Como era de esperar, la pelea corrió como un reguero de pólvora en las mismísimas redes sociales, escenario en el que se encontraron los archienemigos Pedro Sánchez y Elon Musk con descalificaciones, sarcasmos y una escalada entre el presidente del gobierno de España frente al hombre más rico del planeta, dueño de X, la plataforma que se convierte en ring de todas las batallas políticas globales.
Tras el anuncio de Pedro Sánchez de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años y de castigar a los "discursos de odio", una medida que podría vulnerar la libertad de expresión, el magnate sudafricano le lanzó el ataque más duro hasta ahora.
"El sucio Sánchez es un tirano y traidor al pueblo de España", lanzó Elon Musk a través de la red social de su propiedad.
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No era una crítica técnica ni un debate ideológico.
Era una descalificación directa, personal y global, publicada en X, la red que Musk controla y justamente que Sánchez pretende regular.
Prohibición de acceso a menores y los "delitos de odio"
Complicado por una agenda política adversa y a pocos días de las elecciones autonómicas de Aragón, donde el oficialismo podría sufrir una dura derrota, el presidente español anunció el martes una batería de medidas que apuntan a prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, obligar a las plataformas a verificar la edad, "perseguir el odio" y hacer responsables a los directivos de las empresas.
"Nuestros niños están expuestos a un espacio en el que nunca deberían navegar solos, un espacio de adicción, abusos, violencia, pornografía, manipulación. No vamos a tolerarlo más, vamos a protegerles contra este salvaje oeste digital", afirmó Sánchez en su anuncio, desatando una polémica que abarca a España, pero que se extiende a todo el planeta.
El plan, que lleva tiempo esperando a ser tratado, incluye la creación de un polémico sistema de "rastreo cuantificación y trazabilidad" para dejar una "huella de odio y polarización", base de futuras sanciones.
Difundir odio, advirtió, debe tener un coste legal, económico y ético que las plataformas "ya no se podrán permitir ignorar", explicó Sánchez el martes, al frente de un gobierno preocupado por su caída en las encuestas y por las críticas que recibe justamente en las redes sociales que quiere sancionar.
Enemigos íntimos
La pelea no nació con este tema. Desde hace semanas, Musk y Sánchez se tiran dardos en X.
Todo comenzó con la decisión del gobierno español de regularizar a 500.000 inmigrantes en situación irregular, una medida que Musk cuestionó con un simple "Wow", reposteando una información crítica que sugería que Pedro Sánchez buscaba asegurarse votos con nuevos inmigrantes en España.
La respuesta del presidente fue tan irónica como calculada: "Marte puede esperar. La humanidad no”.
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Musk ignoró el comentario. Pero Sánchez no olvidó.
Desde Dubái, volvió a mencionarlo, recordó que Musk nació en Sudáfrica, lo llamó "inmigrante" y lo acusó de "utilizar su cuenta personal para amplificar la desinformación sobre la decisión soberana de mi Gobierno".
Elon Musk entra al cuerpo a cuerpo
El anuncio de la prohibición a los menores y la persecución de plataformas como Grok, TikTok o Instagram terminó de encender al propietario de Tesla y SpaceX.
Pedro Sánchez incluso señaló que la inteligencia artificial de Musk genera "contenido sexual ilegal" y anunció que, junto a la Fiscalía, se investigarán posibles infracciones legales.
La respuesta de Musk fue inmediata y sin filtros.
No era la primera vez que atacaba a líderes europeos —lo ha hecho con Keir Starmer o Olaf Scholz—, pero con Sánchez el nivel de confrontación llegó a niveles inéditos, incluyendo emojis de heces.
Una pelea perfecta
Nada es casual. Pedro Sánchez no solo habla de menores y redes sociales.
Intenta aprovechar el momento de polarización global en un momento de conflictos internos en España que van desde la tragedia ferroviaria que, con 46 muertos que al antes ponderado servicio de Alta Velocidad, la multiplicación de los casos de corrupción, la pérdida de apoyo político en el Congreso y entre la ciudadanía, los problemas económicos y la crisis migratoria, entre otros.
El presidente español encontró en Musk un antagonista perfecto: poderoso, polémico y extranjero.
La estrategia es clara: convertir el choque en una pulseada entre democracia y tecnocasta, entre soberanía nacional y coerción extranjera.
Sánchez ya había llamado hace un año a "rebelarse" contra quienes "lo hacen todo por la pasta". Hoy pasa de las palabras a las leyes.
De lo virtual a lo real
No es una jugada improvisada. Otros líderes han utilizado con éxito la defensa de la soberanía frente a ataques externos.
Pedro Sánchez busca imitar esa fórmula frente a uno de los personajes más influyentes y controvertidos del planeta. Lo mismo viene intentando al confrontar algunas medidas de Donald Trump.
Más allá de esta oportuna pelea, la realidad de la prohibición del acceso a redes sociales a los menores, la verificación de edad y la persecución del odio enfrenta el verdadero desafío y las dudas sobre cómo va a implementarse y pasar, de un escándalo en redes sociales, a herramientas reales que cambien la realidad de los adolescentes expuestos a estos contenidos y sus riesgos.
Y, sobre todo, a cómo instrumentará el castigo a los discursos de odio sin vulnerar la libertad de expresión cuando se vuelve negativa para sus intereses políticos.