Portadas fentanilo - UY 04-01

El sur no vende: por qué Uruguay es un objetivo de 'bajo rendimiento' para los carteles del fentanilo global

El análisis del porqué Uruguay y su región parecen, hasta ahora, esquivar la crisis de opioides sintéticos que ha devastado a Estados Unidos, encuentra su respuesta más contundente en una lógica de mercado.

16 de mayo 2026 - 5:00hs

Para las grandes organizaciones criminales que gestionan el tráfico de fentanilo a escala global, Uruguay es un objetivo de "bajo rendimiento". Según expertos, el país no representa un mercado atractivo, ni por su tamaño, ni por su cultura de consumo, ni por su ubicación en las rutas de trasiego actuales.

Gabriel Tenenbaum, doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Sociología y estudios en la materia, afirma que Uruguay no es un mercado atractivo para el narcotráfico. ¿Por qué? Héctor Suárez, sociólogo y coordinador del Observatorio Uruguayo de Drogas (OUD) argumenta que buena parte de ello tiene que ver con que “somos un mercado muy chiquito porque somos una población chica".

Este análisis se fundamenta en la teoría de la oferta criminal: no existe oferta si no hay una demanda latente o un mercado propicio que justifique la inversión y el riesgo logístico. “Nunca va a haber una oferta si vos no tenés un mercado, si no se crean las demandas. Pero sí tiene que haber un mercado latente”, explica Suárez.

En este sentido, el negocio del fentanilo, tal como está estructurado hoy, tiene su epicentro casi exclusivo en América del Norte. El informe de 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) refuerza esta idea, señalando que el fentanilo "sigue siendo en gran medida un fenómeno norteamericano".

Una geopolítica criminal que mira al norte

La dinámica actual del narcotráfico global ha segmentado los mercados de forma muy clara. Mientras la cocaína es una mercancía que llega a "todas partes del mundo", en palabras de Tenenbaum, el fentanilo tiene un vector claro y definido.

En sus alertas de seguridad pública, la Drug Enforcement Administration (DEA) ha informado que el fentanilo es producido en gran parte por dos cárteles mexicanos de la droga, el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco (CJNG). Históricamente, el estado de Sinaloa ha sido el epicentro de la producción, aunque cárteles del crimen organizado de otras regiones de México también se han sumado al narcotráfico.

Según una investigación realizada por Reuters, los traficantes en Sinaloa operan laboratorios al aire libre en zonas rurales, como bosques o ranchos remotos. También han instalado laboratorios ventilados dentro de apartamentos y casas en ciudades como Culiacán.

Y, en la página del Congreso americano, se ha declarado que desde aproximadamente 2019, México ha reemplazado a la República Popular China (RPC, o China) como la principal fuente de fentanilo ilícito con destino a Estados Unidos.

El negocio del fentanilo es en gran medida un sistema comercial trinacional, con Estados Unidos, México y China vinculados en un triángulo de comercio ilícito. Estados Unidos, el mayor consumidor. México, el fabricante. China, el proveedor de materia prima de la droga ilícita.

China ha tomado algunas medidas para restringir el flujo de fentanilo. En 2019, sometió el fentanilo y sus análogos a control nacional, poniendo fin a las exportaciones ilícitas del producto terminado. Sin embargo, aún no ha logrado controlar tres sustancias químicas comunes en la fabricación de fentanilo que la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas añadió en 2022 a una lista de precursores que los Estados miembros —incluida China— están obligados a regular.

Esta concentración del negocio en Estados Unidos obedece a una demanda preexistente y a una cultura de consumo de opioides que no tiene parangón en América Latina. Michelle Paranzino, doctora en historia especializada en la guerra de drogas en América Latina y parte del Departamento de Estrategia y Políticas del US Navy War College (sus opiniones no representan las de su empleador ni las de ninguna otra parte del gobierno de los Estados Unidos) subraya que el enfoque estadounidense de combatir la oferta ha fallado precisamente por no abordar las causas de la demanda interna: “El foco realmente necesita estar en el lado de la demanda, de hacer las preguntas difíciles sobre por qué la gente quiere consumir drogas”.

El problema, por tanto, no es latinoamericano. La ausencia de una crisis de fentanilo en países vecinos como Argentina y Brasil, que debido a sus fronteras porosas son fuente de vulnerabilidad para Uruguay, es el principal blindaje de Uruguay. “La principal razón por la que no hay fentanilo en Uruguay es que no está en la región. En nuestros vecinos, Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, no está”, sentencia Suárez.

Antonio Pascale, médico toxicólogo y miembro del comité de expertos en Farmacodependencias de la OMS, señala que, si bien hubo un caso puntual de cocaína adulterada con carfentanilo en Argentina hace unos años, "fue algo muy puntual, no se reiteró". El epicentro de la producción y el tráfico se mantiene lejos del Cono Sur. “Hoy la vía preponderante es desde Asia, donde quizás más se produce el fentanilo, va hacia zonas de Oceanía, Europa y particularmente América del Norte”, agrega Pascale.

Robert Correa, Director de Drogas del Ministerio del Interior, también enfatiza la importancia de observar la dinámica regional. Aunque admite que la cercanía con Brasil y Argentina es una "debilidad" operativa, matiza que la preocupación no se limita a los vecinos. La capacidad operativa de organizaciones transnacionales como la Ndrangheta europea es tan preocupante como la del Primer Comando Capital (PCC) brasileño, considera. Sin embargo, en el mapa actual, el Cono Sur no figura como un punto estratégico para el negocio del fentanilo.

Logística y cultura de consumo: barreras adicionales

Más allá de la falta de interés del crimen organizado, existen barreras logísticas y culturales que dificultan la penetración del fentanilo en Uruguay. “¿A qué precio puede llegar para que la consuman en la clase baja del país?”, se pregunta Tenenbaum, porque el costo de importar una droga de diseño desde México para un mercado de bajo poder adquisitivo y sin una demanda específica parece una ecuación económica poco rentable para los traficantes.

A esto se suma la cultura de consumo local. Históricamente, Uruguay no ha tenido una tradición de consumo de drogas inyectables, la forma original de uso del fentanilo y otros opiáceos como la heroína. “En Uruguay nunca hubo una tradición de consumo inyectable”, confirma Suárez. Si bien el riesgo se ha incrementado con la aparición de fentanilo en formato de pastillas, la principal droga de abuso en el país sigue siendo la cocaína y sus derivados, como la pasta base, además de la marihuana. “El gran mercado en América Latina es la cocaína, no hay vuelta. Y todo lo que se elabora a partir de la hoja de coca”, explica Tenenbaum. Los grupos criminales locales, según su análisis, tienen su negocio enfocado en ese mercado y, aunque pueden vender alguna droga de diseño, no es su actividad principal.

La amenaza latente y el rol de la prevención

Pese a este panorama, autoridades uruguayas del Ministerio del Interior y del OUD insisten en que no se puede bajar la guardia. El hecho de que no haya incautaciones por parte del Ministerio del Interior, "no significa que el consumo ilícito no esté presente", advierte Correa.

La principal vía de acceso al fentanilo ilegal en Uruguay hoy son los pequeños desvíos desde el sistema de salud. De hecho, según la Dirección de Drogas, en 2019 hubo un hurto de 7 ampollas en un sanatorio en Canelones. En 2020, un hurto de 50 ampollas en una policlínica de Durazno y otro hurto de una caja con ampollas por parte de un transportista en Montevideo. En 2023, en un laboratorio en Montevideo desaparecieron 9 gramos, en una policlínica en Cerrito una ampolla y una constancia policial indica que hubo una devolución por parte de un transportista. En 2024, hubo un hurto de 40 ampollas en un hospital en Rocha.

Aunque estos eventos no son indicativos de un mercado ilegal estructurado, la altísima potencia de la sustancia hace que cualquier pequeña cantidad represente un riesgo.

La estrategia de Uruguay se ha centrado en la prevención y la capacitación. Según el Ministerio del Interior, se elaboró en la Dirección de Drogas una "guía para la manipulación segura de opioides sintéticos" y se está capacitando al personal operativo en el uso de equipos de protección y en cómo actuar ante una posible exposición.

Además, el país cuenta con una ventaja legislativa clave: la ley genérica de precursores. A diferencia de Estados Unidos, donde se debe legislar sustancia por sustancia, la normativa uruguaya permite incluir grupos enteros de sustancias químicas bajo control, adelantándose a la aparición de nuevos análogos de fentanilo que los narcotraficantes pudieran crear para eludir la ley. "La legislación por grupos genéricos es lo que permite eso. Una muy buena ventaja", explica la responsable del laboratorio químico-toxicológico de la Dirección de Drogas, que por razones de seguridad prefiere que su nombre no sea publicado.

La ausencia de una crisis de fentanilo en Uruguay responde a una confluencia de factores donde la lógica del mercado criminal es preponderante. El país es, por ahora, un punto ciego en el mapa de los grandes cárteles, que concentran sus esfuerzos en el lucrativo y demandante mercado norteamericano.

Uruguay no vende, y mientras el sur no sea visto como un objetivo rentable, la principal defensa del país seguirá siendo su falta de atractivo para el negocio global del opioide sintético. No obstante, la única constante "es el cambio", según recalcaron del laboratorio químico-toxicológico. La prevención y la vigilancia regional son las únicas herramientas para no correr la crisis desde atrás.

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