El origen controlado: de la importación a la farmacia
Uruguay no produce la materia prima. Es un país importador, tanto del principio activo como del medicamento ya terminado, listo para su uso. El equipo técnico de DIGESA del Ministerio de Salud Pública (MSP), detalla el marco regulatorio que gobierna este proceso, en conversación con El Observador: "El fentanilo es una sustancia de control internacional, está contenida dentro de la lista amarilla de la convención del año 1961 como estupefaciente y por ende acá en el Uruguay se hizo, al ser signatarios de esa convención, una ley que lo que hizo fue incorporar todo lo que implica la convención a la normativa nacional", señala.
La importación no es un acto libre. Primero, cualquier medicamento, incluido el fentanilo, debe estar registrado en el Departamento de Medicamentos del MSP. Además, las empresas importadoras o fabricantes locales deben contar con un permiso especial para manejar estupefacientes, una autorización que firma el propio ministro de Salud, que los somete a una estricta supervisión.
Uno de los pilares de este control es el sistema de cupos gestionado ante la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). Anualmente, Uruguay debe declarar una previsión de cuánto fentanilo consumirá. "En el año 2026, Uruguay va a consumir 100 gramos de fentanilo", ejemplifican desde DIGESA. "Si nosotros queremos importar por fuera de esos 100 gramos (...) la JIFE al tener publicada esa información le dice al país exportador: 'mirá Uruguay no tiene cupo, así que no le podés exportar'", continúan.
Este mecanismo internacional impide que ingresen al país cantidades no justificadas, ya que "podría concebirse como un desvío". Si bien los cupos pueden ampliarse con la debida justificación, este es un primer filtro de contención a gran escala.
Los proveedores también están bajo la lupa. No se puede importar desde cualquier origen. "Yo no puedo autorizar una importación de un producto que dice origen Bélgica, y procedencia Bélgica o Alemania, y me lo quieren traer de Irlanda", afirma el equipo técnico. El sistema permite trazar el origen, garantizando que los proveedores cumplan con las regulaciones de sus propios países.
Una vez que el fentanilo ingresa a una empresa habilitada, cada movimiento queda documentado. Los laboratorios e importadores deben presentar balances mensuales detallando su stock inicial, ingresos, salidas y stock final. La venta a farmacias, droguerías o centros de salud se realiza exclusivamente a través de un "vale de adquisición de estupefacientes", una libreta con vales rubricados por el MSP.
Según el equipo técnico DIGESA, el procedimiento funciona así: "Yo soy farmacia primera, te quiero comprar a ti laboratorio, yo solamente si te presento este vale tú me podés vender ese estupefaciente". Este documento físico asegura que solo entidades autorizadas puedan comprar la sustancia y en las cantidades especificadas. A nivel informal, según relata el equipo técnico, los propios directores técnicos de las farmacias actúan como custodios del sistema: "Son muy estrictos en esos controles y si hay alguien que esté firmando un vale que no lo conocen enseguida se comunican con nosotros a preguntar".
La trazabilidad del último eslabón
Cuando el medicamento llega a la farmacia, la responsabilidad pasa a su director técnico. Si es una farmacia comunitaria, la venta al público solo puede realizarse contra la presentación de una receta oficial triplicada, de color naranja o amarillo. Cada venta debe ser registrada en un libro recetario, un método que, aunque data de 1974, garantiza la trazabilidad hasta el paciente. "La garantía estaba en lo que se registraba a mano como libros contables, es la misma idea para esa época", comenta el equipo técnico de DIGESA, aunque admiten que se está impulsando la transición a equivalentes digitales.
En el ámbito hospitalario, el control es aún más granular. El fentanilo se dispensa a través de sistemas de unidosis para pacientes internados o se destina a botiquines de áreas críticas como quirófanos, CTI o emergencias. Estos stocks mínimos también son controlados.
Para verificar que este andamiaje funcione, el MSP realiza inspecciones anuales. "Armamos un plan de fiscalización anual con un análisis de contexto previo", explican del equipo técnico. Los inspectores de la división se enfocan específicamente en la trazabilidad y seguridad de estas sustancias. "Vamos a inspeccionar a la farmacia de segunda categoría, al servicio de farmacia y no solamente inspeccionamos la farmacia ambulatoria del hospital, sino que vamos a la ambulatoria, vamos a la farmacia interna y vamos a las áreas cerradas". Durante estas visitas, se realizan muestreos: se elige una sustancia y se controla su recorrido desde el ingreso hasta la dispensa, verificando que los registros coincidan con el stock físico.
Este sistema no opera en solitario. Desde el equipo técnico subrayan la importancia de la colaboración: "No solamente participa la división de Sustancias Controladas, sino que también en el control de estas sustancias es en consonancia con otros organismos, tanto nacionales como internacionales". La armonización de normativas con países vecinos, especialmente en el marco del MERCOSUR, es crucial. "Sería una situación de mucha vulnerabilidad para nosotros", admiten desde el equipo técnico de DIGESA, "si los países limítrofes no tuvieran controles similares, ya que un desvío en la región podría impactar directamente en Uruguay".
Cuando el sistema falla: desvíos y hurtos
A pesar de la robustez del sistema, no es infalible. Han existido desvíos, aunque limitados. Robert Correa, Director de Drogas del Ministerio del Interior, es claro: "Incautaciones de fentanilo no hay". Sin embargo, matiza: "Hay incautaciones de ampollas y hay investigaciones por ampollas que desaparecieron o se desviaron del circuito legal". Correa cree que los desvíos pueden seguir ocurriendo "porque es una sustancia codiciada, no es barata y es de difícil acceso".
Según la Dirección de Drogas, en 2019 hubo un hurto de 7 ampollas en un sanatorio en Canelones. En 2020, un hurto de 50 ampollas en una policlínica de Durazno y otro hurto de una caja con ampollas por parte de un transportista en Montevideo. En 2023, en un laboratorio en Montevideo desaparecieron 9 gramos, en una policlínica en Cerrito una ampolla y una constancia policial indica que hubo una devolución por parte de un transportista. En 2024, hubo un hurto de 40 ampollas en un hospital en Rocha.
Todos esos hurtos, en su mayoría, para uso veterinario, declara Correa. "Por suerte", agrega.
Cuando el MSP detecta una inconsistencia durante una inspección —por ejemplo, un faltante de ampollas—, se inicia un procedimiento. Se piden descargos al director técnico y a la institución. Si la justificación es válida (como una rotura documentada), se toman medidas administrativas. Pero si la sospecha de un desvío es fuerte, el caso se eleva. "Se eleva a la DIGESA, la Dirección General de Salud, con la sugerencia proclive de hacer la denuncia penal", detallan desde el equipo técnico. A partir de ahí, la Fiscalía toma las riendas de la investigación. También puede ocurrir que el propio director técnico de una farmacia denuncie un extravío o un hurto, lo que obliga a una investigación administrativa y una denuncia policial.
En conversación con El Observador, la persona responsable del laboratorio químico-toxicológico de la Dirección de Drogas confirmó que los casos detectados corresponden solo a desvíos médicos. "Se han encontrado ampollas de fentanilo que provienen de hurtos", declara y aclara que esto significa que el producto pasa del circuito legal al ilegal, no que ingresa por contrabando.
El problema es que, aunque cada ampolla tiene un número de lote, la trazabilidad final se diluye. "Muchos laboratorios adquirieron ampollas de ese lote que van distribuyéndose a diferentes centros, entonces no es posible llegar a un punto exacto", explica. Se puede saber qué falta, pero no de dónde exactamente.
Si bien el control perfecto no existe y los hurtos demuestran que hay fisuras, la dificultad técnica para generar un mercado negro a partir del desvío legal sigue siendo una de las defensas del país contra una crisis que, por ahora, se ve a la distancia. El sistema de trazabilidad, con sus múltiples capas de control —cupos internacionales, vales, registros manuales e inspecciones—, permite tener una fotografía más o menos precisa de dónde está el fentanilo legal en Uruguay, en cada momento.