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A fines de febrero, el ataque de EEUU e Israel a Irán provocó un shock en los precios del gas.

En los primeros dos días del conflicto, se disparó 68% en Europa. Hoy el encarecimiento desde el inicio de la guerra -que se acerca a los dos meses- está en torno al 35%.

Qatar, el principal exportador de Gas Natural Licuado (GNL), cerró su mayor planta. Sus principales compradores, los mercados asiáticos, hoy están compitiendo por los suministros que iban al bloque. Las ventas de GNL de EE.UU. a Asia se duplicaron en volumen en marzo, mientras que las exportaciones a Europa cayeron 11%.

En este contexto de tensión extrema, España está muy bien parada. Al menos si uno mira la foto general.

Porque existen vulnerabilidades. Nadie lo sabe mejor que los españoles después del "Gran Apagón".

Un episodio sin precedentes que el 28 de abril obligó a incrementar nuevamente la dependencia del gas para evitar que una red eléctrica colapsada dejara a todos a oscuras de nuevo.

Y ya sabemos que hoy el gas no es barato ni es fácil conseguirlo. Porque España necesita importarlo: debe comprar el 70%.

Más renovables, mejor parados que en 2022

El desarrollo de la infraestructura de energías limpias no sólo arrancó temprano en España sino que fue acelerado, lo que hoy permite absorber el costo mejor que durante la reciente crisis de la invasión rusa de Ucrania en 2022.

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España -junto con Portugal, con quien comparte un mercado eléctrico integrado (Mercado Eléctrico Ibérico)- registró un incremento del 21% en su capacidad instalada de energías renovables entre 2022 y 2025, según un estudio del Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA).

Ese desarrollo estuvo impulsado en especial por el crecimiento del 74% de la energía solar, que en 2025 ya aportó casi 20% a la generación de electricidad, igualando al aporte del gas.

En el mismo período, la sensibilidad del país a los shock en el precio del gas (oscilaciones bruscas) se redujo en un 53%.

En 2025, por cada euro que subió el precio del gas, la producción conjunta de electricidad con Portugal aumentó 0,089 euros por MWh, el segundo nivel más bajo en el bloque después de Suecia (que genera el 99% de su electricidad de fuentes limpias).

Hay que aclarar, de paso, que la magnitud del shock tampoco fue equiparable.

En los últimos diez años el precio medio del gas se había situado entre los 5 euros/MWh y los 35 euros/MWh. En agosto de 2022, los precios alcanzaron el máximo histórico de más de 300 euros/MWh. Hoy se ubican cerca de los 45 euros/MWh.

Como muestra el gráfico de Bloomberg, durante la crisis energética del 2022, la mayor suba semanal llegó a superar el 100% a principios de marzo de ese año (104%), mientras que en lo que va de la guerra de Irán, el récord fue hasta ahora de 67%, también a comienzos de marzo.

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De todos modos, la factura se encareció en España y la administración de Pedro Sánchez lanzó un plan anticrisis de 5.000 millones de euros. En lo que se refiere a la electricidad, se aplicaron rebajas fiscales del 60% que incluyen el IVA de la luz y el gas, entre otros.

Los impuestos tienen un peso del 37% en la factura de luz. Sólo el tabaco y el alcohol tienen una mayor carga fiscal.

Luego llegó la UE para coordinar multitud de medidas aisladas de los Estados miembros y propuso, entre muchas otras iniciativas, reducir los impuestos sobre la energía (electricidad y gas) y las tarifas de red.

La guerra convenció a Europa de acelerar al máximo la transición verde.

El gas, un seguro anti-papelón

¿Cómo es hoy el mix energético español? Las tecnologías renovables produjeron en marzo el 63,1% del total de la electricidad.

Si se suma la nuclear, que aún tiene un peso relevante (17,1%), el 80,2% procedió de tecnologías que no emiten CO2 equivalente, según datos de Red Eléctrica.

Las tres primeras tecnologías en el mix de generación eléctrica fueron renovables: la eólica, con el 22,4%; la hidráulica, con el 19,2%, y la solar fotovoltaica, que significa el 18,5%.

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España cerró 2025 con más de 80 GW renovables instalados, acercándose a los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que plantea alcanzar una participación del 74% para 2030.

Pero para cumplir la meta, habrá que sumar más de 50 GW en los próximos cuatro años.

En marzo, el gas para alimentar plantas de generación eléctrica creció un 46,8%. Este incremento se explica por el modo “sistema reforzado” en el que viene operando Red Eléctrica para evitar un nuevo apagón.

Las centrales de ciclo combinado de gas, que se utilizan para evitar problemas de estabilidad en el sistema eléctrico, hoy tienen una participación cercana al 17% pero era del 12% antes del episodio y llegó al 23% meses después de que ocurriera.

No sólo aumentó la dependencia del gas sino que el temor a sobrecargar la red volvió frecuente un fenómeno que en la industria se conoce como "curtailment" (energía limpia generada que se desecha) y que pasó del 2% al 7%.

A un año del apagón, la guerra de Irán llega en un momento en que España se apoya más en una opción que aporta tranquilidad pero que resulta hoy más cara que nunca.

Se duplican las compras a Putin

España sigue teniendo una dependencia energética exterior del orden del 68%.

En perspectiva, desde el 2019 a 2025, la importación disminuyó un 11%, muy por debajo de la reducción prevista del 27,7% en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) por el Gobierno.

Si vemos el desagregado en detalle, podemos notar cómo remontó con la invasión de Ucrania y se duplicó en 2025, camino a un nuevo máximo en 2026.

En 2020 los volúmenes anuales importados sumaban 57.117 GWh. En 2022, año del gran salto, casi se duplicaron hasta 128.841 GWh. Tras una pausa en 2024 (56.899 GWh), el año pasado cerró con 111.696 GWh.

Es cierto que España posee la mayor red de plantas regasificadoras de Europa, que actúan como infraestructura de almacenamiento de GNL y además permiten convertir en gas natural apto para la red. Esto implica que no todo el gas importado es para consumo local.

En cuanto al origen del gas que importa España, desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, las compras se duplicaron como parte de la negociación de aranceles con la UE.

La cuota de EE.UU. en las importaciones españolas pasó del 16,6% en 2024 al 30% en 2025, según datos de Enagás.

putin guiño

Más notable es cómo este año se vienen duplicando también las compras españolas de gas ruso más allá de todas las sanciones.

La cuota rusa cayó del 21,3% en 2024 al 11,4% el año pasado en la medida en que las restricciones de la UE fueron endureciéndose.

En el acumulado del año hasta marzo, Rusia cubrió el 18,1% de las importaciones de gas a España frente al 29,6% de Argelia y el 36,6% de EE.UU..

No es que una España visionaria se haya anticipado a la guerra.

Porque el movimiento comenzó en febrero y continuó en marzo. Los importadores tienen en mente el calendario de la UE que ya estipuló una prohibición total de la compra de gas a Rusia a partir de 2027. Y el Kremlin tiene precios más baratos.

Parece que el "impresentable" ex líder de húngaro Viktor Orbán no era el único afecto a comprarle a su amigo Vladimir Putin.

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