Horas después del estreno aún escucha los aplausos. Pero en una sala llena, con la mitad del público adolescente, fue el sonido de la risa lo que todavía resuena en Lara Berman. “Jamás escuché tanto aplauso ni tanta risa. La risa fue tremenda”, dice la directora de Desconectados.
Esa risa se gestó mucho antes. Dos años atrás Paula Elutchanz, una de las protagonistas de El Club de los Perfectos, se acercó a la directora con una frase que lo desencadenó todo: Tengo una idea para una obra. Lo que siguió fue un dedicado trabajo sobre un guión que fue mutando a merced de las derivas impredecibles de los avances tecnológicos de los últimos años y cómo impactaban en sus vidas a medida que ellas también iban creciendo.
Elutchanz, de 17 años, y Berman, de 19, –quienes compartieron la escritura del guion– pertenecen a una generación que se vincula naturalmente con la tecnología, las redes sociales, el mundo mediado por una pantalla portátil. Pero esa naturalidad, evidencian, no es inocua. “Estamos desconectados dentro del momento donde más podemos estar conectados”, dice Berman a El Observador.
Desconectados está escrito, interpretado y producido por adolescentes uruguayos. Se trata de la segunda producción teatral de la compañía Las Ophelias, que en 2025 llevó El Club de los Perfectos a una sala del Teatro Astros en la mítica calle Corrientes de Buenos Aires para hablar sobre la presión de la búsqueda de la perfección en los jóvenes después de agotar funciones en Montevideo, ser nominados en ocho categorías de los Premios Florencio y obtener dos estatuillas.
Ahora, Desconectados sigue a un grupo de adolescentes “en un mundo hiperconectado que cuestiona la identidad, los vínculos y la presencia real en la era digital” y se introduce en fenómenos sociales que son redefinidos por los dispositivos, desde la presión social a la manipulación, la búsqueda de la identidad, el sexting o el uso de la inteligencia artificial.
Desde que montaron la producción una pregunta adulta se ha repetido: ¿a los jóvenes les preocupan las consecuencias de la tecnología? “Obvio que nos preocupa", dice la directora y productora de la obra con una sonrisa. "Lo vivimos nosotros y nos damos cuenta que estamos tan conectados a los efectos que trae la tecnología. Es un balance entre el día a día y el día en las redes”, agrega.
En este sentido, desde Las Ophelias, la intención es tanto contactar con adolescentes como hablarle a los padres, los tíos, los abuelos y plantear su mirada de un tema que habitualmente está atravesado por la voz adulta.
“Para los adolescentes es un punto de identificación. Es decir: No estás solo, nosotros nos sentimos igual, vemos lo mismo que vos y podemos, de alguna manera, avanzar juntos. Y para los adultos es: nosotros también estamos preocupados, nos importa y estamos atentos”.
Hacia fines de 2025 un casting definió a los 11 actores y actrices de entre 16 y 19 años que forman parte del elenco. Una selección de adolescentes que dan vida a diversas historias dentro de la obra. Jóvenes que encontraron en el teatro un medio de expresión, y ahora lo quieren contagiar a otros.
“Compartimos la pasión y esta forma de expresarnos a través del teatro. Muchos del elenco tienen mucha experiencia y hay muchos que no, pero en el escenario los ves y es un grupo. Se van apoyando entre ellos y eso para mí es lo más lindo de todo”, valora Berman.
La productora del espectáculo además señala la importancia de que su público vea a sus pares sobre el escenario antes que a adultos haciendo las veces de adolescentes y pone en valor la profesionalización de los actores de sus propuestas. "A veces me dicen: ¿Trabajas con adolescentes? Qué difícil. Para mí es igual de difícil que trabajar con cualquier otra persona. Yo también tenía esa primera idea, es una concepción social, pero me fui dando cuenta con otras experiencias que no es así”.
Desconectados va todos los jueves de mayo en el Teatro Stella d'Italia
Conectados sigue el espíritu de Las Ophelias de poner ante el público obras de teatro con impacto social. Un horizonte que se trazó Berman hace años, cuando encontró en las artes escénicas un catalizador para expresar lo que le estaba sucediendo.
“Hace unos años emocionalmente estaba muy mal. Aunque estaba rodeada de gente, me sentía sola. Hay momentos en los que es difícil no sentirse solo y gran parte de lo que es Las Ophelias es eso: son obras creadas por adolescentes y para adolescentes porque, de alguna manera, es lo que a mí me hubiera gustado ver en ese momento. No solo lo que a mí me hubiera gustado ver, sino lo que me hubiera gustado que el resto sepa. Me hubiera gustado que adultos alrededor mío sepan que cosas así suceden, que hay que estar atentos. Y, de alguna manera, reflexionar en cómo se puede actuar”.
Desconectados vuelve sobre una tradición en la que ya caminaron: el teatro musical. “La música tiene ese poder de llevarte a momentos. Y eso es lo que hace el musical: te lleva a una emoción”, dice Berman y señala que Elutchanz es, además, la compositora de las canciones originales de la obra.
Y en esa emoción, explica la directora, los personajes empiezan a cantar cuando no saben cómo expresar en palabras las complejidades que las situaciones que puede atravesar un adolescente contemporáneo.
A fin de cuentas, la directora espera inyectar en la cartelera teatral una modificación que a largo plazo también tenga una repercusión en la salud del teatro: “Creando más contenido vienen más adolescentes, se meten en la cultura del teatro, y el día de mañana van a seguir consumiendo teatro”, concluye.