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GASTRONOMIA DE EUROPA
La guerra menos esperada: la Unión Europea contra el sobrecito de ketchup
Desde septiembre de 2026, abrir un sobre monodosis de ketchup, mostaza o aceite de oliva, estará prohibido y será historia. Buscan frenar los plásticos en Europa, pero pueden complicar a los restaurantes y ciudadanos.
En los últimos años, el mundo ha dado un salto gigante. Ya no solo usamos la Inteligencia artificial para casi todo; ahora existen cada vez más "agentes autónomos" -robots- que resuelven tareas complejas por nosotros.
Estados Unidos lidera el software y la innovación espacial más allá de la tierra, Elon Musk mediante, el motor físico está en Taiwán y Corea, donde fabrican los microchips indispensables para estas industrias.
China por su parte, está construyendo el "cuerpo" y los "músculos" de la tecnología del futuro. Desde baterías estructurales que prometen revolucionar la industria del coche eléctrico, al hardware neuromórfico, chips que imitan al cerebro humano para pensar más rápido gastando 100 veces menos energía eléctrica. Europa, mientras tanto, pone su sello propio liderando en el mundo de las regulaciones.
A la revolucionaria medida de imponer el matrimonio indisoluble entre la tapita y la botella de plástico, llega ahora la prohibición de la venta y distribución de los sobrecitos de aderezos, condimentos y aceite en todos los bares y restaurantes de la Unión Europea a partir del verano de 2026.
¿Qué cambia y por qué para bares y restaurantes?
El Reglamento sobre envases y residuos (PPWR, Reglamento (UE) 2025/40) marca un calendario que endurece las restricciones. Los sobres de aderezos (kétchup, mostaza, mayonesa, aceite, sal, etc) deberán ser reemplazados por dispensadores reutilizables o recipientes colectivos cuando el consumo es en sala.
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La iniciativa es ambiental: reducir residuos plásticos. Pero la aplicación práctica choca con la costumbre y con problemas logísticos para miles de establecimientos pequeños. Pero está claro, eso no es lo importante.
La UE y sus curiosas batallas sobre lo alimentario
Bruselas tiene historial en la materia: no es la primera vez que regula con normas que parecen ideadas para Macondo.
Ejemplos sobran, a saber: Las zanahorias que fueran curvadas o con formas irregulares no se podían vender, hasta que en 2008 modificaron la extraordinaria reglamentación.
Ya que estamos con las zanahorias, la UE la considera una "fruta". Esto es exclusivamente para permitir la elaboración de mermeladas a Portugal, que comercializa el tradicional "Doce de Cenoura".
Si esta norma no existiera, la mermelada de zanahoria sería un producto ilegal!. Las bananas, también fueron normatizadas: deben estar libres de "curvaturas anormales" o malformaciones y la longitud mínima permitida es de 14 cm y el grosor mínimo de 27 mm.
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Es sensacional lo que sucede con el queso Stilton. Protegido por la Unión Europea bajo el sello de Denominación de Origen Protegida (DOP) desde 1996, establece que solo puede elaborarse en los condados de Derbyshire, Leicestershire y Nottinghamshire.
Irónicamente, el pueblo llamado Stilton quedó fuera de estos límites geográficos, por lo que es ilegal producir queso Stilton en Stilton.
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Desde 2018 la UE además abrió la puerta a insectos como “Novel Food”. Especies como el grillo doméstico o la larva del escarabajo del estiércol fueron autorizadas con etiquetados y protocolos mediante para ingresar en los menús.
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La discusión pública en la Unión demuestra que muchas veces se concentra en las formas y deja para después las cuestiones de fondo como la innovación industrial, la fiscalidad alimentaria, o los controles fitosanitarios internacionales, como ocurre con la entrada de frutas y vegetales de Marruecos producidos con normas extracomunitarias.
El resultado es un rosario de medidas que afectan más y sobre todo, al productor local y al bar de la esquina.
Del sobrecito al dispenser para todos y todas.
¿Nace una nueva tendencia?. Una buena ensaladilla admite unas lágrimas de aceite (AOVE); el perrito caliente pide su mostaza; las patatas fritas declaman por el ketchup; los torreznos demandan sal medida.
La lista podría ser infinita, a contramano de una sola certeza: todos nos veremos afectados en mayor o menor medida por la fría letra escrita en un despacho de Bruselas, ya sea como consumidores o como empresarios del sector gastronómico.
A favor, algún optimista piensa que si los dispensadores sustituyen a los sobres industriales, elaboraciones caseras (aliños de la abuela, aceites aromatizados, salsas originales) podrían convertirse en una posibilidad para recuperar prácticas artesanas, pero claro, si la regulación se implementa con sentido común y no se apuran a querer regular también esos productos. Lo más probable.
El sachet al destierro y el hombre a la luna
Mientras la geopolítica mundial redefine el impacto de la IA en el trabajo mundial, la puja comercial entre Estados Unidos y China, la puja por las tierras raras o el renacimiento de una nueva carrera espacial, con viaje a la luna incluido este mismo año, el futuro inmediato al que nos somete la Unión Europea es otro: nos obliga a abandonar para siempre el sobrecito de ketchup. Y no es broma: es política pública con efectos inmediatos en la barra del bar de Pepe.
Innovación o burocracia, esa es la cuestión.
Siempre nos tentamos y vamos a por algo. Esta vez cuesta, pero inyectamos en nuestra sangre un espíritu optimista, ¡Y vamos a por ello!