4 de febrero 2024 - 5:03hs

Hay momentos en la historia en los que quienes tenemos responsabilidades políticas debemos ser claros y firmes en nuestras afirmaciones. Es por eso que hoy, con la media sanción de la ley ómnibus de Javier Milei, no dudo en decir que estamos al borde de entrar en una dictadura cívico-libertaria, según la cual  la lógica empresarial se volverá  la verdad absoluta e incuestionable que guiará a la Argentina.

Lo cual no es otra cosa que la profundización de los procesos que llevaron a nuestro país a lo que Rodolfo Walsh nombró como “miseria planificada”. La dictadura con Martínez de Hoz, el gobierno menemista de la mano de Cavallo y la continuidad de la Alianza, y finalmente los cuatro años de macrismo, son prueba empírica del resultado de estas políticas.

El presidente Milei fue elegido democráticamente, pero eso no implica que sea legítimo el uso del Parlamento para destruir al mismo Parlamento, y así arrasar con la institución en la que se dan los debates de cara a la sociedad, con la participación de los y las ciudadanas, los organismos y agrupaciones que quieran dar su posición. Si se aprueban las facultades delegadas que busca establecer la Ley, estamos suprimiendo el Congreso. No hay eufemismos. Lo que sigue es un gobierno que establece las leyes por decretos-ley, tal como lo hicieron las dictaduras.

Es necesario también recordar el rol de la oposición, sobre todo la que se presenta como dialoguista. Hoy, habiendo votado este proyecto de ley, no hay de su lado dialoguismo, es sencillamente colaboracionismo. Son colaboracionistas,  son parte de este modelo de atropello institucional y de los derechos del pueblo argentino, de los inquilinos, jubilados, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, que serán gravemente afectados por la ley.

Una oposición seria y responsable no pone palos en la rueda y busca el diálogo ante todo. Pero no confundamos dialoguismo con colaboracionismo. Dialogar no significa colaborar con un proyecto que destruirá la economía, la cultura, la salud y la educación de nuestro país; no implica firmar un dictamen en blanco para que el gobierno lo complete como quiere; no implica entregar al pueblo argentino bajo una máscara hipócrita de republicanismo.

Estamos en un momento histórico en el que debemos reconocer nuestros errores en los últimos años y una parte fundamental de esto es dar respuestas contundentes para el pueblo argentino, para las personas que nos votaron y también para las que están decepcionadas con nosotros. Son momentos en que debemos levantar nuestras banderas de soberanía política, independencia económica y justicia social más que nunca. Por eso, voté en contra en general este proyecto y voy a votar en contra cada uno de los artículos en particular. Hoy es respuesta es decir, sin vacilaciones: que no sea ley.

 

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Javier Milei Presidente

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