12 de febrero de 2026 8:54 hs

La invitación llegó el 2 de febrero. Proponía a los líderes de Europa un “retiro” en Alden Biesen, un castillo del siglo XVI en el pequeño pueblo belga de Rijkhoven. Una postal idílica y difícilmente un sacrificio.

Otra cosa es lo que vaya a ocurrir dentro de los gruesos muros del magnífico castillo.

Europa se aísla en un intento por llegar a un acuerdo sobre las reformas que deberían evitar que se vuelva económicamente obsoleta e irrelevante.

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Una Europa agonizante.

O por decirlo en las palabras de la Unión Europea (UE), se reúne para garantizar su independencia con un impulso político a la competitividad. EE.UU. y China la están dejando atrás a un ritmo que ya no admite dilaciones.

No es la primera vez que los popes europeos hacen esta pausa del mundo con aires de otros tiempos. El año pasado la convocatoria tuvo como agenda la necesidad del rearme.

Y como bien dijo Antonio Costa, el presidente del Consejo Europeo, en su carta de invitación a los Veintisiete, la construcción de una Europa de la Defensa está en plena marcha.

Pero esta vez, no será tan fácil. Y habrá entre los invitados unos cuantos escépticos.

Europa ya no tiene fe en el consenso

Por empezar, los dos ex primeros ministros italianos Enrico Letta y Mario Draghi, autores de dos informes históricos que describen cómo Europa podría reactivar la productividad y la inversión.

Devenidos en una suerte de gurúes, en especial Draghi, ex banquero central de Europa y autor del documento más renombrado, tienen un influjo especial sobre los presentes.

No el suficiente, claro, como para que alguna de sus propuestas se haya plasmado desde que las presentaron en el 2024.

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El italiano Mario Draghi, durante la presentación de su extenso informe sobre la competitividad en Europa.

El italiano Mario Draghi, durante la presentación de su extenso informe sobre la competitividad en Europa.

El banquero italiano Mario Draghi.

Ya entonces, los economistas italianos estimaban que Europa necesitaba invertir unos 800.000 millones de euros anuales -básicamente en todo, desde energía hasta defensa e innovación digital- para competir con EE.UU. y China. El tiempo les dio la razón.

Entre las que parece haber perdido la fe en el consenso está la propia presidenta de la Comisión Europea, la poderosa Ursula von der Leyen.

Antes del encuentro en el apartado castillo belga, ya avisó: si hay miembros que se oponen a las reformas, avanzará el grupo que sí esté dispuesto a apoyarlas.

En efecto, el llamado “principio de cooperación reforzada” permite a los Estados adoptar medidas sin apoyo unánime, siempre que un mínimo de nueve países estén de acuerdo.

Von der Leyen abre así la posibilidad de una Europa fragmentada. Una Europa a dos velocidades.

Nada más lejos del “federalismo pragmático” con el que sueña Draghi.

Reformas que se quedan en el papel

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), las barreras internas dentro de la UE equivalen a aranceles de hasta el 44 % sobre los bienes y del 110 % sobre los servicios.

Para corregir este tipo de distorsiones, las reformas que hoy se contemplan son múltiples.

Por ejemplo, se busca lanzar el llamado “Régimen 28”, una propuesta que busca crear un marco legal único y armonizado para todas las empresas. La idea es simplificar su creación y su funcionamiento con normas uniformes y una menor complejidad jurídica y administrativa.

Por otro lado, se está trabajando en una nueva versión del “made in Europe”, que pasaría a llamarse “Industrial Accelerator Act”. El proyecto apunta a garantizar que las compañías europeas reciban tratamiento preferencial en materia de inversiones.

La normativa, en su forma preliminar, resulta muy polémica. Cualquier inversión extranjera que supere los 100 millones de euros queda sujeta a condiciones muy estrictas como establecer joint ventures con empresas europeas, compartir tecnología y contratar empleados locales.

Igual de controversial es la iniciativa de suavizar los exigentes requisitos ambientales que hoy se imponen a las compañías, que encarecen los costos corporativos.

Otro gran desafío es concretar el mercado único de capitales. Hoy es muy difícil realizar inversiones transfronterizas por barreras desde legales y operativas hasta culturales.

Eso encarece el costo de capital de las empresas, limita la posibilidad de crecimiento de los innovadores y fundamentalmente expulsa a las compañías a otros mercados en busca de financiación.

Los industriales hacen su catarsis

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Ursula von der Leyen, la cabeza de la Comisión Europea, asistirá a ambos eventos, la cumbre de industriales y el retiro de líderes europeos.

Ursula von der Leyen, la cabeza de la Comisión Europea, asistirá a ambos eventos, la cumbre de industriales y el retiro de líderes europeos.

Mientras tanto, un día antes, el miércoles, habrá un gran encuentro de industriales europeos donde podrán hacer su catarsis.

Y estarán ahí para oírlos algunos de los líderes que irán al retiro, para que luego sus reclamos retumben en los interminables recovecos del castillo.

Es el caso del francés Emmanuel Macron y el alemán Friedrich Merz. Tampoco faltará la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Será también en Bélgica, en la ciudad de Antwerp. Un encuentro que ya se convirtió en una cumbre anual, el European Industry Summit ya se realiza por tercera vez.

Desde ya que será interesante escuchar lo que tengan que decir los monstruos de la industria europea que desfilen por el evento. Nadie está contento por estos días.

Pero no es difícil adivinar el mensaje. Europa necesita hacer algo para ser más competitiva. Y necesita hacerlo rápido.

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