Hay “otro Ormuz” que pocos están mirando. Es el Mar Negro.

Una vía fundamental para el transporte marítimo de productos agrícolas que conecta Europa y Asia. De hecho, más del 25% del comercio global de trigo depende del Mar Negro, una proporción similar a la del comercio marítimo de petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico.

Pero también circulan grandes cantidades de cebada, maíz y aceite de girasol. Sin embargo, al igual que ocurre en Medio Oriente con el bloqueo de Irán, ese flujo está interrumpido desde julio, cuando Rusia y Ucrania intensificaron sus ataques contra los puertos del otro, bombardeando terminales de granos, silos y buques.

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El punto es que la escalada en el Mar Negro es una amenaza para la inflación global al igual que las restricciones en el suministro de petróleo y su impacto en el costo de los combustibles.

Los precios del trigo, sin ir más lejos, treparon hasta máximos de tres años y medio como consecuencia de esta crisis, con pocas señales de que se repita el acuerdo que Turquía negoció en 2022 -tras la invasión rusa- para crear un corredor marítimo para los cereales ucranianos bloqueados.

En la Bolsa de Chicago (CBOT), los contratos de futuros de referencia (diciembre 2026) cotizan actualmente en torno a los u$s 260 por tonelada. Desde los mínimos de junio, se dispararon 40%.

Barco hundido: bloquear al enemigo

Rusia es el mayor exportador mundial de trigo y suministra aproximadamente una de cada seis toneladas que se comercializan a nivel mundial.

Desde que recrudeció el conflicto, Rusia atacó casi a diario los puertos ucranianos del Mar Negro para luego concentrar sus fuerzas en el río Danubio, que se había convertido en un centro alternativo de exportación para Ucrania.

Como resultado, las exportaciones de cereales de Ucrania cayeron en agosto a una quinta parte de su volumen potencial y los envíos agrícolas de esta temporada podrían ser menos de la mitad de lo que se había estimado, según dijo el Gobierno. Las ventas de granos generan más de la mitad de los ingresos por exportaciones del país, al borde de la quiebra.

La situación no es mejor en Rusia. Los ataques de Ucrania en el Mar Negro y el Mar de Azov paralizaron casi por completo una ruta que maneja más del 70% de las exportaciones.

Rusia recurrió a sus puertos bálticos pero su capacidad es limitada para las 60 millones de toneladas métricas de grano que el país es capaz de exportar en una temporada. Incluso está enviando sus granos utilizando transporte ferroviario, lo que resulta mucho más costoso que el marítimo.

Los precios de los productos alimenticios se mantienen cerca de sus niveles más altos desde 2023 pero muy por debajo todavía de los máximos alcanzados tras la invasión de Ucrania. En ese sentido, ayuda que las reservas de cereales aún sean abundantes gracias a las cosechas récord de años anteriores.

Proveedores se buscan: sin suministro

Egipto, el mayor comprador de trigo del mundo, lleva aproximadamente un mes sin recibir grano del Mar Negro.

Los países dependientes del suministro de ambos países se vieron obligados a buscar otros proveedores. Aunque hay un sobrecosto. Rumania, Bulgaria y Serbia son alternativas fuertes en la región del Mar Negro.

Algunos países están intentando abastecerse de cereales en Francia, que cargó el primer envío de trigo con destino a Sudán en 18 años. Libia utilizó el puerto de Rouen por primera vez en más de una década.

Turquía, los Emiratos Árabes Unidos y otros países han recurrido a los estados bálticos de Lituania, Letonia y Estonia. Los compradores también están explorando opciones menos convencionales para esta época del año, como Argentina y Australia, que aún no han recolectado la cosecha de este año.

Los suministros procedentes de otras regiones productoras de cereales también son limitados. Las sequías redujeron las cosechas de trigo y maíz en Estados Unidos y las olas de calor de este año perjudicaron los cultivos en Europa.

Esta interrupción agrava las presiones que se acumulan en el mercado global. Los agricultores ya enfrentan el aumento de los precios de los fertilizantes y el combustible debido al cierre del estrecho de Ormuz. Y un potente fenómeno de El Niño hacia adelante.

Las implicancias de esta crisis no pueden subestimarse. Cuando los incendios forestales y las sequías llevaron a Rusia a prohibir las exportaciones de trigo en 2010, se produjo un aumento drástico de los precios de los alimentos que contribuyó a la Primavera Árabe.

Hoy la dependencia del grano ruso -de bajo costo- en África y Oriente Medio es aún mayor que entonces. Y muchos de los principales países compradores recurren a subsidios para que el pan siga siendo accesible en medio de la escasez. Al menos mientras puedan.

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