15 de mayo 2026 - 13:00hs

La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping del 14 y 15 de mayo en Beijing concluyó con anuncios de cooperación y referencias a “acuerdos comerciales”, aunque sin precisiones concretas. El conflicto en Irán y la situación en el estrecho de Ormuz formaron parte central de la agenda.

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Según declaraciones de Donald Trump, Xi Jinping aseguró que China no brindará asistencia militar a Teherán y expresó disposición para colaborar en la reapertura de Ormuz, una vía clave para el comercio global de hidrocarburos. En paralelo, China pidió un alto el fuego y la normalización de las rutas marítimas.

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Más allá de esos gestos, la disputa entre ambas potencias sigue atravesada por el factor energético. China importa alrededor de 10 millones de barriles diarios de petróleo y depende en buena medida de suministros provenientes de Irán y Venezuela. Históricamente, el 84% del petróleo que transitó por Ormuz tuvo como destino Asia.

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Acciones chinas

Al principio, el gigante asiático optó por el pragmatismo más crudo: ordenó a sus grandes refinerías detener de forma inmediata las exportaciones de gasolina y diésel para blindar sus propios tanques. China se aislaba para sobrevivir.

Posteriormente, Pekín decidió reabrir la válvula, pasando de un enfoque proteccionista a retomar exportaciones de combustibles. Pekín ha dado luz verde a sus refinerías estatales para exportar 500.000 toneladas de combustibles (gasolina, diésel y queroseno) durante el próximo mes. Según fuentes citadas por Oilprice, empresas como Sinopec y China National Petroleum Corporation (CNPC) ya tienen cargamentos listos en buques que irán destinados, a modo de rescate, a naciones vecinas severamente castigadas como Vietnam y Laos.

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El almacén flotante

Una de las herramientas clave en la estrategia energética china es el denominado “almacén flotante”. Consiste en mantener buques con crudo iraní y de otros países sancionados anclados cerca de sus costas, listos para ser descargados.

Este sistema permite disponer de petróleo que ya no necesita atravesar el estrecho de Ormuz, reduciendo el impacto inmediato ante eventuales interrupciones del tránsito marítimo.

Estos buques actúan como una extensión de la capacidad de almacenamiento terrestre. Mientras que los tanques en tierra de China tienen una capacidad colosal (más de 1,200 a 1,400 millones de barriles), el almacenamiento en el mar permite gestionar picos de demanda o demoras en los trámites de descarga sin interrumpir el flujo hacia las refinerías.

A nivel global, hacia febrero de 2026 se estimaban unos 487 millones de barriles de petróleo sancionado almacenados en el mar. Irán, Rusia y Venezuela concentraban alrededor del 69% de ese volumen. (unos 56 millones de barriles). Gran parte de este volumen se concentra en la región de Asia-Pacífico, donde el almacenamiento flotante aumentó recientemente, en parte debido a la acumulación estratégica china.

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El “oil on water” refleja tanto el crudo en tránsito como el almacenado en buques, en un contexto de disrupciones en los flujos globales.

El “oil on water” refleja tanto el crudo en tránsito como el almacenado en buques, en un contexto de disrupciones en los flujos globales.

Sumando los tanques terrestres y estos almacenes flotantes, China posee un "colchón" de seguridad de aproximadamente 104 días de demanda interna.

Para mantener este almacén flotante, China e Irán utilizan lo que los analistas llaman la "Flota Oscura" o "Dark Fleet". Son buques que a menudo apagan sus transpondedores (AIS) o utilizan identidades falsas para transportar el crudo sancionado hasta las costas chinas, eludiendo el rastreo internacional y las sanciones estadounidenses.

Este petróleo almacenado en el mar está destinado principalmente a las refinerías independientes chinas (conocidas como teapots), las cuales son las principales compradoras de crudo iraní y han sido blanco de sanciones directas por parte de Washington por estas operaciones.

China como salvavidas energético

Este "almacén flotante" permite a Pekín jugar un papel de "salvavidas energético" en la región. Al tener reservas excedentes y seguras (ya fuera de la zona de conflicto), China ha comenzado a exportar combustibles a países vecinos como Vietnam y Laos, en un contexto de restricción del suministro en otros países.

Que China pueda permitirse exportar combustible mientras el resto del continente aplica medidas de racionamiento no es un milagro, es el resultado de una estrategia silenciosa. China aprovechó los años anteriores para comprar crudo fuertemente sancionado y barato (ruso, venezolano e iraní), logrando acumular unas reservas colosales de casi 1.400 millones de barriles.

Desafío geopolítico

Pero la jugada de Pekín va mucho más allá de socorrer a sus vecinos; es un desafío geopolítico directo. Como detalla South China Morning Post (SCMP), China ha activado por primera vez sus llamadas "Reglas de Bloqueo" de 2021. El Ministerio de Comercio chino ha emitido una orden oficial prohibiendo a las empresas nacionales cumplir con las sanciones impuestas recientemente por Estados Unidos.

Washington había sancionado a cinco refinerías independientes chinas (conocidas como "teteras"), entre ellas Hengli Petrochemical, acusándolas de financiar al ejército iraní mediante la compra de su petróleo. Al ordenar el desacato de estas sanciones por considerarlas una "aplicación extraterritorial indebida", Pekín demuestra que no solo tiene el control físico del crudo, sino que está dispuesta a un enfrentamiento legal y financiero con EEUU para proteger sus líneas de suministro.

La diplomacia de la cuerda floja

La diplomacia de la cuerda floja. La cumbre en Beijing reflejó ese equilibrio. China se mostró públicamente como un actor dispuesto a colaborar en la desescalada, pidió un alto el fuego en Medio Oriente y expresó su voluntad de contribuir a la reapertura del estrecho de Ormuz.

Sin embargo, como explica The New York Times, China está jugando a dos bandas en este conflicto. Por un lado, ejerce como mediador pacífico, empujando a Irán a negociar para desescalar la tensión, habiendo sido clave en los frágiles altos el fuego temporales. Sin embargo, por otro lado, agencias de inteligencia estadounidenses sospechan que empresas chinas siguen exportando material de doble uso e incluso tecnología militar a Teherán.

En paralelo, Estados Unidos busca estabilizar la situación en la región en medio del impacto del conflicto sobre los precios energéticos y el comercio global, lo que introduce presión en la negociación bilateral.

Cómo se sostiene ese poder

El despliegue de reservas, capacidad de refinación y almacenamiento muestra el peso del factor logístico en la actual crisis energética

Al reabrir su grifo exportador, Pekín manda un mensaje claro al mundo: China mantiene capacidad de sostener envíos mientras otros países enfrentan restricciones.

La postura de Donald Trump

Estados Unidos es ahora un exportador neto, lo que le da una ventaja estructural, pero sufre por la "inflación política" interna.

Con la gasolina por encima de 5 dólares por galón en California, Trump necesita reabrir el Estrecho de Ormuz para evitar un castigo electoral en las próximas elecciones de medio término.

Pero existen límites militares, ya que pesar de la "Operación Epic Fury", la Marina de EE. UU. no ha podido detener el sembrado de minas inteligentes iraníes. Trump necesita un acuerdo político porque la solución militar está estancada en una guerra de desgaste.

El factor energético, en el centro de la relación

La cumbre dejó señales de cooperación en un contexto de tensión, pero sin definiciones concretas sobre el conflicto en Medio Oriente.

En ese escenario, el factor energético continúa siendo un eje central en la relación entre Estados Unidos y China.

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