17 de mayo 2024
15 de mayo 2024 - 9:20hs

Tiempos de homenajes. El peronismo parece sumergirse en el pasado para buscar una brújula de cara al futuro. El movimiento de masas creado por Juan Perón ya no parece estar en las cosas, sólo en las palabras. De transformar la realidad a dar la discusión semántica. ¿En qué está el peronismo?

El peronismo es el gran ordenador de la política argentina. Cuando el peronismo cruje también lo hace el sistema político. A veces termina en tragedia, a veces en un Javier Milei.

El gobierno de Alberto Fernández fue de relato corto y éxitos escasos. Con la mirada puesta en las palabras y las minorías, desatendió la transformación anclada en hechos concretos y la agenda de las mayorías. La derrota inevitable y la convulsión provocada por el exilio del poder. Todo está a la vista.

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Del padre Carlos Mugica, de la opción por los pobres, al presidente Carlos Menem, de la opción por los ricos. En tiempos donde el dolor por los atentados a la Embajada de Israel y la Amia están a flor de piel en la sociedad, el homenaje a Menem en Casa Rosada es un manto que tapa la voladura de la fábrica militar de Río Tercero. En tiempos de hambre y crisis, el homenaje a Mugica en el Instituto Patria es una daga en el pecho de un peronismo que no pudo erradicar la pobreza y se conformó con declaración de un día “del orgullo villero”.

Mirar atrás por un espejo retrovisor que devuelve un pasado on demand, adecuar la historia a los deseos del presente para orquestar un relato que garantice supervivencia. El sayo le cabe al peronismo, pero también a Milei.

La fragmentación de la historia es una adicción del poder. En estas tierras y en cualquier otra. Menem fue el indulto, pero también fue el presidente democrático que se aminó a ordenar a los militares que repriman a otros militares y sentó las bases sólidas de la democracia que conocemos. El riojano fue entrega, pero también soberanía; fue estabilidad y crisis; fue ajuste y consumo. Menem fue todo. Diez años de puro vértigo que son parte de la historia.

Mugica fue gorila y después fue peronista. Optó por los pobres y pudo ser parte del último gobierno de Perón. Múgica fue territorio y fue ideología. Fue el reconocimiento a la dignidad de los pobres y fue parte de una argentina bañada de sangre. Múgica también fue todo.

El peronismo busca en su pasado y la Argentina busca en el peronismo. Nadie se asoma al futuro. La historia hecha de recortes y reconstruida a medida no parece dibujar esperanza en el horizonte.

Los homenajes, como todo en la Argentina, caen la grieta. La puesta en valor del gobierno de Carlos Menem, es una apuesta a lo concreto. La reivindicación de Múgica sobrevuela el plano de las ideas y de la moral. ¿Vivir como se piensa o pensar como se vive? Una disyuntiva más argentina que el dulce de leche.

En tiempos de redes sociales lo que manda es el “me gusta” y el “bloqueo”. Sumergir a la política bajo la lógica de los algoritmos es una apuesta corta que garantiza núcleos duros, pero restringe la construcción de mayorías.

La complejidad de un proceso como el que encarnó Carlos Menen o como la obra de Carlos Mugica requieren más que un reel para poder abarcarlas. Quizá en algún momento la política esté dispuesta dar la discusión en profundidad. ¿Habrá alguien que la quiera escuchar?

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