Núñez Feijóo y Santiago Abascal se miran en el espejo argentino de Javier Milei y de Macri
El líder del Partido Popular y el de Vox compiten por encabezar la posibilidad de un nuevo gobierno. Pero ese fundamentalismo le asegura el poder a Pedro Sánchez. El ejemplo de Milei y Macri en la Argentina.
13 de febrero 2026 - 17:10hs
El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el líder del partido Popular, Alberto Núñez Feijóo
Cada año, cada mes y cada día que pasa al Partido Popular y a Vox se les estrecha el camino. Deberán hacer algo juntos si quieren derrotar algún día al por ahora invencible Pedro Sánchez y gobernar España.
Las elecciones del último domingo en Aragón confirmaron tres tendencias que se vienen repitiendo desde 2023 en toda España.
1.- El Partido Popular gana las elecciones en la mayoría de los distritos, pero con porcentajes que van del 30 al 40% de los votos. Por eso, no consigue mayoría absoluta para armar gobiernos en soledad, y debe acudir a partidos aliados. Casi siempre Vox.
2.- Vox ha mejorado sus performances, sobre todo en los últimos tiempos. Pero nunca pasa del 20%. Por lo tanto, su única oportunidad de gobernar por ahora es sumándose a coaliciones con el Partido Popular.
3.- El PSOE, cuyo líder absolutista es Pedro Sánchez, pierde en la mayoría de las elecciones recientes y, como acaba de suceder en Aragón, el derrumbe electoral socialista es cada vez más pronunciado.
Increíblemente, aunque la derecha española gana la mayoría de las elecciones sumando los votos del mayoritario Partido Popular y los del vigente Vox, los dos partidos no se ponen de acuerdo para aprovechar esa circunstancia.
¿El resultado? Pedro Sánchez lleva ocho años gobernando España.
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El presidente Pedro Sánchez, y el ministro Oscar Puente, en el Parlamento de España.
El fundamentalismo que favorece a Pedro Sánchez
El caso más sintomático fue el de las elecciones generales de julio de 2023, cuando el Partido Popular ganó con Alberto Núñez Feijóo como candidato, pero los votos propios ni sumados a los de Vox le alcanzaron para llegar al gobierno.
Pedro vio la luz y acordó con lo peor del separatismo catalán y con la izquierda vasca que reivindica eternamente la memoria del terrorismo de ETA (EH Bildu), y se quedó en la Moncloa. Ahí está todavía.
Un año después, el líder de Vox (el duro Santiago Abascal), se cansó del Partido Popular y ordenó que se fueran de las cinco regiones autonómicas donde compartían gobierno gracias a aquel año electoral nefasto para el PSOE que fue el 2023. Así se desarmaron las coaliciones en Aragón, Castilla y León, Extremadura, Valencia y Murcia. Como dijo javier Milei en un video viral: ¡Afuera!.
Las diferencias entre el Partido Popular y Vox parecen explotar en estos días. Sobre todo, porque Santiago Abascal ha acelerado sus planes para despegarse de la idea de un acuerdo entre los dos partidos de la derecha española para llegar al poder.
Abascal aprovecha cada ocasión de campaña para acusar al Partido Popular de integrar lo que llama el “bipartidismo corrupto” junto al PSOE sanchista, y meterlo en la bolsa del “fanatismo climático” con el que la extrema derecha europea combate lo que hasta ahora ha sido la superioridad electoral de las derechas moderadas. La que gobierna en Bruselas y controla la Unión Europea.
El otro gran caballito de batalla es la inmigración. Porque Vox y Abascal promueven la expulsión lisa y llana de los inmigrantes ilegales, sin hacer distinción entre la inmigración africana de las pateras y los miles de inmigrantes hispanos en España.
En cambio, el Partido Popular trabaja muy fuerte con las comunidades inmigrantes latinoamericanas, a las que Isabel Díaz Ayuso llama directamente españoles.
Nacido en Galicia, Alberto Núñez Feijóo mantiene un vínculo de hierro con las comunidades gallegas en Sudamérica y ha sido un operador activo de los venezolanos en el exilio que pelean contra la dictadura chavista. El PP se viste a gusto de iberoamericano.
De todos modos, Núñez Feijóo y el PP se han visto obligados por la presión electoral a endurecer sus discursos sobre la inmigración, y hasta en sus frases sobre el reciente acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, que enardece a los agricultores españoles y donde Vox acumula simpatías.
Quizás por eso, el Partido Popular celebró sin prejuicios la paliza legislativa que Núñez Feijóo le dio hace una semana al catalán separatista Gabriel Rufián. Lo habían citado en el Congreso para tenderle una encerrona por la DANA de Valencia, y el líder del PP terminó arrinconando al vanidoso diputado de ERC por defender a Pedro Sánchez y al indefendible ministro Oscar Puente, quien descansa tranquilo en las redes sociales sin pagar costo alguno por las 47 muertes del horror ferroviario de Adamuz.
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Bandera de homenaje a las víctimas de Adamuz en el estadio Metropolitano del Atlético de Madrid, el último domingo.
Milei, los Macri y el espejo argentino
Algo está claro. El Partido Popular pretende llegar al gobierno sin negociar con Vox. Y Vox sueña con desplazar al PP del primer lugar de las encuestas para 2027, cuando sea el momento de las elecciones generales, si es que a Pedro Sánchez no se le ocurre alguna trapisonda para adelantarlas.
Sabiendo de sobra ya que la Argentina es el laboratorio experimental por excelencia de los cambios políticos, a los Núñez Feijóo, a las Díaz Ayuso, a los Abascal y a las Cayetanas Alvarez no les vendría mal echarle una mirada a lo que sucedió en estos tiempos entre La Libertad Avanza, el partido del presidente Javier Milei, y el PRO, la agrupación fundada por el ex presidente Mauricio Macri.
El PRO, con la hoy ministra Patricia Bullrich de candidata, era el favorito para ganar las elecciones presidenciales de 2023 en medio del derrumbe del kirchnerismo de Cristina Kirchner y Alberto Fernández.
Pero apareció Milei proponiendo la dolarización de la Argentina y ofreciendo un salto mucho más profundo a la derecha en lo político y se quedó con todo. Con la iniciativa y con el gobierno.
Parece mentira, pero Milei lleva ya más de dos años en el poder y quedándose con todo. Primero se apoderó de los votos de Macri. Después de algunos ejes de su discurso y de varios de sus principales dirigentes. Y hasta lo venció en las elecciones legislativas de la Ciudad de Buenos Aires. El bastión donde, antes Mauricio y el ahora el primo Jorge Macri, gobiernan desde hace dieciocho años.
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Presidente Javier Milei y ex presidente Mauricio Macri.
"Es la economía, estúpido"
Si la política fuera perfectamente simétrica, podríamos decir que el PRO es a la Argentina lo que el Partido Popular es a España. Y que Milei es en términos post pandemia lo que Vox y Abascal pretenden asimilar en formato español. El problema es que la asimetría y la política no son asimilables.
Es cierto que Abascal fue el primero en recibir y darle cobijo en los actos de Vox a Milei. Y que el presidente argentino estará siempre agradecido de aquellos gestos. Pero si el rechazo al socialismo de Pedro Sánchez y sus aliados, y el activismo contra las posturas globalistas unen a los dos dirigentes, hasta allí llegan las coincidencias más allá de la amistad inquebrantable.
Milei es un libertario en lo económico, un liberal convencido de que el Estado es una maldición creada solamente para robarle el dinero a los ciudadanos.
En cambio, Abascal es un nacionalista conservador que rechaza la liberalización de la economía y cualquier atisbo de modernidad, se trate del combate global a los gases de invernadero o del reemplazo de los coches a combustión por los eléctricos.
En ese espectro de diferencias es donde aparece la contradicción en torno al acuerdo UE-Mercosur.
Para Milei es ampliar los mercados para las exportaciones argentinas a 800 millones de consumidores.
Para Abascal es condenar a muerte al campo de España, que según los informes que maneja el Partido Popular representan el 5% del PIB español.
Es posible que, por los lazos de amistad entre ambos, esas diferencias de criterio jamás aparezcan en la opinión pública. Pero reflejan sus perfiles diferentes y quizás constituyan la explicación de porqué Vox no da el salto para superar al PP.
Bill Clinton le diría a Abascal:“Es la economía, estúpido”, pero ahora el demócrata canoso de Arkansas está lejos de los primeros planos, de Mónica Lewinsky y preocupado por la cantidad de fotografías que coleccionó con Jeffrey Esptein.
Todo es posible en el explosivo escenario político de España.
Que, como indican las encuestas y algunos conocedores como Iván Espinoza de los Monteros, Núñez Feijóo y el PP se queden a vivir en la Moncloa el año próximo.
Como tampoco hay que descartar que la derechización de la sociedad española le dé una oportunidad a Abascal. Difícil, pero quién sabe.
Lo que algunos temen es la peor hipótesis.
Es que el fundamentalismo de populares y voxistas le sirva en bandeja una nueva oportunidad a Pedro Sánchez. Y que, con sus separatistas, proetarras, coleccionistas de lechugas ilegales y antisemitas vestidos de violeta, el presidente socialista que habla inglés de Oxford se quede otro período.
Acostumbrado a estar por delante de la manada, Felipe González ha anticipado que votará en blanco si es necesario, pero nunca lo hará por Pedro Sánchez. Y no es cualquier opinión. El primus de los dirigentes socialistas gobernó trece años en los que España pasó a jugar en las ligas de las potencias europeas, por segunda vez en la historia. Después de doscientos años.
Para bien o para mal, pronto se verá, Argentina está viviendo con Javier Milei su enésima etapa de cambio de signo político.
Ahora la toca a España resolver el enigma más temido: definir si quiere ponerse a favor o en contra de donde soplan los vientos.