Estuvo al frente del Banco Central entre 2002 y 2005. La inflación promedio anual del 2002 fue del 14%. Para el 2005 había descendido al 4,7%. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Cómo se logró?
La respuesta es, en cierta forma, simple: control monetario. Eso fue posible, a su vez, por un marco institucional que le dio al BCU autonomía operativa para manejar la política monetaria. La Carta Orgánica de 1995 había limitado la capacidad del BCU para financiar al gobierno central.
En realidad, el brote inflacionario de 2002 estuvo concentrado entre el segundo y el tercer trimestre y fue la consecuencia de la devaluación de junio de ese año, provocada por la crisis de balance de pagos por la que atravesó Uruguay. Resuelta esa crisis por el saneamiento del sistema financiero, que permitió cortar con la corrida bancaria, y por el canje de deuda de 2003, que resolvió los problemas de financiamiento del sector público, se le allanó el camino al BCU para, mediante la política monetaria, disipar las presiones cambiarias. De hecho, la inflación bajó muy rápido en el cuarto trimestre de 2002, se estabilizó en 2003 y retomó otro fuerte impulso a la baja en 2004, para llegar a los guarismos que señala en 2005.
¿Qué rol tuvo la adopción de un régimen de inflation targeting en la estabilización de la inflación en niveles de un dígito?
- El régimen de inflation targeting permitió ese segundo descenso de la inflación entre 2004 y 2005. Mientras todavía existía incertidumbre sobre la salida de la crisis financiera y de endeudamiento público, el BCU, con su credibilidad muy castigada, se limitó en 2003 a cumplir en forma estricta una meta de crecimiento monetario, que básicamente permitió estabilizar la inflación en torno al 11%.
Con los problemas financieros y fiscales resueltos, el BCU adquirió un mayor margen de maniobra como para arriesgarse en 2004 al cumplimiento de un objetivo más ambicioso en materia de inflación.
Esa experiencia uruguaya muestra la importancia que tiene la autonomía operativa de un banco central para comprometerse a un régimen de metas de inflación y que esto no sea más que una expresión de deseo.
La inflación acaba de volver a estar dentro de la meta. ¿Es demasiado pronto para haber bajado las tasas?
No sólo importa el nivel, sino la dirección y velocidad. Si el BCU percibe que la caída de la inflación es muy rápida y acentuada, posiblemente perciba que hay otros factores coadyuvantes en la baja de la inflación y que, entonces, amerite cierto relajamiento de la política monetaria.
Pero esta sintonía fina tiene mucho de "arte". Un banco central debe estar siempre atento a estos movimientos en los mercados y reaccionar de inmediato.
Lo importante, antes de dar un paso hacia una política monetaria más expansiva, es estar convencido de que se le ha quebrado la espina dorsal a la inflación. En un país como Uruguay, eso ocurre cuando esa percepción también se traslada al mercado laboral.
¿Por qué Uruguay pudo evitar hiperinflaciones como las de la Argentina?
La diferencia es, esencialmente, institucional. Antes de que se aprobara la Carta Orgánica de 1995, las crisis cambiarias terminaban, invariablemente, en largos períodos de aumento de la inflación. En alguno de ellos se llegó, incluso, a los tres dígitos. Eso no volvió a ocurrir desde que, en 1995, se limitó la capacidad del BCU de financiar al gobierno con expansión monetaria.
Argentina construyó un buen diseño institucional de autonomía banco centralista en 1991, pero lo prendió fuego en 2001. Las diferencias en los comportamientos de la inflación son, quizás, una de las manifestaciones de la mayor adhesión que se tiene en Uruguay a preservar marcos institucionales previos en tiempos de crisis y, en todo caso, cambiarlos gradualmente.