14 de agosto 2024 - 14:11hs

Alberto Fernández tenía dos teléfonos celulares.

Uno terminó en manos de su hijo Francisco para jugar, y de él pasó a las manos de su ex suegra y de su ex pareja, Fabiola Yáñez. El contenido de ese teléfono es el que difundió Fabiola en su denuncia por violencia de género y el que contenía videos como aquel en el que aparece Tamara Pettinato con el ex presidente. Según la declaración de Yáñez, en ese teléfono habría también videos de Alberto Fernández teniendo sexo con otras mujeres, quizás en la Casa Rosada, quizás en la residencia de Olivos.

Pero el verdadero problema para Alberto sería su otro celular, el que fue secuestrado el viernes pasado por orden de la Justicia, en principio, para evitar que el ex presidente siguiera hostigando a Yáñez, para que no rompiera esta suerte de cerco perimetral digital.

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Ahora bien, podría haber más razones y argumentos para indagar con más detalle en ese otro teléfono. Razones tanto lógicas como jurídicas, que podrían relacionarse con cualquiera de las dos causas en las que se investiga al ex presidente: la de los brokers de seguros y la de violencia de género.

¿Qué se podría llegar a encontrar en la memoria de este dispositivo? Literalmente, cualquier cosa.

¿Cómo era Alberto Fernández para hablar y comunicarse, tanto en su vida personal como en el desempeño de sus funciones como presidente de la Nación? Tan desprolijo como lo demuestran los hechos que van saliendo a la luz, como se puede apreciar en su vida personal y su vida pública.

Embed - El teléfono de Alberto Fernández | Editorial de Luis Majul

¿De dónde surge esta desprolijidad? Hay una palabra clave, y ésta es "impunidad". Cuando una persona está en el medio de un sistema de poder, tiende a creer que va a ser impune y eterno. Esto es lo que le pasó a Alberto, por eso se comunicaba y dejaba mensajes de texto y voz sin ningún tipo de cuidado, dejando rastros de cosas que pueden estar al borde del delito o también cruzarlo: lobby a favor de empresas, conflictos de intereses, llamadas a jueces, llamadas a medios de comunicación y periodistas, desde dueños de esos medios hasta periodistas de a pie.

Y todo esto siempre al mejor estilo de Alberto Fernández: a unos les decía una cosa, y a otros, otra.

¿Cómo creen que llegó a ser candidato a presidente de Cristina Kirchner? Porque a ella le decía una cosa, otra a Sergio Massa, otra a Máximo Kirchner, otra a Axel Kicillof, otra a Martín Guzmán, y así sucesivamente.

Ése era Alberto Fernández. Ese teléfono es una bomba de tiempo.

¿Lo intervendrá la Justicia, lo abrirá y analizará en detalle y a fondo para saber todo lo que hay allí? No me animaría a descartarlo. No tengo dudas de que los fiscales Ramiro González y Carlos Rívolo, y el juez Ercolini, que tiene ambas causas —los seguros y la violencia de género—, están pensando qué van a hacer con ese teléfono.

¿Qué más podría aparecer en ese celular? Soy periodista, no escribo ficción: se me acaba la imaginación.

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Alberto Fernández violencia de género Fabiola Yañez

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