El fantasma de Ucrania 2022: el derrumbe del gas trae alivio a Europa pero aún se teme un brote inflacionario
El desplome de casi 20% del martes ayudó a descomprimir pero nadie se confía. El mercado ya calcula cuánto habrá que subir las tasas ante un shock de precios. Pero a diferencia de la economía expansiva post Covid del 2022, hoy hay riesgo de recesión.
La caída del precio del gas del martes hizo que un gran suspiro de alivio recorriera toda Europa. El costo había llegado a más que duplicarse en los diez días que lleva la guerra en Irán. Pero todavía es un 50% más alto que antes del conflicto. El temor a un nuevo shock inflacionario está a flor de piel.
Todavía está muy fresco el recuerdo de la espiral inflacionaria que desencadenó aquel febrero de 2022.
Y por supuesto, de la interminable escalada de las tasas que buscó hacer frente al shock de precios que supuso la disrupción en el suministro de gas ruso tras la invasión de Ucrania.
En octubre de 2022, la zona euro tenía una inflación del 10,6%.
Hoy Europa ya no depende como entonces del gas que llegaba por tuberías desde las tierras de Vladimir Putin. Pero la guerra en Irán vuelve a dejarla al borde de la cornisa energética.
Por un lado, está el problema del suministro.
El mayor exportador de Gas Natural Licuado (GNL) del mundo, Qatar, suspendió sus operaciones. Después de la invasión a Ucrania, las compras de GNL pasaron del 20% al 45%.
Pero además Europa sale de un invierno impiadoso con los tanques casi vacíos. Están al 30%, el nivel más bajo en cinco años. Esto es, casi sin reservas. Lo que significa que tendrá que salir a comprar agresivamente.
Según Reuters, para fines de marzo estará en 22-27%. No será fácil volver al 83% alcanzado el año anterior. Además, no toda la importación se almacena: gran parte se destina al consumo diario.
Y por otro lado, está el problema de los precios, que amenazaba con despertar a la bestia dormida.
gas nueva
Con la inflación finalmente controlada, es lo que más preocupa en Bruselas.
En los picos del precio del gas, los inversores llegaron a descontar en el mercado de futuros que el Banco Central Europeo (BCE) debería subir la tasa de referencia no una sino dos veces este año (por un total de 50 puntos básicos).
Pensar que Christine Lagarde, su jefa, decía hace un mes que en materia de inflación Europa estaba “en un buen lugar”.
El espectacular derrumbe de los precios del martes (casi 20%) generó un alivio inesperado. Pero también la sospecha de que podía ser sólo temporario.
El gas abre el debate sobre la necesidad de subir las tasas
El primer día de la guerra en Irán en que operaron los mercados, un lunes, los precios del gas en Europa treparon 50%, muy por encima de la suba del petróleo. Desde entonces, casi no dieron tregua.
El segundo lunes del conflicto fue otro día de furia. El costo llegó a dispararse un 30% y tocó los 69,5 euros. Finalmente, cedió y terminó en 56,45 euros (+19%). Antes de la guerra, el precio era de 32 euros. Esto supone una suba del 117% respecto del máximo intradiario del lunes y del 76% en relación al cierre.
Sólo habían transcurrido seis ruedas.
El gas valía 32 euros el viernes antes del inicio del conflicto. Este lunes tocó durante la sesión un máximo de 69,5 euros, con lo que llegó a acumular un alza del 117%, si bien después cedió. El martes comentarios de Trump provocaron un derrumbe de 19%, que lo llevaron hasta 47,5%, recortando el aumento al 50%. Habrá que ver cuánto dura.
Pero el lunes también fue un día de una volatilidad asombrosa que hizo que los precios se desplomaran en minutos. Fue obra de Trump. Bastó que el presidente de EE.UU. dijera que la guerra iba a terminar muy pronto para que los mercados se vinieran abajo. El martes el gas cayó 19% hasta 47,5 euros, recortando el alza acumulada a 50%.
Sin embargo, no sólo continúa siendo una suba preocupante en apenas ocho ruedas. El punto central es que queda por ver cuánto dura el respiro.
De todos modos, para poner perspectiva en la actual escalada, los precios aún están muy lejos de su máximo histórico de 345 euros de marzo de 2022. Durante la invasión a Ucrania el costo del gas se disparó 1.500% respecto de los niveles promedio que se venían registrando.
más de la mitad
Así y todo, el mercado está preocupado. Ya se anticipa que los precios de la energía obligarán a Lagarde a iniciar nuevamente un ciclo de ajuste monetario.
Es también lo que reflejan los bonos de referencia europeos, los Bund alemanes. Los títulos más cortos, a dos años, los más sensibles a la política monetaria, vieron subir su rendimiento en estos días hasta llegar a 2,31%. El martes, no obstante, también se relajaron aunque mínimamente (2,24%).
Pero los especialistas advierten que este shock en los precios del gas y del petróleo se da en un contexto diferente al de 2022, cuando el crecimiento económico se veía impulsado por la salida del Covid y la reapertura de la economía.
Hoy Europa se asoma a una posible estanflación si la guerra se prolonga. Esto limita la capacidad de maniobra del banco central, que quizás se incline más bien por una “pausa extendida”.
El BCE se reunirá la semana que viene pero no se espera que haya ningún movimiento. Hoy la tasa se encuentra finalmente en el objetivo de la entidad del 2%.
Europa termina el invierno con los tanques casi vacíos
La Unión Europea (UE) diversificó su cartera y su principal importación es Gas Natural Licuado (GNL). El 60% lo compra a EE.UU., una dependencia bastante peligrosa dado lo volátil de la relación con Donald Trump.
Aún compra casi un 20% de GNL a Rusia. Pero la UE ya se comprometió a cancelar toda compra de GNL y cualquier importación remanente de gas para 2027.
Desde la invasión a Ucrania, Europa ya no depende del gas ruso que llegaba por tubería. El 45% es GNL y el 60% lo compra a EE.UU. Todavía importa casi 20% de GNL de Rusia pero dejará de hacerlo para 2027. El impacto de la parálisis de Qatar es indirecto. Los países asiáticos que se quedaron sin suministro saldrán a competir por nuevos proveedores.
Resulta irónico que ahora, en pleno conflicto con Irán, Trump, quien hasta hace poco condenaba a la UE por financiar indirectamente la guerra a Ucrania con esas compras, esté negociando el levantamiento de las sanciones petroleras a Rusia. Pragmatismo puro ante la necesidad.
¿Qué tiene que ver Qatar? El suministro se ve amenazado en la medida en que Qatar, el mayor productor de GNL del mundo, se vio obligado a paralizar su mayor planta exportadora por el cierre completo del estrecho de Ormuz, la vía marítima que utiliza la región para el comercio.
Aunque Qatar era proveedor de países asiáticos en su gran mayoría, Europa tendrá que competir ahora en un mercado de GNL que se contrajo drásticamente, presionando los precios.
reservas gas
El problema del suministro se relaciona con las reservas. A más reservas, menos necesidad de importación. Es un colchón de emergencia para tiempos como estos.
En Europa, hay situaciones muy disímiles. España posee las mayores reservas en este momento, con un 56,87% de su capacidad total, 25 puntos porcentuales por encima del promedio comunitario.
Sólo Portugal la supera con un 76,7%. Italia ronda el 49%, mientras que Alemania y Francia apenas superan el 21%. Países Bajos es el que está peor parado con 12%.
Esta disparidad se debe a modelos energéticos distintos. Mientras el centro y norte de Europa dependen en mayor medida del almacenamiento subterráneo, España combina inventarios con una enorme capacidad de regasificación, apoyada en siete plantas.