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GASTRONOMIA DE ESPAÑA
Kola Coca de Aielo: ¿La Coca Cola nació en Valencia?
La historia de la Kola Coca comienza en 1880, cuando los tres socios Enrique Ortiz, Joaquín Juan y Bautista Aparic, fundan en Aielo una pequeña fábrica de licores.
En Aielo de Malferit, un pueblo de apenas 4.500 habitantes en la zona de Vall d’Albaida, provincia de Valencia, hay una historia que burbujea desde hace más de un siglo. No sale en los anuncios de Navidad ni tiene a Papá Noel como embajador, pero late en los archivos, en una vieja patente y en una botella oscura que todavía hoy se descorcha en las fiestas patronales. Se llama Kola Coca. Y su origen, según defienden sus herederos, podría estar conectado con el nacimiento de la Coca-Cola americana. La afirmación suena audaz y también seductora.
La historia comienza en 1880, cuando tres socios Enrique Ortiz, Joaquín Juan y Bautista Aparic, fundan en Aielo una pequeña fábrica de licores. España aún digería las convulsiones del XIX: el fin del reinado de Isabel II y décadas después de la pérdida de las últimas colonias de ultramar - Cuba, Puerto Rico y Filipinas- . Pero en aquella comarca agrícola había sed de modernidad. Entre anisados y jarabes medicinales, registraron una bebida bautizada como “Nuez de Kola-Coca”, cuya patente se formalizó en 1884.
El dato es verificable: la marca figura en el registro español de la época, cuatro años antes de que John S. Pemberton patentara en Atlanta, en 1888, la célebre Coca-Cola. La fórmula valenciana incluía extracto de nuez de cola, originaria de África occidental, y hojas de coca peruana descocainizadas, ingredientes habituales en tónicos estimulantes del siglo XIX.
En aquellos años, la frontera entre licor, medicina y refresco era difusa. La nuez de cola, usada tradicionalmente en África como estimulante y símbolo social, llegó a Europa en el contexto colonial y se integró en preparados energéticos. La coca, por su parte, circulaba en vinos y jarabes con aura terapéutica. Aielo no era una tierra de productores delirantes a la búsqueda de estímulos salvadores, eran parte de una moda de época, ansiosos por innovar y emprender.
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¿Cómo llega a los Estados Unidos?
La tesis que alimenta la controversia sostiene que miembros de la familia de Aielo llevaron muestras de su Kola Coca a la Exposición Universal de Filadelfia en 1885. Allí, según se fundamenta el relato, la bebida habría sido conocida por empresarios estadounidenses. No existen documentos que prueben un traspaso directo de la fórmula a Pemberton, pero la coincidencia temporal y conceptual ha mantenido viva la hipótesis y con fundamentos verificables.
En 1953, la multinacional estadounidense envió una carta a los descendientes de la fábrica valenciana reconociendo la antigüedad de su marca, aunque sin admitir vínculo alguno. Ese intercambio epistolar es hoy una pieza casi fetichista en el pequeño museo local que recrea la historia.
El conflicto nunca llegó a tribunales internacionales, pero sí generó tensiones comerciales, además de las simbólicas. Durante décadas, la fábrica de Aielo evitó exportar con una marca que pudiera suscitar litigios. La sombra del gigante estadounidense era demasiado larga y potente como para intentar el desafío.
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La Kola Coca hoy: un producto que sobrevive al tiempo
Si quieren saber si se sigue fabricando, la respuesta es sí. La empresa, hoy bajo la denominación Licores Sinc, mantiene la producción artesanal de Kola Coca en series limitadas. Se comercializa principalmente en la Comunitat Valenciana y en tiendas especializadas.
No hablamos de una producción y consumo masivos, más bien un producto de nicho. Según datos de la propia compañía y registros mercantiles, la producción anual se sitúa en decenas de miles de botellas, lejos de las magnitudes industriales del refresco más famoso del mundo. Sin embargo, el interés ha crecido en los últimos tiempos, al amparo del turismo gastronómico y del relato histórico que resurge. Esto hizo que en ferias y eventos culturales, la demanda se haya incrementado, especialmente tras la revalorización de productos con trayectoria y más aún, con esta historia.
Cómo se bebe y qué no puede faltar
La Kola Coca no es un refresco como los que conocemos. Es un licor oscuro, ligeramente amargo, con notas herbales y un dulzor especiado que recuerda a botica antigua. En Aielo se sirve frío, en vaso corto, a menudo con hielo y una rodaja de limón. En celebraciones locales acompaña pastas (masas) caseras y cocas dulces; en sobremesas largas, reemplaza al clásico chupito de hierbas. Algo parecido al Fernet con coca de Argentina, pero solo en su aspecto. Mientras que la “ferneta” es un bitter amargo por su carga de hierbas con un toque dulce, la valenciana es una bebida más dulce, refrescante y con un toque anisado.
Algunos parroquianos la mezclan con soda de sifón, para aliviar su densidad, recuperando la tradición de los tónicos efervescentes del siglo XIX. Lo que no falta nunca es la conversación y debate sobre su origen y la eterna pregunta: “¿Y si la auténtica Coca-Cola fuera valenciana?”.
La nuez de África, que viajó a un pueblo valenciano
Desde finales del siglo XV hasta principios del XIX marcó uno de los mayores y más transformadores intercambios de comercio botánico en la historia mundial. Es en ese período, es donde se produce el viaje de la nuez de Kola desde África hasta llegar a Aielo y luego, aparentemente, a los Estados Unidos. La kola era masticada en ceremonias sociales en África occidental mucho antes de convertirse en ingrediente de bebidas europeas. La Kola Cola es, en ese sentido, un “fósil” líquido de la era de la industrialización: un producto que nació cuando la ciencia, la farmacia y el placer todavía compartían mostrador.
El detalle que lo cambia todo
Hay un dato simpático: durante años, la etiqueta original incluía referencias explícitas a las propiedades estimulantes de la coca, algo que hoy sería impensable en el actual marco cultural y regulatorio. Fue con los años, que se produjo la reformulación del rótulo, en que se eliminó cualquier rastro ¨problemático¨, para adaptarlo al nuevo escenario.
Lo cierto es que si uno camina por las calles de Aielo, cada vez que se le pregunta a cualquiera, si de verdad inventaron la Coca-Cola, la respuesta viene acompañada de una media sonrisa: “Nosotros ya la bebíamos cuando en Atlanta aún estaban probando la receta”.
¿Es Kola Coca el verdadero origen de la Coca-Cola? Ni la documentación, ni nadie, permite afirmarlo con rotundidad. Pero la existencia de una patente anterior en Aielo es una hecho que abre un enigma fascinante en la narrativa de la bebida más famosa del mundo.
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No siempre la historia de las grandes marcas empieza en las grandes ciudades. Ejemplos hay de sobra. Lo cierto es que desde hace casi 150 años, entre alambiques y botellas oscuras, nacía un producto que ya daba que hablar. Nadie podría afirmar si fue la chispa de la vida, o si las cosas van mejor con ella, esto es así.
Pero si sabemos que en una destilería de Valencia, en pleno 2026, podemos encontrar en plena producción licores de los más variados y con nombres que no los deja pasar inadvertidos. A saber, entre otros: de Leche de vieja, de Lágrimas del contribuyente, Placer de Damas, o botellas de 0,70 L y 21% de nuestra famosa botella de Licor de Kola Cola.