China y Estados Unidos disputan el control del mundo, más precisamente quién tiene la hegemonía. Ahí solo hay lugar para un ganador. El que se imponga logrará diseñar el nuevo orden mundial a imagen y semejanza de sus intereses, y el otro deberá ver cómo continúa su lucha.
Sin embargo, eso no quiere decir que la cumbre fuera inútil para los líderes, incluso para sus países y para el mundo.
Trump: la cumbre como campaña
Después de algunas suspensiones debido a las coyunturas que atraviesa Estados Unidos en Medio Oriente, la cumbre se realizó en un momento inmejorable para las necesidades de ambos mandatarios.
Hasta las elecciones legislativas de noviembre, Trump necesita mostrarse como el líder que decide el rumbo del mundo. Este viaje alimenta exactamente esa imagen y refuerza el perfil que viene cultivando desde que asumió. Esto es muy importante porque en casa las cosas no están tan bien.
Las encuestas muestran el descontento con la situación económica, y también con la guerra. Y se acerca noviembre.
Entre los resultados concretos se destacan el compromiso chino de adquirir 200 aviones Boeing —con posibilidad de ampliar el pedido— y acuerdos preliminares sobre compras agrícolas, energía y carne vacuna.
Promesas que, como otras, deberán verificarse con el tiempo.
Lo que a Xi le cuesta poco políticamente, a Trump le vale mucho de cara a sus bases industriales y rurales. Vinculado a esto, Trump abordó la situación del líder de la Iglesia de Sion, Ezra Jin Mingri, detenido en China.
Esta era una demanda de fuerte peso político tras las resoluciones unánimes aprobadas por ambas cámaras del Congreso en vísperas de la cumbre. Trump declaró que Xi se comprometió a revisar la situación del religioso.
De concederlo, Trump lo capitalizaría políticamente de cara a los sectores evangélicos y conservadores en su país. Si Xi quiere hacer un gesto posible y sin costos internos significativos, este es un movimiento que puede hacer a corto plazo.
Xi: fortaleza con pies de barro
Para parte de la prensa internacional, sobre todo la vinculada al mundo progresista, la cumbre para Trump fue un fiasco. Por eso la calificaron como un triunfo de Xi, y se tomaron de las palabras siempre ambiguas y alegóricas que utilizan los chinos para hablar de la política.
Pero lo cierto es que la coyuntura que vive China no es tan idílica como quieren mostrarla sus propagandistas. Por eso, la reunión aporta a las necesidades de Xi en el plano interno, donde enfrenta problemas con el consumo popular, la cuestión inmobiliaria y la caída del crecimiento.
Además, las constantes purgas en torno al ejército y al partido hablan del malestar o de las resistencias que su liderazgo —con pretensiones absolutas— aún no ha logrado aplacar.
Sobre todo, suman dudas a la supuesta intención de recuperar Taiwán por la fuerza en 2027.
China no esconde su frustración con los países que mantiene conflictos en el mar meridional (especialmente con Filipinas y Vietnam) y por la pérdida de aliados como Venezuela e Irán, en el marco de un retroceso claro en torno a las pretensiones geopolíticas de los BRICS.
Por todo esto, ambos líderes no fueron a la cumbre para arreglar las cuestiones de fondo. Lo que necesitaban era fortalecer su presencia nacional y reafirmar la internacional. Y esto lo han logrado más allá de las visiones grandilocuentes previas a esta cumbre.
Resulta ridículo medir el éxito o el fracaso de la cumbre a partir de si resuelven o no los problemas estructurales. Eso no iba a pasar. Por ejemplo, con la cuestión de Taiwán, en el mejor de los casos, solo era posible algún acuerdo coyuntural, que aparentemente tampoco ocurrió.
En ese tema, China reiteró sus bravuconadas y Estados Unidos pasó el tema de largo porque piensa seguir haciendo cosas que China no quiere que siga haciendo, como venderle armas a Taiwán.
Sobre la isla rebelde pende la incertidumbre. Pero eso no es una novedad para ellos.
Lo mismo ocurre con la cuestión de Medio Oriente. Si bien la influencia de China sobre los iraníes es muy importante, tampoco son vasallos que van a aceptar cualquier cosa que se les diga. Y si aún hubiese un compromiso de los chinos con Trump para operar en ese sentido, no sería público.
Finalmente, el tema económico, más allá de algunos negocios que se abren y algunos aranceles que se caen, no puede modificar el centro del enfrentamiento por el orden económico que están liderando ambos países.
Los límites del consenso y la hora de las definiciones
Más allá de su corto recorrido, esta cumbre fue una buena noticia: los representantes de las potencias que están compitiendo por el poder mundial pueden juntarse y consensuar algunas cosas, aunque sea a corto plazo y basadas en las necesidades coyunturales de sus liderazgos.
El lado negativo, justamente, tiene que ver con esto mismo: el conflicto de fondo que tienen no es posible resolverlo con acuerdos consensuados y solo se definirá, seguramente en un tiempo alejado al actual, cuando uno de ellos gane y el otro pierda. Y eso no será muy pacíficamente.
Para Trump, estas pequeñas vacaciones ya se terminaron.
Al volver a casa, tendrá que tomar una decisión sobre cómo finalizar el conflicto con Irán. Los iraníes no están dispuestos a rendirse incondicionalmente. En este juego de aguante, resta saber quién va a aflojar primero.
Los iraníes están exhaustos. La fragmentación interna es muy significativa y la crisis social y económica es de una magnitud que puede explotar en cualquier momento. Pero, por ahora, mantienen el régimen con una sistemática represión. ¿Los ayudará China a pasar la tormenta?
Mientras tanto, Trump sigue presionando con mucha fuerza, no solo con el bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz, sino también mediante el bloqueo del Tesoro de EEUU a todo movimiento de dinero tradicional y divisas desde y hacia Irán, incluyendo las criptomonedas.
Trump ya habló demasiado, y ayatolás y guardianes siguen ahí. Por eso, hoy hay más preguntas que certezas.
¿Seguirá Trump con este conflicto hasta las elecciones? ¿Votará Estados Unidos, de ser así, en contra de un presidente en medio de una guerra? ¿Atacará Trump ahora para terminar con la resistencia iraní? ¿Seguirá bloqueando sus fuentes energéticas, el petróleo, y forzará más sanciones? ¿Habrá hablado algo con Xi al respecto? ¿Habrán negociado cosas que no son públicas?
Todo esto lo empezaremos a saber en las próximas semanas.