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En el marco de la reciente cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, las tensiones geopolíticas entre la administración estadounidense de Donald Trump y sus aliados históricos han alcanzado un punto de inflexión.

Ante las reiteradas presiones de Washington y su renovado interés por controlar Groenlandia, Europa y Canadá han acelerado una inédita alianza estratégica. El origen de este giro se remonta a una audaz propuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, quien planteó formalmente al primer ministro canadiense, Mark Carney, la posibilidad de que Canadá se integre en la Unión Europea (UE) aprovechando su frontera terrestre con Dinamarca.

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La propuesta de Macron: ¿Tiene Canadá derecho a ingresar en la UE?

La estrategia de aproximación entre Ottawa y Bruselas comenzó a fraguarse en mayo de 2025. Solo tres días después de asumir su cargo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, rompió la tradición diplomática de realizar su primera visita oficial a Washington y viajó directamente a París. Los motivos de este distanciamiento radicaban en la indignación del Gobierno canadiense ante las declaraciones de Donald Trump sobre convertir a Canadá en el estado 51 de EE. UU., una posibilidad que los informes de inteligencia calificaban como una amenaza real y no un mero farol de negociación.

Durante un almuerzo en el Elíseo, Emmanuel Macron sugirió que Canadá cuenta con la legitimidad geográfica necesaria para optar a un ingreso por la vía rápida en la UE. El argumento técnico se sostiene en la minúscula e inhabitada isla de Hans, situada en el canal ártico de Kennedy entre la costa groenlandesa (perteneciente a Dinamarca) y la isla canadiense de Ellesmere.

Este islote de kilómetro y medio de longitud establece una frontera terrestre real entre Canadá y un Estado miembro de la Unión. Aunque Carney inicialmente sonrió ante la propuesta, la delegación canadiense se tomó la idea con absoluta seriedad en un contexto donde EE. UU. ya había congelado las relaciones comerciales con Ottawa tras imponer un impuesto especial y amenazar con retirar todas sus tropas de Europa.

El plan de Ottawa para reducir la dependencia de Estados Unidos

El acercamiento de Canadá a Europa no obedece a un impulso cultural, sino a una calculada estrategia de diversificación para reducir la dependencia absoluta de EE. UU. en materia económica, militar, tecnológica y financiera. Mark Carney, gracias a sus casi siete años como gobernador del Banco de Inglaterra, cuenta con sólidas conexiones en la élite financiera europea, facilitando el diálogo con figuras clave como el canciller alemán Friedrich Merz (exdirector de BlackRock en Alemania) o el presidente de Finlandia, Alexander Stubb. Sin embargo, en estas gestiones iniciales no logró arrastrar al primer ministro británico, Keir Starmer, sumido en el temor a las consecuencias arancelarias sobre la economía del Reino Unido.

El canciller alemán Friedrich Merz (C) posa con el primer ministro canadiense Mark Carney (D) y el primer ministro noruego Jonas Gahr Store (I).

Este plan de autonomía ya muestra avances concretos en diversos ámbitos institucionales:

Frente común en el Ártico ante las pretensiones de Donald Trump sobre Groenlandia

La urgencia de consolidar este eje euro-canadiense se intensificó tras el Foro Económico Mundial de Davos, donde Carney abogó por una alianza de "geometrías variables" o coaliciones flexibles ante el desvanecimiento del orden internacional basado en normas. La respuesta de Trump en su momento fue calificar a Canadá de país "desagradecido" y asegurarle a Carney en una reunión privada que "Canadá existe gracias a Estados Unidos".

La tensión se ha trasladado directamente a la cumbre de la OTAN en Ankara. Donald Trump insistió públicamente ante los líderes mundiales en que Groenlandia "es muy importante" para EE. UU. pero "no lo es para Dinamarca", catalogando el estatus de la isla como un "gran problema". Ante este escenario, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, rechazó tajantemente las intenciones estadounidenses declarando que la isla ártica "no está en venta" y que su país la defenderá firmemente.

En respuesta inmediata a la intimidación, Emmanuel Macron anunció un reforzamiento del compromiso militar francés en el flanco norte. Francia, junto a Finlandia y Suecia, participará activamente con soldados en las rotaciones de las Fuerzas Terrestres Avanzadas de la Alianza Atlántica en territorio finlandés, asumiendo la protección de capacidades que Estados Unidos ha redistribuido hacia otros escenarios.

España y doce potencias europeas asumen el control militar del Atlántico Norte

Ante las exigencias de Washington de que otros socios asuman más peso y reconociendo un entorno de seguridad complejo marcado por la amenaza a largo plazo que representa Rusia, se ha materializado un bloque de doce naciones en la cumbre de Ankara. España, Canadá, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Países Bajos, Portugal, Suecia y el Reino Unido han firmado una declaración conjunta de máxima trascendencia.

El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, detalló que este bloque de doce naciones ampliará sustancialmente la cooperación y las capacidades marítimas durante la próxima década en el Atlántico Norte, el Ártico y el mar Báltico, articulándose en torno a tres ejes fundamentales:

La iniciativa busca demostrar que tanto los países europeos como Canadá quieren y tienen la capacidad real de asumir equitativamente las cargas de seguridad dentro de una OTAN fuerte. Aunque la estrategia contempla mantener una estrecha coordinación con Estados Unidos (cuyo mandatario sigue condicionado por los acontecimientos en Irán o las asignaciones presupuestarias), los firmantes reafirman su autonomía política y militar. La meta compartida por el bloque es clara: ganar tiempo.

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