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Moisés lideró al pueblo judío durante 40 años en el desierto en la salida de la esclavitud de Egipto. No fue sólo un viaje físico, sino una travesía simbólica en la que la conducción —más allá de los milagros, las leyes o las plagas— consistía en sostener una dirección, mantener la cohesión y dar sentido al esfuerzo colectivo. Cada vez que ese liderazgo flaqueaba, el pueblo se desorientaba, dudaba, se dividía. La conducción, en tiempos de incertidumbre, es más importante que el destino mismo.

Los gobiernos son mejor valorados cuando logran mostrarse como herramientas eficientes de conducción. No se trata sólo de ganar elecciones o de imponer un relato eficaz. Se trata de establecer un diagnóstico, exhibir objetivos claros y conducir a la sociedad —por convicción o necesidad— hacia un destino.

En su primer año, Javier Milei logró hacerlo. Supo interpretar el hartazgo de amplios sectores sociales, ofreció un camino disruptivo y cumplió parte de sus promesas iniciales. Cumplió la base del contrato electoral: ocuparse de la economía, bajar la inflación, castigar a la casta y ordenar el espacio público. Lo central fue cumplido, no así mucho de lo secundario (que, para muchos, no es tan secundario) como que el ajuste lo pagaba la política, confrontar con el socialismo en Europa o ilusionar a algunos desprevenidos con que su sueldo sería mejor.

Con un liderazgo fuerte, una narrativa radical y metas económicas audaces, marcó la agenda. Fue él quien impuso los términos del debate, del lenguaje y de la urgencia. Incluso el nivel de agresividad de la batalla.

Pero los segundos años de gobierno son siempre más difíciles. El margen de maniobra se achica. Las expectativas se enfrentan con la realidad. Y el poder ya no se construye con impacto mediático, sino con capacidad de gestión.

Hoy Milei enfrenta un tablero político mucho más complejo, con múltiples frentes abiertos:

Para Milei, el control es su norte, su objetivo, su modo de ejercer el poder. Esa es su forma de liderazgo: no comparte, no modera, no negocia. Conduce.

En los primeros meses de 2025, ese control empezó a desdibujarse:

Ya no alcanza con el relato, ni con la viralidad. No alcanza con la superioridad moral del "yo tenía razón". El poder se sostiene conduciendo. Y sin conducción, lo que se rompe no es el relato: es el propio Milei.

La salida del cepo es una gran noticia para el gobierno, audaz e impactante. Es borrón y cuenta nueva. Para volver a liderar, retomar el control y seguir conduciendo la esperanza.

Ganar en CABA fue un empuje grandioso para lograr el cometido de mostrar solidez y decisión, porque para Milei la conducción es tan relevante como el destino.

Temas:

Javier Milei Liderazgo

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