Todavía no asumió y ya es un clásico de su nuevo mandato. Donald Trump y su chantaje tarifario.
La Unión Europea (UE) venía invicta pero no podía durar. “Más vale que compensen su tremendo déficit o tendrán que enfrentar todo el peso de las tarifas”, disparó el nuevo presidente de EE.UU. con su lógica rudimentaria pero incuestionablemente pragmática. Y lo pone sin vueltas sobre la mesa: quiere más importaciones de gas y petróleo.
Con Trump no hay que interpretar sutilezas del lenguaje corporal ni leer entrelíneas una narrativa enrevesadamente diplomática.
Es cierto. El comercio con EE.UU. es deficitario en u$s 131.300 millones (2022). Y el crecimiento de las exportaciones de combustibles tuvo mucho que ver con el regreso de Trump a la Casa Blanca, así que no es extraño que vele por el sector que es su historia de éxito y que se encargó de él.
Ahora, hay lógicas que a primera vista rebosan de sentido común pero no admiten un escrutinio un poco más riguroso. Según datos de Bloomberg, los países de la UE vienen incrementando sus importaciones de gas y de petróleo en forma espectacularmente obvia para cualquiera que pida ver un Excell antes de lanzar misiles tarifarios.
Las compras en los primeros nueve meses de este año fueron más de cinco veces las de los primeros nueve meses de la primera presidencia de Trump. Un republicano -o simplemente alguien argumentativo- podría objetar que remontarse tan atrás en el tiempo le quita valor a la comparación.
Basta entonces observar lo que ocurrió desde la invasión rusa a Ucrania a comienzos de 2022. La UE se vio obligada a revisar toda su “lista de compras”.
Y acá se cuela la polémica. Nunca hubo en el bloque una prohibición expresa de seguir comprando combustible a Rusia. De todos modos, las economías buscaron diversificar sus fuentes de importación. Aún cuando todavía hay una dependencia muy cuestionable de la energía rusa, EE.UU. fue uno de los productores que salió ganando.
EE.UU. salió ganando con Rusia en la "lista negra"
Rusia, con las mayores reservas del mundo, era el principal proveedor de gas de la UE. Después de la invasión, en gas natural, el que viaja por gasoducto, el líder es Noruega, con 30%, pero le sigue EE.UU., con 19%.
El gran giro que ocurrió en la industria fue hacia el Gas Natural Licuado (GNL) y ahí EE.UU. hoy provee algo más del 50% de lo que compra la UE. Otros jugadores importantes son Algeria, Qatar, Noruega y Nigeria. EE.UU. es además el principal exportador a nivel global, habiendo superado tanto a Qatar como a Australia.
Hay que decir, no obstante, que Rusia todavía tiene el 15% del mercado del gas natural en la UE y el 19% del GNL, lo que la coloca en segundo lugar tras EE.UU. (con España como principal comprador).
También EE.UU. se volvió un exportador clave de petróleo desde la invasión rusa. Los envíos a la UE son de unos 2 millones de barriles diarios, superando los flujos de países como Arabia Saudita o los productores de África Occidental.
Incluso los barriles estadounidenses se han vuelto cada vez más importantes para fijar el precio del Brent, el crudo de referencia en el mercado europeo. El máximo de los últimos años se alcanzó el último día de 2023 con 1 millón de barriles de GNL y 2,8 millones de crudo.
Ahora, un ejercicio matemático que propone Bloomberg: en función de los precios actuales del petróleo, el bloque debería comprar 5,3 millones de barriles diarios de crudo más para equilibrar la balanza comercial con EE.UU. Claramente no tiene sentido. Sería sumar al consumo actual, el de las cuatro grandes economías de la UE (Alemania, Francia, España e Italia).
No hay capacidad de aumentar la producción aunque reclame
Un último detalle. En el corto plazo, EE.UU. carece de la capacidad para aumentar su producción, con lo cual si la UE, sumisamente, incrementara sus pedidos, debería desviar exportaciones de un destino a otro. Una suerte de enroque de déficits.
Al menos, según la Energy Information Administration, la producción de petróleo se incrementará en apenas 100.000 barriles diarios para fines del año que viene desde el nivel actual, mientras que se prevé que en el caso del gas se incremente en 120.000 barriles por día.
Un estudio reciente, recuerda un diario estadounidense a propósito de la amenaza de Trump a la UE, mostró que un aumento de las exportaciones de GNL repercutiría en los precios para los consumidores domésticos.
Pero más allá de todo, a Trump le gusta saber que hoy el mundo tiembla con su guerra comercial en cuenta regresiva. Y como buen provocador necesita jugar con su poder.
El problema está del otro lado. La UE y su fragilidad económica no podrían absorber el golpe de un aumento indiscriminado de tarifas. Ante Trump el personaje, Europa hoy no tiene espacio ni para el sarcasmo ni para subir la apuesta. Sólo movidas defensivas.