16 de mayo 2026 - 10:23hs

Hay un lugar en el mundo que fabrica casi todos los chips que hacen funcionar tu teléfono, tu computadora y los autos modernos, es Taiwán. Es una isla del tamaño de Costa Rica, frente a las costas de China, con 23 millones de habitantes y una economía que el mundo entero necesita aunque casi nadie lo sepa.

Taiwán tiene un problema grave que la guerra en Irán acaba de poner en evidencia, porque no tiene casi nada de gas natural guardado.

El gas natural importa porque se emplea en la generación de más de la mitad de la electricidad de la isla. Sin este hidrocarburo, las fábricas se apagan y dejan de producirse los chips. Sin chips, el mundo entero lo siente.

En buena parte, el Medio Oriente es el proveedor de buena parte de ese gas. Y para llegar desde el Levante hasta Taiwán, los barcos que transportan gas tienen que pasar el Estrecho de Ormuz, un cuello de botella en el mar, flanqueado por Irán de un lado y los países árabes del otro. En un escenario de conflicto, ese cuello de botella se vuelve peligroso, y los barcos lo piensan dos veces antes de pasar.

Ahí está el problema de Taiwán hoy, porque con un conflicto activo en Irán, esa ruta se volvió incierta, y la isla solo tiene reservas de gas para once días. Japón, que enfrenta el mismo problema de depender del gas del Medio Oriente, tiene reservas para tres semanas. Corea del Sur, para un mes. Taiwán tiene la reserva más pequeña de toda Asia Oriental, y es la que más necesita protegerse.

Para sobrevivir, Taiwán compra gas a otros proveedores de urgencia, habla con Japón para ver si le redirige algunos cargamentos que ya tiene comprados. También prevé la reactivación de plantas eléctricas viejas de carbón y petróleo, que estaban apagadas. E incluso considera volver a encender una planta nuclear que tenía desactivada.

Son todas soluciones de emergencia. El problema de fondo no se resuelve en semanas, porque las nuevas instalaciones de almacenamiento que se construyen tardarán al menos tres años en estar listas.

Y aquí aparece la parte que pocos dicen en voz alta: el país que desató la guerra en Irán, Estados Unidos, es el país que más se beneficia de la crisis energética de Taiwán.

No es una coincidencia menor. En la última década, Taiwán pasó de comprarle cero petróleo a Estados Unidos a comprarle casi un tercio de todo lo que consume. En gas natural, la participación estadounidense también crece. En febrero, semanas antes de que estallara la guerra, la empresa estatal taiwanesa de energía firmó un contrato de 25 años con el mayor exportador de gas licuado de Estados Unidos.

Estados Unidos dispara la guerra, el mismo país interrumpe las rutas del Medio Oriente, y también aparece como el proveedor alternativo. El comprador desesperado y el vendedor disponible resultan ser, casualmente, aliados políticos. El negocio y la geopolítica rara vez se separan tanto como los discursos oficiales sugieren.

Taiwán, mientras tanto, reza para que la guerra sea corta y los barcos vuelvan a pasar pronto. Once días no da para mucho margen de error.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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