En la política cada vez más se encuentran a los que saben de todo, los “directores técnicos” que opinan e incluso deciden y votan como si tuvieran siempre la razón. Lo curioso es que en Argentina son DT los que ya fueron técnicos y fracasaron, los que ya tuvieron oportunidad de ponerse el traje y no les fue bien.
¿Argentina estaba bien en 2022-2023? No, claramente no. ¿Estaba bien en 2019? No, claramente no. ¿Estaba bien en 2015? No, claramente no. ¿Antes? Tampoco. En cada una de esas etapas, cada uno de los actores políticos que estaban en el Gobierno podrá destacar alguna estadística en particular, alguna decisión pública. Pero si uno mira la película se da cuenta de que es un país que hace décadas no logra tener una macroeconomía estable, que no puede bajar los niveles de pobreza a un número aceptable, donde no aumenta el empleo genuino y en blanco (que es el que te permite aumentar las jubilaciones), donde no mejoran las prestaciones de salud ni las educativas. Y se puede seguir.
En ese punto es donde la pregunta que surge es cómo puede ser que tan gratuitamente se acepte que den la solución los que ya fracasaron. La crítica a Javier Milei es válida y en muchos casos atendible. Lo que sorprende es cuando la política decide avanzar por un camino contrario al que está marcando el Presidente. Lo que está haciendo la oposición en el Congreso es definir sobre cuestiones de política económica cuando el Gobierno lleva apenas un año y medio de gestión.
Siempre sobre la base de temas que son importantes y que tocan fibras sensibles en la sociedad. El caso de los jubilados es importante, pero en los últimos 20 o 30 años están cada vez peor. En algún momento circunstancial la estadística les puede dar mejor, pero en la película el resultado es negativo. El Congreso definió un aumento a jubilados de prepo cuando los mismos que lo votaron no hicieron nada a fondo por cambiar la situación de los jubilados. Con el caso paradigmático de los bonos: la política se acostumbró, y el kirchnerismo sobre todo, a hacer beneficencia con un bono que después siempre se terminaba licuando con la inflación, por lo que había que aumentarlo. El mismo que te dice te soluciona la vida dándote un bono, te la perjudica generando la inflación.
Con la moratoria previsional, la emergencia en discapacidad, el Garrahan o las universidades pasa lo mismo. Hace más de 20 años las discusiones en la UBA son que hay que aumentar el financiamiento de las universidades y el salario de los docentes. En algunos períodos, estuvieron un poquito mejor, en algunos períodos un poquito peor. Pero la discusión sobre el financiamiento universitario está siempre. ¿Por qué? Porque los recursos son escasos y financiar la universidad es complicado, sobre todo porque se financia, por ejemplo, con el IVA de los fideos que pagan los sectores más vulnerables, quienes en su mayoría no acceden a la universidad.
O lo de las rutas. Están los gobernadores quejándose de que ahora no se puede transitar por las rutas porque no se invierte en mantenimiento. Las rutas hay que mantenerlas, y es un problema del gobierno de Milei, que ahora está con las licitaciones para que sean privados los que la mantengan y que se cobre el peaje. Habrá que ver si es la solución y probablemente haya un problema ahí que se está generando.
Pero ¿qué hay que hacer entonces? ¿Invertir en las rutas o aumentarle a los jubilados? ¿O mejor aumentar a los médicos del Garrahan? ¿Y por qué solamente a los del Garrahan? ¿Qué pasa en otros hospitales que no tienen la misma fama y donde los salarios son incluso más bajos?
En ese punto es donde parece que lo que se discute es otra cosa. No son las causas nobles que se ponen sobre la mesa con debates válidos que en algún momento se van a tener que resolver, sino que parece más una cuestión política. Con la campaña electoral jugando de fondo.
Hay mil críticas que se le podrán hacer a Javier Milei, y hay discusiones que se van a tener que dar (y que se están dando) a lo largo de los próximos meses y años. Pero Milei definió una política económica que dice "este es el camino". ¿Cuál? Primero normalizar la inflación y tener una estructura macroeconómica que permita después ir solucionando los otros problemas.
Al final del camino, la solución la pueden dar las urnas, con los votantes definiendo si están conformes con el rumbo encarado por el Presidente o creen que las causas nobles deben ser prioritarias. Ver toda esta discusión en el Congreso en pleno proceso electoral da más a entender que los que se la saben todas, los DT, en realidad lo que saben más es de elecciones y del manejo del poder y no de solucionar los problemas de fondo de la Argentina.