Con las garras y los colmillos afilados: el Núñez Feijóo que menos esperaba la izquierda
A días de las elecciones clave en Aragón, el líder del Partido Popular fue al Congreso a responder por la Dana. Y sorprendió a los aliados ultras de Pedro Sánchez con un discurso enérgico que los dejó knock out.
4 de febrero 2026 - 11:31hs
Alberto Núñez Feijóo, al estilo Tony Manero en las redes sociales del Partido Popular.
Hay momentos en la historia que convierten al personaje anodino en héroe.
El hombre era y fue siempre el mismo, pero los acontecimientos le llevan a mostrar, en función de la situación, diferentes rostros o versiones de su ser.
Esto es lo que ha sucedido con el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en la comisión del Congreso sobre la Dana, la tragedia del 29 de octubre de 2024 que desbordó las aguas y el barranco del Pollo de Valencia, y que dejó un saldo de 230 muertos, daños materiales incalculables y un dolor infinito.
Núñez Feijóo debe estar cansado de oír cómo le llamaban insulso, que le falta sangre en las venas, que no tiene garra, que está a la sombra de Isabel Díaz Ayuso, que, en definitiva, no tiene ni sabe ejercer un liderazgo que convenza a los españoles.
El dirigente gallego encaja estas observaciones y críticas con parsimonia, con el temple que le da su naturaleza, 30 años de ejercicio de la política y 64 de vida.
Cada vez que el líder del PP enseña las garras se produce un terremoto en España.
La oposición a Pedro Sánchez que no es VOX parece resurgir de unas cenizas inexistentes (los sondeos le siguen dando como lo que fue en las últimas elecciones, un púgil ganador).
Sucedió en el debate/careo que tuvo con el presidente del gobierno en la última campaña y ha vuelto a suceder con su comparecencia en la Comisión del Congreso donde fue citado por una tragedia con la que no tuvo nada que ver. Y nada, es nada.
Como él mismo advirtió en la Cámara, no tenía ni tiene competencias ni atribuciones para gestionar aquella hecatombe, porque el diputado de esta derecha moderna y liberal es, sencillamente, eso, un diputado al frente del principal partido de la oposición. Dicho de otro modo, no tiene cargo en ninguna Administración.
Otra situación/competencias, como advirtió y reprochó en su intervención, es la que tiene el presidente del Gobierno al que esa misma Comisión ni siquiera ha convocado y, como recordaría Felipe González hace un año, debería haber declarado el estado de emergencia y haber puesto a disposición de todos los afectados los recursos del Estado.
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A Núñez Feijóo le aguardaban los diputados socialistas, nacionalistas, republicanos, independentistas, pseudoetarras y de ultraizquierda, con el cuchillo de la palabra entre los labios.
Esperaban la versión del hombre domado, vencido por la adversidad, sin fuerzas para alzar la mano, quitar la palabra cuando le insultaban e incapaz de devolver los golpes de una jauría que se relamía con la pieza que esperaban que se presentara indefensa ante sus fauces.
Pero el varón que entró por la puerta del Congreso y se sentó en la silla de los acusados, pese a no ser el dimitido presidente de la comunidad de Valencia, Carlos Mazón, y sólo ser un testigo a más de 360 kilómetros de la catástrofe, demostró ser un auténtico animal político con armas suficientes para morder en la yugular sin mancharse el cuello de la camisa.
Alberto Núñez Feijóo tuvo para todos los que intentaban hincarle el diente.
Demostró que sus colmillos estaban bien afilados sin necesidad de herramientas ni artificios. Le asistía la razón, la verdad y la historia de ayer y hoy.
A los que le señalaban les recordó su misericordia inexistente cuando los valencianos se ahogaban.
Al día siguiente del naufragio de una región, ellos, los que estaban allí, -salvo excepción- aprovecharon la ocasión para votar un nuevo estatuto para RTVE y pervertir el ente de radiotelevisión española hasta extremos nunca vistos.
Marta Trenzano, la diputada del PSOE que no faltó a votar para facilitar el asalto del Gobierno a la televisión intento convertirse en el azote de Núñez Feijóo. Y el tiro le salió por la culata cuando le recordaron lo que quería olvidar y ella sola se retrató.
"Desgraciadamente, desgraciadamente, el día 30 por las víctimas ya no se podía hacer nada" (sic).
Oskar Matute, probablemente el diputado de Bildu más inteligente de toda la banda, le acosó a Núñez Feijóo exigiéndole información de la tragedia que no podía estar a su alcance.
Él le respondió con otra pregunta: si tenía información sobre los más de 300 asesinatos sin esclarecer cometidos por ETA, datos que Matute y su jefe, Arnaldo Otegui, (condenado por pertenencia a organización terrorista que tomaba el sol en la playa mientras ETA ejecutaba al concejal Miguel Angel Blanco) sí conocen.
A más, a más, en expresión de los catalanes, el líder del Partido Popular le dio con la palma de la verdad abierta a Gabriel Rufián (Esquerra Republicana).
Le reprochó su complicidad con la corrupción del gobierno de Pedro Sánchez, le adivinó lo qué haría si él hubiera sido presidente tras el choque de trenes de Adamuz (Andalucía, con 46 muertos) y el caos ferroviario que ha colocado a España en las portadas de la prensa internacional.
"Si yo tuviese responsabilidades de gobierno me hubiese llamado asesino, hubiese traído un trozo de carril y lo hubiese puesto en su escaño", le dijo tras acusarle de ser “palmero de Sánchez”. Los colores en los cachetes de Rufián le subieron a las mejillas.
El separatista y el resto del oficialismo se removían en los asientos y rogaban para que sonara la campana. Asalto tras asalto, el combate de todos contra Núñez Feijóo lo perdían por puntos y por knock out.
Los que sostienen un Gobierno donde no dimiten ni con los muertos en las vías -por falta de mantenimiento, según todos los expertos- intentaban salvar la ropa y alzar la voz con acusaciones de falta de respeto a la democracia.
Hasta para eso, el nuevo -aunque es el de siempre- Núñez Feijóo tenía respuesta: "Fíjese si respeto la democracia que soy el líder de la oposición después de haber ganado las elecciones".
Y de nuevo contra atacó contra los que sobreviven chupando de la debilidad de Pedro Sánchez.
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El espectáculo de la Comisión tuvo de todo.
Aquello fue un circo de tantas pistas como socios sostienen este gobierno de España.
Por haber, hubo hasta una presidenta socialista con autoridad para mandar callar y exigir respuestas.
Insólito el rigor, Núñez Feijóo se permitió la humorada de expresarle el deseo de que ocupara la butaca de Francine Armengol, la titular del Congreso que arbitra al dictado y según los gestos e indicaciones de Pedro Sánchez.
Pletórico el Partido Popular, tocados y hundidos los retazos mojados del Frankenstein que sostiene el gobierno de Pedro Sánchez, las cuentas de las redes del PP lanzaron sus post y memes.
La versión de un Alberto Núñez Feijóo modelo Toni Manero en la pista de baile sin despeinarse.
Mientras, el ministro Oscar Puente ofrecía la última exclusiva donde explicaba las causas del caos ferroviario: el cambio climático (sic).