Y una vez más, todos hablamos del petróleo.
A ocho meses de la guerra que duraría pocas semanas, el recrudecimiento de la tensión en Medio Oriente hizo que el precio del crudo volviera a dar un salto.
El petróleo se acercó al máximo de u$s 126 en esta guerra que cumple ocho meses. Pero el escenario cambió. Arabia Saudita está cercada por los hutíes. Y EEUU e Israel planean el "día después" electoral. El efecto inflacionario está paradójicamente contenido por las tasas disparadas de una Europa enfurecida.
A ocho meses de la guerra que duraría pocas semanas, el recrudecimiento de la tensión en Medio Oriente hizo que el precio del crudo volviera a dar un salto.
El Brent, la referencia mundial, quedó al filo de los u$s 117 el barril el viernes, con un alza de más del 6% en la semana, hasta un máximo en seis meses.
El mercado levantó la guardia.
Pero los volúmenes de crudo exportados por los países del Golfo volvieron a superar los niveles previos al conflicto. Salvo Irán desde ya, las exportaciones de Oriente Medio se recuperaron en buena medida gracias a rutas alternativas y ajustes logísticos.
Es la primera diferencia fundamental con lo que ocurría en otros momentos. No estamos hablando de una crisis de suministro. Es lo que los analistas denominan un incremento de la “prima de riesgo geopolítico”.
Y esto no es otra cosa que la percepción de que existe una alta probabilidad de nuevos ataques que dañen infraestructuras críticas de producción, procesamiento o exportación, lo que provocaría interrupciones difíciles de resolver.
Y esa incertidumbre se incorpora al precio.
En este momento, está relacionada con dos factores: la presencia de la milicia terrorista de los hutíes -respaldada por Irán- en Arabia Saudita y la proximidad de las elecciones en Israel y Estados Unidos, que desembocarían en una renovación de las agresiones.
Finalmente, el ya constatado impacto inflacionario de la suba del petróleo y sus derivados se da hoy en un entorno diferente, mucho más delicado en Europa.
La crisis de deuda que en el comienzo de la guerra recién se estaba gestando ahora se agudizó y amenaza con un efecto dominó más allá de su epicentro francés.
En u$s 117 por barril, el Brent se acerca a su máximo durante la guerra de u$s 126 en abril. Aunque la volatilidad en estos ocho meses fue extrema: en julio llegó a hundirse hasta los u$s 67.
En estos niveles sube algo más de 85% en el año. Pero los precios de los productos refinados subieron aún más rápido, sobre todo el diésel.
La guerra entre Ucrania y Rusia también se solapa y potencia la prima de riesgo geopolítico. Los bombardeos ucranianos están dañando severamente la capacidad de refinamiento ruso, principal exportador de diésel a nivel global después de Estados Unidos.
El encarecimiento de los combustibles está alimentando la inflación a nivel global. Europa es especialmente sensible al precio del gas natural, ya que todavía es muy dependiente de su consumo, y ya más que triplicó su valor en 2026.
En el acumulado del año, el precio del gas natural en Europa se dispara más de un 220%, mientras que desde el estallido del conflicto en Oriente Medio su revalorización supera el 185%.
Este escenario obligó al banco central a subir la tasa de referencia dos veces este año pero algo pasó. La vulnerabilidad de las finanzas públicas francesas no era novedad para nadie pero a medida que el costo de vida subía y la cercanía electoral caldeaba los ánimos, todo se deterioró muy rápidamente.
La rentabilidad de los bonos franceses voló y arrastró en mayor o menor medida a la deuda europea. Esta suba generalizada de tasas, que se aceleró en este último mes, encarece el costo del dinero al igual que lo hace la política monetaria cuando incrementa la tasa para contener la inflación, aún a costa de enfriar un poco la economía.
Por eso la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, dejó claro que no tenía intención de intervenir en el mercado y que la crisis de deuda ayudaría a bajar la inflación.
Son dos fuerzas en pugna. Si el petróleo sigue su escalada, el shock energético se transmitirá a la inflación como una corriente de alto voltaje.
Pero si la crisis de deuda no amaina y los rendimientos siguen trepando y rebalsan los confines de Francia, las tasas se irán encargando de ese efecto inflacionario.
Claro, será porque la economía se frena, el crédito resulta caro y el consumo se retrae.
Es sólo un escenario. Nadie sabe cómo se comportarán esas dos fuerzas. Pero el crudo hoy se topa con este contrapeso. Quizás el mercado se ocupe del mercado. Y Lagarde se vaya a Davos.