Los analistas se propusieron estudiar la fluctuación de la atención. Y se ocuparon de medir los datos de trading minuto a minuto de 15 bolsas en todo el mundo durante el Mundial de Sudáfrica 2010. Esto es cantidad de operaciones y volumen negociado.
Lo que descubrieron, para decirlo sin vueltas, es que buena parte de los operadores del mercado y los inversores se desentienden de las finanzas para mirar los partidos. Y en mayor medida todavía si se trata de la propia selección.
Después de todo, también son hinchas.
Pero en una vuelta de tuerca todavía más interesante, hay una diferencia bastante marcada entre regiones, aunque el paper no arriesga qué explica esas divergencias.
En Argentina el volumen en la bolsa se desploma un 80% cuando la selección sale a defender la camiseta mientras que en España, por ejemplo, el nivel de actividad bursátil decrece sólo un 30,6%.
El "factor gol" y el "desacolple" del mercado global
Los hallazgos estadísticos muestran que en promedio, cuando juega el propio país, el número de transacciones en el mercado de acciones cae un 45%, lo que es realmente impresionante. En esa línea, el volumen de dinero que cambia de manos en la rueda se desploma un 55%.
El derrumbe de las operaciones y la liquidez es medido respecto al promedio de ambos indicadores durante el transcurso del Mundial pero en las ventanas de tiempo en las que no se transmiten partidos.
El nivel de excitación y expectativa propio del torneo hace además que el “efecto Mundial” preceda y se prolongue más allá del encuentro en sí mismo.
El nivel de actividad ya declina en forma significativa, asegura el banco, justo antes que empiece el partido y se mantiene planchado 45 minutos después de que terminó. Retomar cuesta. Y están los comentarios de los jugadores a la prensa…
Además, el “factor gol” intensifica el fenómeno. El número de negociaciones y el volumen cae un 5% adicional cuando se anota un gol. Y acá no importa si es de la propia selección o cualquier otra. Un gol no se lo quiere perder nadie.
La caída del volumen asociada a un partido del Mundial se estira 45 minutos más allá de que termine el encuentro. No es tan fácil volver al trabajo. Y cuando se anota un gol, ya sea de otra selección o la propia, el nivel de actividad suma un descenso adicional del 5%. Nadie quiere perderse la "magia" de algunos jugadores. Y evidentemente muchos se acercan a la pantalla. La caída del volumen asociada a un partido del Mundial se estira 45 minutos más allá de que termine el encuentro. No es tan fácil volver al trabajo. Y cuando se anota un gol, ya sea de otra selección o la propia, el nivel de actividad suma un descenso adicional del 5%. Nadie quiere perderse la "magia" de algunos jugadores. Y evidentemente muchos se acercan a la pantalla.
Por último, los investigadores encontraron que durante los partidos, los agentes de bolsa tienden a estar más enfocados en el mercado doméstico que en lo que ocurre en las plazas externas.
Existe un “desacople” del mercado global. De hecho, la correlación entre los rendimientos en el mercado local y el externo disminuye un 20% durante los partidos, afectando el proceso de formación de precios.
Sin embargo, los instintos del trader siguen ahí. El estudio aclara que esta desviación de la atención se constata sobre todo cuando los movimientos en los mercados del exterior son poco relevantes.
Si la guerra en Irán vuelve a dispararse el petróleo seguro se alejan del partido por más que les pese.
Si bien quedó probado que la locura por el Mundial recorre los mercados financieros, el nivel de fanatismo futbolero muestra una brecha nada despreciable entre regiones.
Las bolsas de América latina casi frenan para ver a la selección
En el BCE se tomaron el trabajo de medir cuánto cae el nivel de actividad (una medida de cuántos se van a ver el Mundial), cuando juegan otras selecciones y cuando juega la propia.
En muchos casos hay una distancia llamativa. Regiones o países en los que son algo tibios con los partidos en general pero muestran una reacción marcada cuando se trata de la camiseta nacional. Y casos en los que el entusiasmo es tal que casi no hay diferencia entre los dos escenarios.
A juzgar por los resultados, los latinoamericanos son, por lejos, los más dispuestos a dejar de operar y reunirse para ver los partidos.
Cada quien podrá especular sobre las razones. Si más pasión por la pelota, si un ambiente de trabajo más flexible y una cultura que no penaliza el comportamiento, etc.
Sea cual fuere el caso, cuando hay un partido del Mundial, en América latina el volumen en la bolsa cae 43% y cuando juega la propia selección un 77,4%.
De los países que mide el estudio:
- En Argentina, la reacción es casi pareja, con un mercado que se concentra en el Mundial durante los partidos. El volumen cae 68,6% cuando juegan otras selecciones y 79,7% cuando juega Messi.
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Brasil es un caso raro. Cuando hay partido, el mercado “se distrae” pero no demasiado. La bolsa ve caer el volumen 28,4%. Ahora ese porcentaje se dispara al 74,5% cuando es la selección nacional la que decide su suerte en el campeonato.
- Y finalmente la sorpresa: Chile. Un nivel de fanatismo que literalmente paraliza al mercado. Prácticamente juegue quien juegue. Si son otros seleccionados, la liquidez cae 79%, si es Chile, no queda nadie: 99,5%.
A América latina le siguen los africanos pero con una reserva. Sólo se movilizan cuando juega su país. Si es un encuentro cualquiera, el volumen apenas declina 14%. Ahora, si sale a la cancha la propia selección, la liquidez se reduce un 62,8%.
Terceros aparecen los norteamericanos. No deja de resultar algo raro, dada la pasión europea por el fútbol. Pero México es el que inclina la balanza.
En Norteamérica, el dinero negociado en la bolsa se encoge un 23,5% si hay un partido del Mundial y un 42,7% si juega la selección de alguno de los tres países.
De los países que mide el estudio:
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México muestra como era de esperarse un alto nivel de excitación por la Copa pero no tanto por los partidos en general (24,3%), aunque sí cuando están de por medio los colores nacionales. Ahí los negocios de la bolsa caen 63,3%.
- En Estados Unidos, la primera estadística es similar a la de México (23,5%) y aunque la segunda está por debajo, sorprende que supere con holgura la de muchos países europeos (42,7%).
Alemania y Portugal son las que más se dejan llevar por el Mundial
Finalmente, Europa queda última con una brecha curiosamente estrecha entre una y otra situación. Ante un partido cualquiera, el volumen se reduce 31,5% y ante uno en el que el orgullo nacional está en juego, 37,7%.
De los países que mide el estudio:
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Alemania se presenta como el país en el que los mercados más se tientan con el Mundial. Al menos así lo indica la merma del volumen en la bolsa, que es del 37% durante los partidos de la Copa y del 59,5% cuando juega la selección.
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Portugal no se queda atrás y de hecho, la bolsa está más atenta a los partidos en general, con una reducción de la actividad del 47,3% y del 57% cuando aparece su mega-estrella Ronaldo.
- Otra de las grandes sorpresas, quizás la más desconcertante de todas, es que países como Italia, España y Francia muestren una disminución de la actividad bursátil muy inferior a la de otros países europeos y muy por debajo a la de otras regiones.
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- Según los parámetros del estudio, esto está diciendo que inversores y “bolseros” siguen cargando órdenes de compra y venta de activos durante los partidos, pendientes de los precios y los eventos que los afectan. Así, el país menos interesado es Italia, donde el volumen cae 13,8% durante los partidos en general y 19,3% cuando juegan los italianos. En España, 28,8% y 30,6%, respectivamente (casi sin hacer diferencia). Y en Francia, se reduce 26,7% y 37,7%, en cada caso, revelando algo más de “distracción” .
Por supuesto que nadie celebra su asesor financiero esté reunido con sus colegas gritando un gol mientras su cartera pierde valor.
Pero la falta de volumen también indica que los propios inversores no cursan órdenes, es decir, que no están pensando en sus finanzas cuando los mejores jugadores de fútbol del planeta se reúnen cada cuatro años.
Como tantos estudios ligados al Mundial y apoyados en la psicología inversora, la idea es recordar que los mercados no son rígidamente racionales. A veces son erráticos, supersticiosos, exagerados. Profundamente emocionales. Y muy futboleros.