El euro venía planchado este año. Pero en agosto dio señales de vida.

La moneda del bloque muestra una mínima baja en torno a 0,50% en lo que va del 2026. Pero desde el 27 de julio, cuando sondeaba los mínimos del año en 1,137 por dólar, empezó a repuntar.

Y se reactivó. Desde ese piso, recuperó de 1,85% hasta 1,1587. En eso estaba el euro, lejos todavía de fantasear con las alturas de 1,20 de fines de enero.

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Pero entonces, Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, cambió el juego.

El euro repuntó 0,86% hasta 1,1683 desde el último miércoles. Aunque coqueteó con 1,71. Quién dice se anima a ir por más.

¿Qué hizo Scott Bessent?

Decidió que no iba a quedarse sentado viendo cómo los bonos se hundían y las tasas seguían disparándose. Y anunció una mega-intervención para recomprar deuda en el mercado y contener la escalada de los rendimientos.

La historia, en versión abreviada: Estados Unidos tiene u$s 40 billones de deuda, el 124% del PBI, con una carga de intereses que sigue aumentando.

Eso lee el mercado, cada vez más preocupado por una inflación persistente creada por la guerra que inició Washington en Irán. Por eso, vende los bonos o pide una tasa más alta porque los considera más riesgosos.

El euro, agradecido. No es el único activo que debería beneficiarse de esta movida. El oro, sin ir más lejos, ya está sacando más provecho. Es el dólar el que pierde frente a todos los demás. Porque los inversores ven una maniobra poco creíble y desesperada donde debería haber un esfuerzo de ajuste fiscal.

Ahora todo el mercado está en pausa. Como rumiando qué se viene, cómo posicionarse.

Pero si el euro se anima a ensayar los 1,175, el siguiente nivel crítico, la “resistencia” del análisis técnico, superada esa barrera podría seguir la trayectoria alcista.

Cómo afecta al euro la pulseada de Bessent con el mercado

Bessent es un viejo tiburón del mercado. Es famoso por su trabajo para George Soros y el rol que jugó en apuestas exitosas de alto riesgo sobre la libra esterlina y el yen japonés. Algunos vieron en la jugada osada del miércoles los rastros de esa trayectoria.

Fue todo bastante dramático. Apenas dos semanas después de comunicar el cronograma para este trimestre de recompras de bonos en el mercado -una operación habitual-, Bessent anunció el miércoles que lo aumentaría al menos al doble.

Y de hecho, cuando vio que el efecto del anuncio de su mega-intervención se evaporó después de un día, mostró que no estaba dispuesto a perder la pulseada y salió a decir que la operación, que comienza en septiembre, en realidad podría superar los u$s 4.000 millones previstos.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos.

Veamos el contexto. Los rendimientos del bono a 30 años se habían disparado hasta 5,28%, su nivel más alto en dos décadas. Las tasas trepan porque los precios caen y esto responde a una salida masiva de inversores que ya no quieren tener esos bonos.

El problema es que esos rendimientos sirven de guía para la economía en general y encarecen el costo de los préstamos, un freno para el crecimiento económico y una fuente de malestar en un momento en que el presidente Donald Trump y sus compañeros republicanos enfrentan las elecciones de mitad de mandato en noviembre.

Trump necesita una victoria y si es necesario, la conseguirá manteniendo artificialmente controladas las tasas de los bonos del Tesoro a largo plazo. O al menos lo intentará.

El nuevo plan llevó al dólar estadounidense a su nivel más bajo en tres meses.

Esto es según el índice de Bloomberg que lo mide contra las diez mayores monedas del mundo. El dólar es el daño colateral de toda esta apuesta. Es la válvula de escape.

Los banqueros centrales también tienen algo que decir

Pero el despertar del euro arrancó antes y también tuvo que ver con la marcha la economía doméstica de los estadounidenses.

En agosto resultó clave el reporte de empleo, que fue considerablemente peor de lo esperado y pinchó buena parte de las apuestas a un endurecimiento monetario en septiembre. A su vez, la inflación dio señales de estar cediendo.

Así se diluyeron las expectativas de que el flamante jefe de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Kevin Warsh, subiera las tasas, una tendencia que no cambió con la difusión de las minutas de la última reunión en la que varios miembros del organismo se pronunciaron a favor de incrementar las tasas.

Hoy, de acuerdo al mercado, hay un 67% de probabilidades de que la Fed mantenga las tasas sin cambios en 3,50%-3,75%. Y la expectativa de una suba del costo de dinero se aplazó hasta enero, con algunos analistas deslizando que, en verdad, es más probable un recorte.

Si bien el diferencial de tasas es sólo una variable en la evolución de las monedas, esta Fed menos “bullish” (propensa a subir tasas) le dió un empujón al euro. Tasas más altas aumentan el atractivo de una moneda, ya que los activos denominados en esa moneda pasan a rendir más.

En paralelo, el mercado descuenta que el Banco Central Europeo (BCE) volverá a subir las tasas en septiembre hasta el 2,50%, después de que su jefa, Christine Lagarde, debió elevarlas al 2,25% y abandonar la meta del 2% que había costado tanto alcanzar.

La inflación en la zona euro subió hasta el 2,9% interanual en julio (2,8% en junio) por el encarecimiento de la energía, mientras que la subyacente, que descuenta energía y alimentos, también aumentó hasta el 2,5% (2,4% en junio).

El economista jefe del BCE, el irlandés Philip Lane, aseguró que la inflación se situará cerca del 3% el resto del año. Y que más allá del shock energético, el fenómeno meteorológico de El Niño encarecerá los alimentos.

La economía de la zona euro está demostrando ser más resiliente de lo que se esperaba pero Lagarde está muy atenta a los llamados “efectos de segunda ronda” del shock energético. Es la expresión que se utiliza para referirse al riesgo de que los aumentos se transfieran en especial a los salarios y produzcan una reacción en cadena afectando las expectativas futuras de inflación.

La trayectoria del euro se ve limitada por la alta dependencia de Europa en términos energéticos en estos momentos de alteraciones en la cadena de suministro, un panorama que se ve agravado en la medida en que sus inventarios de gas están en mínimos desde 2011.

Estas cuestiones también pueden poner un techo al euro más allá de los nuevos bríos del último tiempo.

Queda por verse cómo funciona la estrategia electoral de Bessent y si terminan favoreciendo de una forma significativa al euro (las apuestas a una apreciación en el mercado de opciones están en un máximo desde febrero).

Y por otro lado, estamos en la víspera de la gran cumbre de banqueros centrales de Jackson Hole a fin de mes (arranca el 27 agosto). Nunca hay que subestimar el poder de las declaraciones.

Cualquier comentario de Warsh desde el paraje montañoso de Wyoming -incluso una interpretación entrelíneas del mercado- puede ser lo que le ponga un techo al euro en los próximos día o lo termine llevando al siguiente nivel.

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