a dedicar a otra cosa, que ya se había frustrado. Empezó a cursar inglés, repasó esa materia, la sacó en diciembre y al año siguiente ingresó de nuevo a la fuerza”, expresó su padre.

Después de completar los cuatro años de formación en la Escuela de Aviación Militar, Franco Sottile optó por especializarse en operaciones especiales y se convirtió en miembro del Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea. Graduado en la promoción '75, se unió al Equipo Militar de Paracaidismo Representativo, conocido como los Águilas Azules. Durante su carrera, Franco tuvo la oportunidad de participar en misiones especiales en Haití (donde conoció a su esposa María Noelia Martínez), Chipre y la Antártida. También estuvo involucrado en una operación de evacuación civil en Israel, donde se encontraban connacionales varados durante el conflicto en la Franja de Gaza.

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"Nos avisó desde ahí una semana después que lo habían citado. Él ya estaba en Israel. Hablaba muy poco de su trabajo, muy poco de lo que hacía, de lo que lograba. Siempre fue muy sencillo, muy humilde, muy callado", recuerda su padre.

Un paracaidista con toda una vida por delante

Sottile compartía una vida tranquila en el barrio porteño de Villa del Parque con su esposa, pero tenía planes más grandes para su futuro. Trabajaba en la base aérea de Moreno y había comprado una casa en Río Cuarto para retirarse allí algún día. Sin embargo, la llamada de la ciudad de Buenos Aires había sido demasiado fuerte y ahora anhelaba instalarse definitivamente en la metrópolis. Cada día, Franco viajaba en tren hacia su trabajo, mientras que su ascenso a capitán lo situaba en un buen momento en su carrera. Tenía sus ojos puestos en un nuevo ascenso en 2025 y también soñaba con ser padre algún día.

Además de su vida laboral, Franco era un miembro destacado de un grupo de élite de paracaidismo. Participaban en exhibiciones aéreas y entrenaban para realizar saltos en terreno diferente. Uno de los eventos más destacados fue cuando entrenaron para caer en la cancha de Independiente durante la Noche del Rey, celebrando los 120 años de vida del club. También participaron en la exposición Agroactiva y en el premio Carlos Pellegrini del Hipódromo de San Isidro, entre otros eventos.

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El 12 de julio de 2024, el miembro del grupo de operaciones especiales de la VII Brigada Aérea y parte de los Águilas Azules, se unió a un entrenamiento en la VI Brigada Aérea de Tandil. El objetivo del ejercicio era demostrar su habilidad en el Trabajo Relativo de Velámenes, una disciplina exclusiva para paracaidistas expertos que requiere el despliegue de formaciones en caída libre.

Dos meses antes, un sargento del Comando de la IV Brigada Aerotransportada del Ejército Argentino, Franco Daniel Maizarez, había fallecido durante “una actividad de adiestramiento operacional programada”. Según informó la Secretaría General del Ejército, el accidente ocurrió en el campo de instrucción militar ubicado cerca del Aeródromo La Mezquita, durante un ejercicio que involucraba el lanzamiento de paracaídas automáticos y alta infiltración en el terreno.

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Los padres de Franco se alarmaron cuando su hijo decidió dedicarse al paracaidismo. Sin embargo, él les aseguró que la actividad era segura y que no había razón para preocuparse. El 5º salto del día sería el último programado para ese viernes. Pero minutos después de las 5 pm, una tragedia se desencadenó. Los paracaídas de Sottile y Ariel Nievas se enredaron en pleno vuelo, y los dos comenzaron a caer violentamente en espiral. Tenían pocos segundos para tomar decisiones críticas.

Nievas logró aterrizar de pie, mientras que Franco Sottile no tuvo tanta suerte. Sin embargo, su sacrificio salvó la vida de su compañero. Franco sabía que no tenía tiempo ni distancia para abrir el paracaídas alternativo, así que decidió desprenderse a 40 metros del suelo y a una velocidad mortal. Murió para evitar que los dos compañeros murieran en el accidente.

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El accidente fatal

Una falla crítica en el aire había marcado el comienzo del desastre. Los paracaidistas intentaron juntar sus velas para dibujar una formación lateral, pero la prueba fracasó. Las razones detrás de este error aún están siendo investigadas. La caída resultó en lesiones graves, y lo encontraron en estado crítico. Como no había una ambulancia disponible en tierra, lo llevaron de emergencia al Hospital Ramón Santamarina, donde finalmente falleció. Su compañero, por otro lado, sufrió heridas leves. El accidente ocurrió a las 17:11 horas. La noticia llegó primero a la esposa de Franco, seguida de sus padres, que se enteraron a las 7:30 pm.

El cuerpo de Franco Sottile llegó al Casino de Oficiales del Área de Material Río Cuarto en Las Higueras el domingo 13 de julio, donde se realizó un velatorio en su memoria. Al día siguiente, su cuerpo fue trasladado al parque del Cementerio Perpetual, donde sus compañeros de armas lo honraron con un cordón de honor y sus familiares y amigos le rindieron un emotivo adiós. En este momento triste, Ariel Nievas y la familia Sottile se reunieron para despedir a su querido amigo."Yo sentía que a él le daba vergüenza venir a saludarnos por todo lo que pasó, por lo que estaba pasando la familia. No se animaba a venir cerca de la mamá, el hermano y de mí. Tal vez él se sentía culpable por estar ahí, vivo", dice Carlos, refiriéndose a la tragedia en la que su amigo había sacrificado su vida para salvar el suyo.

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Ariel había permanecido en la sala velatoria desde el viernes, acompañando el cuerpo de su compañero. La noche anterior, había llegado con el cadáver de Franco y se había quedado a dormir en la sala. Después de la ceremonia de despedida, Carlos contó, "Lo abracé un ratito -confiesa-. Le dije que la vida de él tiene que seguir. No sé si normal, pero tiene que seguir. Y le dije que no tiene que sentirse culpable por nada". Aunque fue un encuentro breve, intercambiaron teléfonos y prometieron reunirse pronto para compartir un café o simplemente charlar. "Le dije que cuando pase el tiempo y me quiera contar bien lo que pasó, que me lo cuente, pero sino no importa. No sé si sirven los detalles", duda Carlos.

Ariel estaba llorando mientras hablaba con Carlos. Su mirada reveló la gravedad del momento y el peso de la responsabilidad que Franco había asumido. "Nos vimos a los ojos y cuando nos miramos, presentí todo lo que iba a hacer el Perro", confesó Ariel, según recuerda Carlos. El apelativo de "Perro" era un término cariñoso y respetuoso que se le daba a Franco, conocido por ser feroz y severo. En ese instante, Ariel y Franco se encontraron cara a cara y no necesitó que el capitán dijera una palabra más para tomar la decisión que le costaría la vida y le salvaría la de su compañero."Él sabía lo que tenía que hacer. Era parte del protocolo. Era lo que tenía que hacer. Nosotros tenemos instinto de supervivencia. Ellos no: para ellos está grabado ‘primero el otro’. Eligió desprenderse sabiendo que no iba a poder abrir el otro paracaídas", dice Carlos con orgullo.

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La forma en que Franco se despidió de la vida, tomando una decisión consciente y racional, es fuente de consuelo para Carlos. "Me da algo de alivio saber que murió así como vivió", afirma con tristeza. El pesar que siente es contenido por las palabras de pésame y los comentarios de amigos y allegados, desde la vicepresidenta Victoria Villarruel y el ministro de Defensa Luis Petri hasta los propios camaradas que conocían a Franco. Sin embargo, Carlos no desea que su amigo sea recordado como un mártir o héroe. "Yo no quisiera que fuera un mártir, un héroe, preferiría que siguiera en la fuerza y estar en Buenos Aires el 5 de agosto festejando su cumpleaños. Pero él no es un héroe ni quería serlo. Él cumplió con sus deberes, hizo lo que tenía que hacer", dice.

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