En los últimos años, especialmente en 2020 y 2021, hubo una euforia considerable en torno a las compañías relacionadas con los autos eléctricos. Esto se debió, en parte, a las expectativas de crecimiento, impulsadas por regulaciones más estrictas sobre emisiones e incentivos gubernamentales.
Muchas empresas experimentaron valuaciones muy altas en relación a sus ventas y fundamentos, motivadas también por un contexto de “dinero fácil”, con tasas de interés cercanas al 0%.
En noviembre de 2021, en una nota publicada en Carta Financiera, en pleno auge sobre los autos eléctricos, comenté lo siguiente: “Sin dudas, el mundo y el mercado van hacia el rumbo que marcan las nuevas tendencias. Sin embargo, el nivel de entusiasmo es tal que vemos situaciones increíbles y valuaciones astronómcias”
Esa nota concluía así: “Por eso, quienes deseen invertir en estas compañías pueden tener sorpresas no muy agradables. Es imperativo utilizar STOP si deciden subirse a esta manía especulativa.”
¿Qué significa utilizar STOP? Implica ponerle un freno a las pérdidas. Es decir, arriesgar cierto capital pero en algún momento vender las acciones para protegerse.
Qué pasó con los autos eléctricos
Recordemos que se requiere una gran inversión, experiencia en ingeniería y gestión para lanzar un fabricante de automóviles, diseñar vehículos, construir una fábrica, desarrollar la cadena de suministro y aumentar la producción en masa. Además, es crucial vender grandes cantidades de vehículos de alta calidad a precios rentables para que la empresa pueda sostenerse financieramente sin necesitar más fondos externos.
El fabricante de vehículos eléctricos Fisker, que salió a bolsa en octubre de 2020 con promesas exageradas, quemó más de USD 1.000 M de los inversores y finalmente se declaró en quiebra esta semana, siguiendo a otras compañías similares.
Fisker nunca logró una producción en masa propia. Aunque inició la venta de su SUV Ocean, solo vendió menos de la mitad de los 10.000 vehículos producidos en 2023 debido a problemas de calidad. A finales de febrero, Fisker advirtió sobre su posible insolvencia y buscó una inversión conjunta que no se concretó. En marzo, detuvo la producción del Ocean, redujo precios y fue excluida de la Bolsa de Nueva York. En mayo, se confirmó que la producción estaba inactiva y se declaró en quiebra.
El colapso de Fisker no es un caso aislado. Otras empresas han fracasado y no existen más. Electric Last Mile Solutions se declaró en quiebra en junio de 2022, meses después de salir a cotizar. Proterra, que fabricaba principalmente autobuses eléctricos, quebró en abril de 2023, unos 25 meses después de salir a bolsa. Lordstown Motors, que intentó fabricar camionetas eléctricas, se declaró en quiebra en junio de 2023 tras más de dos años y medio de dificultades financieras y acusaciones de engaño a los inversores.
¿Hay otras empresas que siguen vivas? Sí, veamos algunos ejemplos.
VinFast Auto, un fabricante vietnamita, vio cómo sus acciones se desplomaron un 96% desde su máximo. Pasó de valer más de USD 230.000M a tan solo USD 9.000M. ¿A dónde se fue ese dinero? A ningún lado: es simplemente destrucción de valor.
Nikola es otra prueba cabal de la manía especulativa que se vivió. Es una empresa estadounidense conocida por sus planes de fabricar camiones eléctricos impulsados por hidrógeno.
Nikola ha caído un 99% desde su pico de junio de 2020, en medio de escándalos y la condena a prisión de su fundador por engañar a los inversores. ¿Cuánto vale ahora? Tan solo USD 600M.
¿Otro caso? Canoo (GOEV) es una empresa de vehículos eléctricos que se enfoca en el desarrollo de vehículos eléctricos de próxima generación y soluciones de movilidad. También cayó un 99% desde sus máximos y la compañía vale poco más de USD 100 M.
Lucid (LCID) es una empresa automotriz que se especializa en vehículos eléctricos de lujo y está reconocida por su tecnología avanzada y diseño innovador. No quedó ajena a la destrucción de su capital: cayó un 95% desde sus máximos. A diferencia de las anteriores, tiene un Market Cap (capitalización de mercado) importante: USD 5.000M.
Estos fracasos ponen de manifiesto los enormes desafíos financieros y técnicos que enfrenta la industria de los vehículos eléctricos.
A diferencia de Tesla, que necesitó más de 10 años y alrededor de USD 20.0000M para alcanzar la rentabilidad, muchas de estas empresas no han podido asegurar el capital ni la experiencia necesarios para competir en el mercado. La era del dinero fácil llevó a que los inversores convalidaran valuaciones ridículas, y las consecuencias fueron gravísimas.
Por eso, cuando uno invierte, debe tener en cuenta la expectativa que tiene el mercado y conocer el negocio y los fundamentos de la empresa. Además, hay que considerar su valuación para no pagar precios ridículamente altos.
Y por último, y no menos importante, utilizar órdenes de stop-loss para proteger las inversiones. Dos personas pueden haber invertido en cualquiera de estas empresas por diferentes razones. Si uno utilizó una orden de stop-loss, perdió cierto porcentaje de su cartera (30%, por ejemplo). El que no colocó un stop, está fundido. Dramática diferencia.
Nota: El autor es CEO de Club de Inversores. El material contenido en esta nota NO debe interpretarse bajo ningún punto de vista como consejo de inversión o recomendación de compra o venta de un activo en particular. Este contenido tiene fines únicamente educativos y representa únicamente una opinión del autor. En todos los casos es recomendable asesorarse con un profesional antes de invertir.