Uruguay es, reconocido por expertos, sobre todo un país de acopio y tránsito de cocaína, y otros estupefacientes, para el narcotráfico. Pero, a pesar de su vulnerabilidad logística, los opioides sintéticos no han penetrado el mercado de consumo en Uruguay.
Héctor Suárez, sociólogo y coordinador del Observatorio Uruguayo de Drogas (OUD), entidad que forma parte de la Junta Nacional de Drogas (JND), identifica el tipo de consumo como una de las grandes barreras. "El gran porqué que hay es que las drogas inyectables en Uruguay son de casi nula prevalencia. En Uruguay históricamente nunca hubo heroína, por ejemplo", afirma Suárez en diálogo con El Observador.
Esta ausencia de tradición con los opiáceos deprimió el desarrollo de un mercado para sustancias similares: "acá en Uruguay se da más por las sustancias estimulantes que por las depresoras, como la pasta base, como la cocaína, como los inhalantes. Es decir, no hay una tradición en Uruguay del consumo de este tipo de sustancias depresoras, menos por vía inyectable".
Según el coordinador del OUD, el consumo inyectable es tan minoritario que se considera "absolutamente marginal", limitado a "gente que lo consume en el exterior". Esta cultura de consumo, orientada a los estimulantes, hace que el fentanilo, en su forma original, no sea atractivo para el usuario promedio local. "No está dentro del target de los consumidores de acá", concluye Suárez.
Pero la situación uruguaya no es un caso aislado, sino parte de una tendencia más amplia. Suárez sitúa el bajo consumo de opiáceos en un contexto regional, lo que constituye, quizás, el gran factor de protección para el país. "En realidad en Argentina, en Chile, en Brasil, tampoco. América del Sur no es una vía de consumo preferente, no es una cuestión sola de Uruguay (...) Cuando uno empieza a comparar y ver las particularidades de Uruguay, ve que no son tan particularidades de Uruguay, sino que es regional", explica.
La porosidad de las fronteras uruguayas convierte al país en un espejo de lo que ocurre en sus vecinos. Mientras el fentanilo no se establezca como una droga de abuso masivo en Argentina y Brasil, es improbable que encuentre un punto de entrada en el mercado uruguayo, considerado pequeño y poco rentable para el narcotráfico, analiza Suárez y agrega: "la principal razón es que no está en la región, esa es la primera razón".
Este desinterés del narcotráfico se suma a la falta de demanda local. El rol de Uruguay como país de acopio y tránsito, principalmente de cocaína, lo deja fuera del foco de las redes que buscan expandir el mercado de opioides sintéticos: "Nosotros le interesamos a pocos. Somos un mercado muy chiquito. (...) No somos atractores del narcotráfico", señala el sociólogo.
A pesar de este escenario, la vigilancia es una política de Estado activa, principalmente porque la amenaza del fentanilo ha mutado. Su presentación ya no se limita a la vía inyectable, lo que podría anular la barrera cultural uruguaya.
De hecho, en Estados Unidos, la mayoría del fentanilo ilegal se vende en pastillas azules llamadas M30.
"Ahora hay nuevas formas de presentación del fentanilo. Puede venir en sellos, puede venir en papelitos, puede venir en comprimidos. Ahí sí empieza a aumentar el riesgo", advierte Suárez. Este cambio de formato lo hace más accesible para consumidores no habituados a la vía intravenosa, como los usuarios de drogas sintéticas.
En mayo de 2017 el SAT emitió una alerta tras la detección de fentanilo en 575 sellos de papel que se comercializaban como LSD. Este evento, junto con casos aislados de desvío de fentanilo de uso hospitalario, son las apariciones (ilegales) confirmadas de la sustancia en el país que más han sonado en el ojo público.
Adicionalmente, según informó la JND a El Observador a través de un pedido de acceso a la información pública, en estudios de aguas residuales realizados en 2019 en fiestas de música electrónica, "se constató que en dos de las muestras analizadas (...) había presencia de fentanilo".
El Ministerio del Interior, por su parte, indicó que no existen incautaciones de drogas que involucren fentanilo, salvo el caso de 2017. "Si bien no se ha detectado un mercado ilegal, no significa que el consumo ilícito no esté presente. No hay cómo descartar esa hipótesis, sería imprudente decirlo", declara Robert Correa, Director de Drogas Ministerio del Interior, a El Observador.
Eso, en cuanto al fentanilo que podría estar vinculado al narcotráfico. A nivel desvíos médicos, un artículo de El Observador de comienzos del 2024, además de aquel desvío de 2023, indicó que unos meses atrás de aquel episodio una especialista de un prestador de salud fue investigada tras ser encontrada con ampollas de opioides en el baño. En otro prestador, ese mismo año, se suspendió temporalmente a otra profesional por recibir una denuncia del personal de enfermería debido a "manejos no claros" de sustancias.
Y, aunque el Ministerio de Salud Pública estableció en ese entonces (y aún lo hace) que los desvíos a nivel de la dispensación de medicamentos en establecimientos regulados por el MSP son bajos, entre 2018 y 2019 se identificaron cinco casos de abuso en la dispensación de opioides por parte de funcionarios.
Además, según la Dirección de Drogas, en 2019 hubo un hurto de 7 ampollas en un sanatorio en Canelones. En 2020, un hurto de 50 ampollas en una policlínica de Durazno y otro hurto de una caja con ampollas por parte de un transportista en Montevideo. En 2023, en un laboratorio en Montevideo desaparecieron 9 gramos, en una policlínica en Cerrito una ampolla y una constancia policial indica que hubo una devolución por parte de un transportista. En 2024, hubo un hurto de 40 ampollas en un hospital en Rocha.
La estrategia de Uruguay se basa en la vigilancia y la preparación. Suárez lo resume así: "si en Argentina o en Brasil se da la moda de las drogas inyectables, del fentanilo, o lo que fuera, va a pegar acá, sin duda (...) Lo que tendría que hacer Uruguay simplemente es prepararse para una emergencia de ese tipo. Y para prepararnos tenemos que captar desde el primer momento qué es lo que está sucediendo". El SAT, junto a otros instrumentos de monitoreo como encuestas nacionales y registros de personas en tratamiento, son las herramientas dispuestas para esa captación temprana.
Entonces, a la pregunta de por qué no hay consumo recreativo de fentanilo en Uruguay, la respuesta es que son varios factores combinados. Uno de ellos: una cultura de consumo históricamente orientada a los estimulantes que ha generado un desinterés tanto en la demanda local como en la oferta del narcotráfico.
Es en la oferta que radica la clave para algunos. En Estados Unidos, es parte de la puja. Washington ha estado presionando a China y México para que hagan más por evitar que los precursores químicos (como la 4-piperidona) del fentanilo lleguen a los fabricantes ilícitos.
Estos países, según Reuters, defienden sus esfuerzos y afirman que Estados Unidos debe abordar su problema de adicción.